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#GTD4Students (VI): GTD y exámenes finales

Supongo que no seré la única que esté o vaya a estar de exámenes dentro de poco. Y como creo que hasta ahora no lo he hecho, he pensado que sería buena idea comentaros, aunque sea por encima, algunos trucos que utilizo yo cuando estoy de exámenes para mantenerme efectiva. Os cuento cómo compagino GTD y los exámenes finales.

  1.       No aclares cansado

No pasa nada por hacer escaneos de emergencia. En mi opinión, es mejor esperar a tener la cabeza despejada y aclarar bien que hacer una chapuza por tener la bandeja de entrada vacía lo antes posible. Si no aclaras bien, al final lo que acaba pasando es que las siguientes acciones no sirven para nada, no son tachables y dejas de revisar tus listas.

  1.       ¡Más es menos!

Esta suena rara, y yo tampoco me creería si me oyera, pero dadme un chance. Ya sabéis que media revisión semanal es mejor que ninguna revisión semanal. Si cuando revisas tus listas a la hora de ejecutar tratas de hacer una revisión más en detalle de tus listas de Waiting For, de tus proyectos o de tu calendario pasado y futuro, esa revisión semanal se puede estirar un poquito más y que la última aguante unos días más. No os digo que debáis hacerlo y que sea una buena práctica de GTD. Pero aprovechando que mi padre no me escucha, os la comento porque a mí me es de mucha utilidad, sobre todo cuando hay que activar el «GTD de guerra 😉».

  1.       Ejecuta bien

Esta me la habréis oído un montón y aunque hablé de ella en el podcast de «Aprendiendo GTD», me encantaría escribir un post sobre esto más en detalle. Es muy fácil que cuando estamos estresados y vamos con prisa se nos olvide revisar nuestras listas antes de ponernos a hacer. No sirve con mirar las listas una vez al día, aunque tengas claro tu siguiente paso. Revisa todas las listas que tengan sentido; tu cabeza no puede con todo. Intenta que los exámenes finales no tiren tu GTD a la basura.

  1.       No dejes de moverte

Esto no es GTD puro, pero es algo que a mí se me olvida siempre. Darme paseos, hacer ejercicio, salir a correr… Es cierto que ahora que tengo algo más de tiempo me está siendo más fácil cumplirlo, pero solo hace que le vea más el valor. Yo intento madrugar, sacar 4-5h de estudio y luego hacer una hora de ejercicio para desconectar del todo antes de ponerme otra vez.

  1.       Duerme

Esta la digo más por mí que por vosotros. Yo tiendo a tener mucho insomnio, y cuando no puedo dormir, en vez de hacer yoga, leer o hacerme una tila, muchas veces me siento delante del ordenador a intentar hacer cosas. Eso nunca sale bien. Lo peor de todo, es que sale mal lo que haga durante la noche y lo que sea que intente hacer el día siguiente. Descansar es descansar de verdad.

  1.       Estudiar no es solo estudiar

O hacer ensayos no es solo hacer ensayos. Las cosas van siempre más allá, y eso con GTD es mucho más fácil verlo. Leer artículos relacionados con tus estudios, podcast, conferencias… Todo lo que encuentres relacionado hará más rico el aprendizaje y ayudará a lo que sea que estés intentando aprender. Y ahí volvemos al paso 3, tener cosas no urgentes no necesarias para *ya* nos hace ver que nuestra realidad es siempre mucho más compleja de lo que nuestro Sistema 1 cree. Dedicar parte de tus «horas de estudio» a nutrir tu conocimiento, a afianzarlo con cosas no estrictamente relacionadas con lo que estas aprendiendo, siempre me parecerá una buena práctica (aunque puede que lo que pase es que yo soy muy nerd).

