Categorías
Reflexiones

Que vuelva a la incubadora no lo convierte en fracaso

Hace unos meses os confesé que durante mi última temporada de exámenes me había caído de la tabla y me había dado fuerte contra el agua. Hoy vengo a deciros que vuelvo a estar de exámenes pero que, por suerte, aún no me he dado ningún golpe. 

Hace poquito Jordi nos hablaba de cómo detectar una caída a tiempo; y yo llevo un par de semanas tambaleándome para detectar cualquier contratiempo rápidamente y recuperar el equilibrio. 

Puede que sea que el no salir de casa me ayuda a ser más consistente con mis hábitos de GTD; puede que haya sido casualidad; o puede que haber cambiado al papel haya funcionado por fin. Pero por primera vez en mucho tiempo, mis revisiones semanales se mantienen constantes aunque esté de exámenes. Y si os soy sincera no sé si eso son buenas o malas noticias. 

No es la primera vez que os comento que conocer la realidad en la que me muevo no siempre es plato de buen gusto. Cada revisión semanal me tengo que enfrentar a un montón de acciones no hechas, que llevan allí más de una o dos semanas, y en las que me tengo que replantear el nivel de compromiso. 

Me niego a pensar que soy la única que se siente un poquito fracasada cuando esa siguiente acción que tantas ganas tenía de hacer vuelve a la incubadora porque, por mucho que yo quiera, no es el momento de adquirir un compromiso de acción. ¿Y sabéis qué? Que creo que no es justo que me sienta o que nos sintamos así. 

No paramos de repetirnos a nosotros mismos que GTD nos hace saber y tener la confianza de que elegimos hacer lo que más sentido tiene hacer en cada momento. Y estoy muy de acuerdo con ese enunciado. También estoy de acuerdo con la frase de David Allen, «Sólo puedes sentirte bien acerca de lo que no estás haciendo cuando sabes exactamente qué es lo que no estás haciendo». Es verdad que es la única manera, pero no garantiza nada. 

Y es que tenemos muy metido en la cabeza que necesitamos llegar a todo, todo el tiempo. Que el no hacer las cosas es un fracaso. En parte, creo que es una de las razones que nos empuja a sobreplanificar, porque sentimos que nos dará tiempo a hacer más de lo que materialmente podemos hacer. Ponemos horas y colorines en un calendario y nos sentimos mejor. Pero muchas veces hacerlo todo no tiene más valor que hacer menos cosas mejor hechas.

Por eso mismo, me gusta ver el registro de las acciones que he hecho a lo largo de toda la semana. Sobre todo en temporadas como esta. ¿Habría cambiado alguna de las acciones tachadas por alguna que se ha quedado sin hacer? Si la respuesta es afirmativa, pienso qué hizo que priorizara de manera distinta (muchas veces tiene que ver con cuándo entraron las acciones a tu sistema), pero si es algo que cae en mi círculo de influencia, intento que no se repita. Hago un ejercicio de reflexión e intento averiguar qué no tuve en cuenta. Si aún así no estoy conforme, intento hacer un repaso de todas esas cosas que he hecho que no estaban en mis listas. 

Y después de ese ejercicio, no os voy a mentir, me siento mucho mejor conmigo misma. Porque la semana tiene las horas que tiene y el trabajo o las cosas que quieres hacer son inagotables. Y es que, que las cosas vuelvan a la incubadora no las convierte en un fracaso. Creo que un signo de madurez en tu camino con GTD es darte cuenta de esto. De que es fácil tener los ojos más grandes que la tripa y sobre-comprometernos. Pero hay que ser estoicos y saber qué no pasa nada por admitir que no es el momento. Dejar que algo vuelva a la incubadora no significa que nunca se vaya a hacer, sino que simplemente hay cosas que no renuncias hacer a favor de ello. 

Categorías
Off-topic

¿Qué te sería útil llevarte?

Hola! Lo primero, decirte que este post no es cómo los habituales, pero ¿qué lo es en estos momentos? He tenido mucho tiempo para pensar últimamente (como es entendible). Y todo el tiempo que no he estado pensando en el tema del momento, he estado ocupando mi mente con otros temas: qué nuevas rutinas pueden ayudarme con mi nueva realidad; angustiándome por toda esa gente a la que quiero y a la que no puedo acompañar en estos momentos; he pensado en vosotros, en mi trabajo, en este blog…

Y me he dado cuenta de que, desde el principio, casi siempre he hablado de mí. Desde que empecé a escribir, asumí que todos sabíais a la perfección cómo vivir con GTD integrado en vuestra vida, que ibais a poder entender todas esas cosas que me pasan o todas esas reflexiones que se cruzaban por la cabeza de una niña que aprendió a decir papá, mamá y GTD casi al mismo tiempo. Y aunque estoy segura de que me entiendes me gustaría, sobre todo ahora, escribir más para ti que para mí.

No me malinterpretes, no me he quedado sin ideas, pero hace solo unos minutos he empezado a escribir un post distinto en el que relacionaba una frase de Nietzsche con una mala práctica de GTD, y me he tenido que decir a mi misma: “Marta, es momento de parar”. No te preocupes, ese post llegará, pero no ahora. Ahora es el momento de estar más unidos que nunca, y no puedo evitar sentirme extraña si intento seguir escribiendo como si nada hubiese pasado.

