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He vuelto a escribir poemas

El post de esta semana es un poquito distinto. Algo más alejado de lo que suelo escribir. Llevamos muchos días de cuarentena. No sé ni cuántos a estas alturas. Y hoy, después de muchísimo tiempo, he vuelto a acabar un poema.

Creo que en algún sitio he comentado ya que soy una poeta frustrada. Y digo frustrada porque no sé si lo que escribo podría considerarse poema. Pero yo lo vivo mucho cuando lo escribo. Y hay un par de versos que riman entre ellos. También digo frustrada porque nunca decido cuándo puedo ponerme a escribir. Simplemente una frase se me queda atascada en la cabeza y no se va hasta que no escribo un poema sobre ella.

Llevaba casi dos años sin escribir regularmente y muchos meses sin terminar un poema que me convenciera. Vivimos vidas tan caóticas que ser creativos a veces es complicado.

Pero el otro día encontré un viejo cuaderno. En él, había entradas estilo diario con pequeños poemas en los costados. Y sentí que me había olvidado de eso que tanto me gustaba hacer.

Esa idea se quedó ahí, dando vueltas. Pero una tarde, una frase se quedó atascada, como hacían antes, y abrí el bloc de notas y empecé a escribir.

¿Qué tiene que ver esto con la efectividad? Pues muy buena pregunta. Cada pequeña cosa de mi entorno ha dado lugar a este momento.

Aproveché la cuarentena para hacer «limpieza de primavera» con mi sistema. Me siento más en la tabla que nunca.

Como parte del “sé creativo” he añadido una pequeña acción en mi checklist semanal: ordenar un cajón, una balda, una estantería… de mi cuarto a la semana. Ahí fue cuando encontré el cuaderno. Hasta que no lo encontré, ni me acordaba de cuanto disfrutaba escribir.

Vi que las rutinas me funcionaban, y al igual que nos enfrentamos a la incertidumbre de puertas a fuera, de puertas a dentro vivimos en entornos bastante controlables. Así que no necesito mi Sistema 2 para funcionar a lo largo del día. Puede dedicarse a pensar de verdad.

Gracias al hábito de capturar, tengo un sitio donde apuntar (y escribir) un poema entero en cualquier sitio. Pero no es sólo la herramienta, también tengo el hábito de que esa frase me «salte», me llame la atención y sepa no perder el tiempo dándole más vueltas.

Me conozco bien. Sé qué me hace sentirme bien, estar a gusto y ser más productiva. Sé que el café que me tomo con mi hermana después de comer —mientras nos conocemos mejor de lo que habíamos hecho en toda nuestra vida—, hace que me den más ganas de seguir estudiando por las tardes. Sé que hacer yoga con mi madre, hace que la clase virtual que sale regular —porque la profesora no acaba de dominar las nuevas tecnologías— se haga más amena.

Son tiempos duros y sé que tengo mucha suerte de poder aprovechar este momento en vez de sufrirlo. Y lo estoy haciendo. He vuelto a escribir poemas. He revisado mis niveles de perspectiva. Y sé que no tengo claro quién quiero ser, pero estoy dando pasitos en la dirección correcta. Y me siento en control.

Este poema no estaba en mis listas. No pasó por el flujo de trabajo ni acabó en uno de mis contextos. Pero fui capaz de escribirlo porque mi sistema GTD existía. La persona que somos no tiene porqué ejecutar siempre a partir de nuestras listas. Y, cuando siempre haces con la confianza de que estás haciendo lo que más sentido tiene hacer en cada momento, hay momentos en los que puedes permitirte hacer cosas distintas.

Espero que os estéis cuidando mucho. Muchísimo ánimo 😊

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Y yo preocupada por el doctorado…

Vamos a ver. Soy muy consciente de que muchos de nosotros (por no decir todos) estamos un poco cansados del monotema. No estoy subestimando la gravedad del asunto, pero entiendo que todos llevamos con lo mismo en la cabeza muchos días y puede ser algo agotador (sobre todo, porque es una de esas cosas que, aunque las capturemos y aclaremos, poco podemos hacer). Aún así, no he podido evitar escribir una pequeña reflexión al respecto.

Si habéis estado leyendo mis últimos posts, sabéis que mi vida últimamente ha sido algo caótica, sobre todo a nivel de horarios. Y yo hacía todo lo que estaba en mi mano por tenerlo todo bajo control: hacer rutinas para ir con mi Sistema 1 por la vida; cambiar la herramienta de mi sistema para poder tenerlo todo controlado; pensar en mi propósito y mi futuro para tener claros mis horizontes de enfoque… Básicamente un montón de cosas que ahora sirven entre cero y nada.

Y en las últimas semanas, hemos visto una plaga de langostas en África, cómo las calles de Argentina se inundaban de sangre, luchas de monos en Tailandia y ahora estamos todos encerrados en casa por culpa de una pandemia mundial. Si a mí me cuentan esto en diciembre, no me lo creo.