No hay un «one size fits all» cuando hablamos de enfrentarnos a periodos académicos complicados, y probablemente en un futuro entre más en detalle con todos estos puntos. Los exámenes finales son una época en la que es muy sencillo olvidarnos de GTD, yo misma soy culpable de ello. Por ello ha parecido que en primer lugar os podía ser útil y, en segundo, es un buen primer comienzo. Muchísima suerte a todos, en los exámenes o en la vida en general 😊. Cuidáos un montón.

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Planificación adaptativa, también en tus rutinas

Desde que volví a empezar las clases mi vida ha sido un poco caótica. Mis horarios hacen que a veces pase 11-12h en la facultad, cada vez voy menos al gimnasio, y mi estantería se va llenando de libros a una velocidad que no concuerda con el tiempo que últimamente tengo para leer.

No me malinterpretéis, no me quejo. La vida de muchos compañeros míos de clase se parece mucho a lo que relato. Y la verdad es que tener un GTD sólido ayuda a mantenerse a flote. Pero me he visto en la necesidad últimamente de hacer algo que no había hecho nunca.

Yo siempre he sido una persona que ha huido de las rutinas. Exceptuando las clases y los compromisos con hora, tendía a ir aprovechando cada momento del día para hacer cosas distintas. Además tiene sentido, la planificación adaptativa parece contraria a hacer siempre lo mismo en el mismo orden.

Pero ahora, muchas de las cosas que tengo que hacer son compromisos con otras personas, y van con hora. Es decir, a las 8.25h mi hermana entra en el instituto, y si quiero verla un rato durante el día, tengo que acercarla en coche por las mañanas. Tengo clase a las 11h todos los días, por lo que tengo siempre dos horas muertas en las que puedo hacer cosas. Las reuniones de la red suelen ser a última hora de la tarde y casi siempre los mismos días. Imparto clases particulares de inglés dos días a la semana (los dos que no tengo clase por la tarde también). El gimnasio está abierto hasta las 22h y si quiero ver a mis padres, en mi casa se cena entre las 20.30 y las 21h.

Después de unas semanas con ese horario, me di cuenta de que los días más productivos solían ser los que estaban predefinidos previamente. Si yo cada vez que dejaba a mi hermana en el instituto, me preguntaba si volverme a casa o irme a la universidad, acababa procrastinando la decisión, dando vueltas y quitándome mucho rato de tiempo productivo.

Me pasaba lo mismo con los días que tengo clases por la tarde. Si cada día me paraba a pensar en si me compensaba irme a mi casa y volver, o quedarme, acababa no aprovechando ninguna de las dos opciones. Cuando un día me quitaban alguna clase, a lo mejor decidía quedarme durmiendo en vez de llevar a mi hermana y eso hacía que mis ciclos de sueño estuvieran manga por hombro una semana. Así que, empecé a tomar decisiones fijas.

Independientemente de que lleve a mi hermana o no, intento despertarme a la misma hora todos los días. Y estar en la universidad alrededor de las 9. Esas dos horas las aprovecho para trabajar o estudiar, igual que los días que me quedo en la universidad hasta tarde. También tengo horarios fijos de gimnasio que intento cumplir, si veo a mis amigos el fin de semana, intento no volver muy tarde y no despertarme más de una 1h-1.30h más tarde de lo habitual.

Es verdad que me siento en la obligación de decir que no planifico. Abro mi sistema cada vez que voy a ponerme a hacer cosas y decido en función de lo que tiene más sentido hacer. Y mis rutinas no son inamovibles, si surgen imprevistos (que lo hacen) si que valoro si tiene sentido cambiar algo. Pero no es la norma.

Al final, la fatiga de decisión es algo que existe. Y cuando tus días se parecen mucho, por lo menos en mi caso, no tenía sentido no tener un plan predefinido. Si no tienes que usar toda tu energía mental en decidir qué hacer, puedes utilizarla en realmente ser creativo y eficiente cuando te pones a hacer las cosas que importan.

Es básicamente lo que predica GTD, si podemos elegir en vez de decidir cada vez que nos ponemos a ejecutar, podemos utilizar toda esa energía mental en lo que sea que hagamos, alcanzando mejores resultados. A más rutina, menos sistema 2.