Así que esta semana, que estamos todos (o todos los que podemos) en casa, lo que quiero es preguntarte qué contenido quieres ver. ¿Quieres que explique cómo interioricé yo cada paso? ¿por qué después de casi 10 años utilizando la metodología me sigo cayendo de la tabla? ¿cómo es vivir en una casa en la que GTD es un miembro más de la familia?…

Siempre digo que este blog es tan mío como vuestro, pero siento que a veces no predico con el ejemplo.

Así que, todo dicho, ¿sobre qué quieres que escriba?

Mucho ánimo y cuídate mucho a ti y a los tuyos. Hasta la semana que viene 😊

Categorías
Reflexiones

Y yo preocupada por el doctorado…

Vamos a ver. Soy muy consciente de que muchos de nosotros (por no decir todos) estamos un poco cansados del monotema. No estoy subestimando la gravedad del asunto, pero entiendo que todos llevamos con lo mismo en la cabeza muchos días y puede ser algo agotador (sobre todo, porque es una de esas cosas que, aunque las capturemos y aclaremos, poco podemos hacer). Aún así, no he podido evitar escribir una pequeña reflexión al respecto.

Si habéis estado leyendo mis últimos posts, sabéis que mi vida últimamente ha sido algo caótica, sobre todo a nivel de horarios. Y yo hacía todo lo que estaba en mi mano por tenerlo todo bajo control: hacer rutinas para ir con mi Sistema 1 por la vida; cambiar la herramienta de mi sistema para poder tenerlo todo controlado; pensar en mi propósito y mi futuro para tener claros mis horizontes de enfoque… Básicamente un montón de cosas que ahora sirven entre cero y nada.

Y en las últimas semanas, hemos visto una plaga de langostas en África, cómo las calles de Argentina se inundaban de sangre, luchas de monos en Tailandia y ahora estamos todos encerrados en casa por culpa de una pandemia mundial. Si a mí me cuentan esto en diciembre, no me lo creo.

Y pese a todo, el mundo ha respondido a estos sucesos de una manera tan humana que me emociona. Muchos cantantes están dando conciertos en streaming por Instagram, hay fisioterapeutas haciendo tablas de ejercicios gratuitas por la cuarentena, el MET ofrece una semana de Ópera gratuita por su web, museos como el Prado y el Thyssen están ofreciendo imágenes y visitas guiadas online a través de sus webs… Y cómo esto millones de cosas más.

Las prioridades de todo el mundo, las rutinas, la manera incluso de concebir su propio oficio, ha cambiado en cuestión de días. Y aún así, nos esforzamos muchas veces en controlarlo todo, en planificar cada minuto de cada día. ¿Para qué?

Nunca hemos podido controlar lo que nos pasa y ahora encima tenemos menos tiempo de reacción. Vivimos en un mundo que cambia a una velocidad vertiginosa y lo único que podemos hacer es ir adaptándonos a los cambios que van surgiendo.  Una cosa que no sabía —y que es grato descubrir— es que GTD está a prueba de pandemias. Si de verdad no te puedes sacar el tema de la cabeza, cápturalo. ¿Qué es? ¿Qué significa para ti? ¿Requiere acción? A lo mejor llamar a tus familiares un ratito todos los días hace que la ansiedad disminuya. Puede que si sacas algo de tus listas algún día/tal vez, la cuarentena se pasa de manera más amena. A lo mejor es el momento de empezar esa novela, de pintar ese cuadro, de aprender ese idioma por Duolingo.

Y pese a todo, son momentos complicados, estresantes y de incertidumbre. Cómo casi todo lo que nos pasa. Pero podemos aprovechar este tiempo de silencio, de aislamiento, para reflexionar sobre nuestra vida. ¿Qué echamos de menos? ¿A quién echamos de menos? El saber —y el saber sobre nosotros mismos y sobre nuestra vida— nunca ocupa lugar. Más que nunca, es el momento de escuchar lo que nos decimos.

Si me llevo algo positivo de esto, es que nunca sabemos qué va a pasar mañana. Que por mucho que intentemos planificar nuestro futuro al detalle, a lo mejor lo que está sucediendo —sin que nos enteremos— son las diez plagas de Egipto y mañana amanecemos con una plaga de ranas. Estas situaciones sacan lo mejor y lo peor de nosotros y, aunque parece que tenemos poco campo de actuación, siempre hay cosas que se pueden hacer. Al final, Newton cambió la historia de la física en una cuarentena y Shakespeare escribió muchas de sus obras durante un confinamiento por una pandemia de peste. También es cierto que quedarse en el sofá y ponerse al día con «Élite» es un plan igualmente válido. Y a todo esto, ¿tú que vas a hacer?

PD: Para todas las personas que puedan estar sintiendo que esta situación les supera, les mando todo mi apoyo y me ofrezco a ayudar de la única manera que sé. Hablad conmigo todo lo que queráis, por mis redes sociales, por este blog que es tan mío como vuestro, por el Telegram de Aprendiendo GTD… De lo que queráis, de productividad, de antropología, de música, de tarot, de deporte… Es un momento de estar juntos, aunque estemos separados :). Muchísimo ánimo y cuidaos mucho.