Categorías
Reflexiones

GTD y las vacaciones

Se acerca el verano y, con él, las vacaciones. Una pregunta que me han hecho en un par de ocasiones ya es ¿y en verano qué haces con el sistema?

Parece una pregunta un poco simple, pero la verdad es que tiene más complejidad de la que podría parecer a simple vista. Es cierto que este es un año un poco distinto al resto, y el verano será un poco menos verano que otros, pero creo que la esencia es la misma.

Cuando eres estudiante los periodos de vacaciones parecen menos abstractos. El verano es el momento en el que tienes cero responsabilidades y puedes hacer lo que quieras, ¿para qué entonces seguir con tu sistema?

No voy a responder por todo el mundo, pero sí os voy a decir por qué y cómo sigo usando yo mi sistema cuando estoy de vacaciones.

La primera razón por la que sigo usándolo es una cuestión de comodidad. Me cuesta mucho menos capturar y aclarar las cosas que intentar acordarme de ellas. Es cierto que cómo sé que las cosas tienen menos urgencia, la frecuencia con la que aclaro (o con la que ejecuto 😉) es menor, pero sigue estando presente.

Al final, si tienes el hábito lo tienes siempre y tener que pararte a ti mismo cuando vas a capturar algo, o ignorar la sensación de tranquilidad cuando acabas de aclarar tu bandeja de entrada, es un sinsentido.

La segunda razón es porque, aunque yo quiera pensar que las vacaciones es el momento en el que te puedes deshacer de las responsabilidades, eso no es cierto. Ya creo haberos comentado que en principio (aunque no creo) yo el año que viene me iré de Erasmus.

Eso hace que siga habiendo mucha burocracia, trámites, emails, etc. que necesito tener dentro de mi radar. Y, aunque eso no fuera así, la matrícula de la universidad, los cursos de verano, los plazos para cosas que quieras hacer durante el curso… Todo eso sigue existiendo.

Y la tercera (y la más importante) es que la vida no son sólo responsabilidades. Ya he hablado de que GTD me ha permitido hacer cosas que no hubiera hecho si no hubiera utilizado la metodología. También os he contado que, tristemente, cuando tu vida se hace más compleja, las cosas vuelven a la incubadora quieras o no.

Tenemos todo el derecho del mundo a no querer hacer absolutamente nada en verano, pero también tenemos derecho a pasar nuestras vacaciones en esa tercera etapa de la revisión semanal y «ser creativos». Aprovechar para hacer todo eso que no hacemos cuando estamos más ocupados, que no son olviden las cosas que nos gusta hacer.

Al final, GTD es donde te pica te rascas y no hay una sola forma de hacerlo bien.

No obstante, mi recomendación es que intentes no caerte de la tabla en verano porque su valor no disminuye y, sobre todo, que intentes disfrutar de tus vacaciones todo lo que puedas.

Tened cuidado, poneos protector solar si vais a tomar el sol, respetad las medidas de seguridad y todas esas cosas que pega decir ahora. ¡Pasad muy buen verano!

Categorías
Series

GTD4Students: Y con el móvil, ¿qué?

Antes de empezar con el post de hoy, pedir perdón por haber faltado a mi cita con vosotros la semana pasada. Tuve placas en la garganta y estuve malita con fiebre, y del jueves al lunes no conseguí salir de la cama. Ya estoy totalmente recuperada, y he aprendido de la experiencia 😉, así que no os preocupéis.

Ahora que ya he explicado mi ausencia, esta semana voy a hablar de un tema que durante mucho tiempo me ha llevado a mí por el camino de la amargura. Como dice el título, quiero hablar de cómo gestiono yo el móvil. Sé que todos utilizamos el móvil, las redes sociales, apps de mensajería instantánea… Así que, pese a estar dirigido a estudiantes, espero que os sea útil a todos.

Siempre he sido una persona a la que le ha abrumado un poco la mensajería instantánea. No sé si en algún momento lo habréis vivido, pero estar en un grupo de clase es una experiencia única en sí misma. Estar la noche de antes de un examen, con más de mil mensajes de Whatsapp de clase en el que se mezclan memes, fechas de exámenes y entregas, discusiones, audios eternos, explicaciones… Además, claro, de las cuatro o cinco personas que te hablan por privado para preguntarte dudas porque saben que, en vez de estar atenta al móvil y al grupo de clase, estás estudiando.

Cuando yo empecé a tener móvil y a utilizarlo, ese miedo a quedar mal con quien fuera, hacía que estuviera constantemente pendiente de cada notificación que saltaba en el móvil, hasta que interioricé y normalicé por completo no poder sacar más de un par de minutos seguidos de concentración sin que me interrumpiera algún mensaje.

¿Cuándo decidí cambiar cómo hacía las cosas?