Por eso es tan útil aplicar la planificación adaptativa, también en tus rutinas. Porque te permite (o al menos me lo permite a mí) ser tu yo más espontáneo cuando más le puedes sacar provecho. 

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Siempre hay cosas que se pueden hacer

Hay días en los que tenemos la cabeza en otra parte, nuestro Sistema 1 ha tomado el control de la situación. Ya sea porque estamos demasiado agobiados con nuestras responsabilidades o por temas en nuestra vida personal que no nos dejan pensar en otra cosa, simplemente hay días en los que enfrentarse a un inbox lleno o hacer esa tarea que lleva meses en nuestras listas se nos hace demasiado cuesta arriba.

Pero si usamos GTD, en nuestros contextos siempre hay cosas aclaradas, cosas en las que no necesitamos tener nuestro Sistema 2 en su mejor momento para hacerlas bien. Es una conversación que se repite de manera muy habitual. Con mis amigos universitarios si no tengo esta conversación tres veces por semana, no la tengo ninguna.

«Jo, tengo mazo cosas que hacer y no me he puesto a hacer nada, siento que no tengo claro por dónde empezar en ningún sitio, llevo todo el día mareando cosas». Tenemos derecho a tener días grises, días en los que forzarnos a pensar en ese ensayo que nos han pedido o esa presentación que tenemos que hacer es simplemente imposible.

Si tienes uno de esos días, abre tus listas. A lo mejor leer esa monografía de Bourdieu que has empezado siete veces y sigues sin entender deberías dejarla para otro día, pero sí que puedes pasar esos apuntes con música de fondo y un café calentito. Puedes empezar a buscar bibliografía útil para esa presentación que tienes que hacer el mes que viene, puedes hacer tareas chiquititas, que ya están pensadas con antelación y elegir de tus listas.

Puedes ir a tus contextos y buscar tareas de baja energía. En mi contexto «mochila» yo tengo dos sublistas definidas «leer» y «hacer». A lo mejor el día que he dormido peor o tengo la cabeza en otra parte, prefiero ir a la lista de «hacer» e ir tachando cosas.

Y eso es lo bueno de tachar, que una vez vas tachando, una vez te vas sintiendo más productivo, tu Sistema 2 va ganándole terreno a tu Sistema 1, que pensaba que iba a estar mandando lo que quedaba de día. Según tu energía sube, te puedes ir enfrentando a tareas más complejas, a cosas que te abruman más, sin sentir que has perdido el día no haciendo nada. Lo importante es empezar, es superar esa pereza o ese miedo de ver todo lo que tienes que hacer y no te sientes preparado para hacerlo

Hay veces que incluso hacer una revisión semanal, a poquitos, en tu cafetería preferida, con el murmullo de fondo, es de lo único de lo que te sientes capaz. Vale, no estás en tu mejor momento, pero procrastinar absolutamente todas tus tareas y sentir que ha sido un día inútil solo va a hacer que esa bola de estrés o de desánimo se haga más grande.

Es cierto que todos necesitamos días de descanso, y eso no está mal, pero hay veces que la vida sigue y dejarte un día de descanso es simplemente algo que no se contempla. En esos días, abre tus listas, no hace falta ni que aclares si no te ves capaz de aclarar bien, pero empieza con la tarea más pequeña, ponte a trabajar y el resto de las cosas irán saliendo.

Puede que por las circunstancias, lo que te toque hacer, sea leerte esa revista sobre ese tema que tanto te interesa y que llevas posponiendo semanas porque no es algo que te parezca importante, o buscar el regalo de aniversario de tu pareja que lleva en tu contexto más de dos meses. Los pasitos, aunque sean pequeños, son pasitos y nos dejan avanzar, y esa sensación de que estamos avanzando va haciendo más pequeñita esa nube gris que tenemos en la cabeza y al final del día puedes apagar el ordenador y decirte a ti mismo «hoy no ha sido un día perdido».