Y pese a todo, el mundo ha respondido a estos sucesos de una manera tan humana que me emociona. Muchos cantantes están dando conciertos en streaming por Instagram, hay fisioterapeutas haciendo tablas de ejercicios gratuitas por la cuarentena, el MET ofrece una semana de Ópera gratuita por su web, museos como el Prado y el Thyssen están ofreciendo imágenes y visitas guiadas online a través de sus webs… Y cómo esto millones de cosas más.

Las prioridades de todo el mundo, las rutinas, la manera incluso de concebir su propio oficio, ha cambiado en cuestión de días. Y aún así, nos esforzamos muchas veces en controlarlo todo, en planificar cada minuto de cada día. ¿Para qué?

Nunca hemos podido controlar lo que nos pasa y ahora encima tenemos menos tiempo de reacción. Vivimos en un mundo que cambia a una velocidad vertiginosa y lo único que podemos hacer es ir adaptándonos a los cambios que van surgiendo.  Una cosa que no sabía —y que es grato descubrir— es que GTD está a prueba de pandemias. Si de verdad no te puedes sacar el tema de la cabeza, cápturalo. ¿Qué es? ¿Qué significa para ti? ¿Requiere acción? A lo mejor llamar a tus familiares un ratito todos los días hace que la ansiedad disminuya. Puede que si sacas algo de tus listas algún día/tal vez, la cuarentena se pasa de manera más amena. A lo mejor es el momento de empezar esa novela, de pintar ese cuadro, de aprender ese idioma por Duolingo.

Y pese a todo, son momentos complicados, estresantes y de incertidumbre. Cómo casi todo lo que nos pasa. Pero podemos aprovechar este tiempo de silencio, de aislamiento, para reflexionar sobre nuestra vida. ¿Qué echamos de menos? ¿A quién echamos de menos? El saber —y el saber sobre nosotros mismos y sobre nuestra vida— nunca ocupa lugar. Más que nunca, es el momento de escuchar lo que nos decimos.

Si me llevo algo positivo de esto, es que nunca sabemos qué va a pasar mañana. Que por mucho que intentemos planificar nuestro futuro al detalle, a lo mejor lo que está sucediendo —sin que nos enteremos— son las diez plagas de Egipto y mañana amanecemos con una plaga de ranas. Estas situaciones sacan lo mejor y lo peor de nosotros y, aunque parece que tenemos poco campo de actuación, siempre hay cosas que se pueden hacer. Al final, Newton cambió la historia de la física en una cuarentena y Shakespeare escribió muchas de sus obras durante un confinamiento por una pandemia de peste. También es cierto que quedarse en el sofá y ponerse al día con «Élite» es un plan igualmente válido. Y a todo esto, ¿tú que vas a hacer?

PD: Para todas las personas que puedan estar sintiendo que esta situación les supera, les mando todo mi apoyo y me ofrezco a ayudar de la única manera que sé. Hablad conmigo todo lo que queráis, por mis redes sociales, por este blog que es tan mío como vuestro, por el Telegram de Aprendiendo GTD… De lo que queráis, de productividad, de antropología, de música, de tarot, de deporte… Es un momento de estar juntos, aunque estemos separados :). Muchísimo ánimo y cuidaos mucho.

 

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Planificación adaptativa, también en tus rutinas

Desde que volví a empezar las clases mi vida ha sido un poco caótica. Mis horarios hacen que a veces pase 11-12h en la facultad, cada vez voy menos al gimnasio, y mi estantería se va llenando de libros a una velocidad que no concuerda con el tiempo que últimamente tengo para leer.

No me malinterpretéis, no me quejo. La vida de muchos compañeros míos de clase se parece mucho a lo que relato. Y la verdad es que tener un GTD sólido ayuda a mantenerse a flote. Pero me he visto en la necesidad últimamente de hacer algo que no había hecho nunca.

Yo siempre he sido una persona que ha huido de las rutinas. Exceptuando las clases y los compromisos con hora, tendía a ir aprovechando cada momento del día para hacer cosas distintas. Además tiene sentido, la planificación adaptativa parece contraria a hacer siempre lo mismo en el mismo orden.

Pero ahora, muchas de las cosas que tengo que hacer son compromisos con otras personas, y van con hora. Es decir, a las 8.25h mi hermana entra en el instituto, y si quiero verla un rato durante el día, tengo que acercarla en coche por las mañanas. Tengo clase a las 11h todos los días, por lo que tengo siempre dos horas muertas en las que puedo hacer cosas. Las reuniones de la red suelen ser a última hora de la tarde y casi siempre los mismos días. Imparto clases particulares de inglés dos días a la semana (los dos que no tengo clase por la tarde también). El gimnasio está abierto hasta las 22h y si quiero ver a mis padres, en mi casa se cena entre las 20.30 y las 21h.

Después de unas semanas con ese horario, me di cuenta de que los días más productivos solían ser los que estaban predefinidos previamente. Si yo cada vez que dejaba a mi hermana en el instituto, me preguntaba si volverme a casa o irme a la universidad, acababa procrastinando la decisión, dando vueltas y quitándome mucho rato de tiempo productivo.

Me pasaba lo mismo con los días que tengo clases por la tarde. Si cada día me paraba a pensar en si me compensaba irme a mi casa y volver, o quedarme, acababa no aprovechando ninguna de las dos opciones. Cuando un día me quitaban alguna clase, a lo mejor decidía quedarme durmiendo en vez de llevar a mi hermana y eso hacía que mis ciclos de sueño estuvieran manga por hombro una semana. Así que, empecé a tomar decisiones fijas.

Independientemente de que lleve a mi hermana o no, intento despertarme a la misma hora todos los días. Y estar en la universidad alrededor de las 9. Esas dos horas las aprovecho para trabajar o estudiar, igual que los días que me quedo en la universidad hasta tarde. También tengo horarios fijos de gimnasio que intento cumplir, si veo a mis amigos el fin de semana, intento no volver muy tarde y no despertarme más de una 1h-1.30h más tarde de lo habitual.

Es verdad que me siento en la obligación de decir que no planifico. Abro mi sistema cada vez que voy a ponerme a hacer cosas y decido en función de lo que tiene más sentido hacer. Y mis rutinas no son inamovibles, si surgen imprevistos (que lo hacen) si que valoro si tiene sentido cambiar algo. Pero no es la norma.

Al final, la fatiga de decisión es algo que existe. Y cuando tus días se parecen mucho, por lo menos en mi caso, no tenía sentido no tener un plan predefinido. Si no tienes que usar toda tu energía mental en decidir qué hacer, puedes utilizarla en realmente ser creativo y eficiente cuando te pones a hacer las cosas que importan.

Es básicamente lo que predica GTD, si podemos elegir en vez de decidir cada vez que nos ponemos a ejecutar, podemos utilizar toda esa energía mental en lo que sea que hagamos, alcanzando mejores resultados. A más rutina, menos sistema 2.

Por eso es tan útil aplicar la planificación adaptativa, también en tus rutinas. Porque te permite (o al menos me lo permite a mí) ser tu yo más espontáneo cuando más le puedes sacar provecho. 

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#GTD4Students (III): A leer se aprende dos veces

Desde pequeña me ha encantado leer. No sólo eso, sino que desde siempre he devorado los libros. Daba igual que fuera una novela que me había dejado una amiga que la antología que nos mandaban de deberes para casa. Era tener un libro entre manos y devorarlo. 

Y al igual que yo entendía esto como normal, entendía como normal que hubiese gente que odiara la lectura. Igual que cada vez que había que dibujar algo para clase yo me acordaba de todos los antepasados del profesor, había gente que temblaba cuando la simple idea de leer algo aparecía en su cabeza. 

Pero hace un par de años entré en la universidad. Cuando estudias una carrera de ciencias sociales (igual supongo con las de humanidades) el 50% de tu día se resume en leer. Ya sea leer a Malinowski, Bourdieu o a Scheper-Hughes, poco tiene que ver con leer a Galdós, J.K Rowling o cualquier otro novelista que se os ocurra.

Me encontré procrastinando leer, preguntándole a mis amigas de la uni si conseguían entender algo del texto que habíamos leído y tardando el doble o el triple en leer de lo que solía tardar yo. 

Pero ya hablábamos de la maravilla de los checklists la semana pasada, así que eso hice. Me gustara o no, me quisiera morir o no después de acabar de leer, me pusé una acción repetitiva de leer a antropólogos, politólogos y sociólogos un poquito todos los días. Si me quedaba sin lecturas obligatorias, empezaba con las opcionales. 

Y poco a poco, según fueron pasando los meses, le fui encontrando el truquillo. Empecé a conectar con los textos. Volvía a pasarme eso de no notar que el tiempo pasaba y a enfrascarme en lecturas que nunca pensé que fueran a gustarme tanto. Y me di cuenta de que a leer se aprende dos veces.

No quiero ponerme pesada y hablar de las maravillas de la lectura, pero es que es inevitable. No sólo nos aporta vocabulario, estructura, nos ayuda a comunicarnos mejor… Sino que muchas veces nos aporta conocimiento tácito. Poco a poco se va creando una red de conocimiento y de ideas, y cada vez lo que leemos nos es menos ajeno que la primera vez que leímos.

Lo que quiero decir es que da igual que nos guste leer de manera natural o no. A leer se aprende de pequeño, pero no se deja de aprender nunca, y esto es aplicable a muchísimas habilidades, ya sea aprender a conducir, a dibujar o incluso a usar GTD. Y como estudiante, ya seas de ciencias, letras, sociales e incluso de artes, leer te da ventaja; es innegable que nos ayuda a avanzar. 

Así que eso, si no te gusta leer, hazme caso. A mi tampoco me gustaba leer ensayo o monografías hace unos meses. Utiliza tu GTD a tu favor; ponte una acción repetitiva y empieza a avanzar en la dirección en la que quieras hacerlo, porque desarrollar cualquier hábito con GTD siempre es un poquito más fácil.