Hace un año y pico, empecé a trabajar de camarera. Trabajaba muchas horas seguidas, en una cadena de restaurantes muy popular en un local situado cerquita de plaza de España. Entré en una fecha próxima a las Navidades y éramos poquitos en plantilla. Os podéis imaginar cómo era aquello. Así que eso de llevar el móvil encima dejó de ser una opción. Y cuando salía de un turno largo, cansada, de madrugada y sin muchas ganas de nada, me encontraba con el móvil lleno de notificaciones, mensajes y llamadas perdidas.

Así que me harté. Desactivé todas las notificaciones que tenía mi móvil (excepto las de mis padres porque tampoco estaba para buscar movida) y empecé a tomarme eso de contestar a los mensajes o a los DMs con calma. ¿En qué se tradujo? En que si me pillabas en el autobús yendo al trabajo o a la universidad y tenías la casualidad de que estaba metida en la app, te contestaba a los segundos. Si eso no pasaba (que era lo habitual) y lo que me contabas no era una emergencia, podían pasar semanas para que te contestara.

¿Y sabéis qué ocurrió? Que mis amigos me siguieron queriendo. Los compañeros que venían a por dudas, o se esperaban, o se buscaban la vida. El mundo no se acababa. Y yo vivía muchísimo más a gusto, no os voy a mentir. También es verdad que hubo gente que se extrañó e incluso me preguntó al respecto. Mi respuesta fue muy simple: estoy muchas horas trabajando, estudiando, durmiendo o disfrutando del tiempo cara a cara con la gente a la que adoro. Si es algo importante, llámame y lo hablamos al momento.

Nadie tuvo problemas, y con muchísima gente ni siquiera hizo falta esa conversación. Simplemente se dieron cuenta de la nueva dinámica y me llamaban si era urgente. No obstante, aquí surgió otro problema, porque hay cosas de las que te enteras por Whatsapp, Telegram, Instagram, Twitter… que necesitas tener dentro de tu sistema.

¿Y qué haces con todo eso que necesitas capturar?

Y como digo siempre, mi sistema es donde me pica me rasco. ¿Qué hice? La mayoría (por no decir todas) las apps de mensajería instantánea tienen la opción de desactivar el read receipt (el doble check azul de Whatsapp de toda la vida). Y como tampoco quería quedar mal (o demasiado mal) con nadie lo desactivé. Cuando salía de trabajar leía por encima los mensajes nuevos. Si había información que capturar, le hacía una captura de pantalla y me la enviaba con braintoss al email; si era una contestación rápida simplemente contestaba… Y así iba archivando todos los chats que ya estaban “aclarados” (todo lo que no es cero, es ruido). Y cuando los mensajes no eran dándome “trabajo” o pidiéndome cosas, simplemente los iba contestando cuando tenía un rato, porque al final me encanta hablar con mis amigos, no me malinterpretéis. Pero sí me fue muy útil ir quitando de mi vista todas esas conversaciones con las que ya no tenía que hacer nada más.

Al principio esto funcionaba muy bien, pero apareció el segundo problema. Hay gente vive pegada al Whatsapp, y muchas veces te contestan al segundo de haberles enviado un mensaje. Esto es muy de agradecer si les estás pidiendo algo, pero cuando estás intentando dejar a cero los mensajes, puede llegar a frustrar un poco. Así que lo que decidí fue apagar el WiFi y los datos mientras estuviera con ello y volver a activarlos con normalidad cuando salía de la app. Así, no tenía riesgo de que me vieran en línea. Los mensajes se enviaban cuando yo ya había salido y todo lo que viniera después ya podría gestionarlo en otro momento.

¿Y con lo que capturas?

Dependiendo del momento, determinadas conversaciones siguen siendo eso, conversaciones, o pasan a ser acciones de las que no me quiero ocupar en ese momento. Por ello y para evitar que se me olvide hacer nada con ellas tengo un contexto @móvil en el que tengo acciones como “escuchar los audios de x acerca del erasmus”, “ver los vídeos que me ha mandado x de la investidura de López Obrador para Antropología Política” hasta “enviar un audio a x contándole el drama de la fiesta del viernes”.

Para terminar, solo decir que habrá muchas personas que no se sientan identificadas con lo que yo cuento, y es normal. Porque nuestras realidades son diferentes. Pero igual que en los cursos de GTD siempre hay un porcentaje de gente que está agobiada con el email y que siente que el email se ha convertido en su trabajo, conozco a muchísimos estudiantes que han sentido esta sensación de agobio cuando hablamos de los mensajes instantáneos. No sé cuál será la realidad en la que viviréis vosotros, pero en mis círculos; mis compañeros de clase, mis amigos e incluso a loschavaless a los que doy clase se quejan de lo abrumadoras que llegan a ser estas redes sociales. 

Sé que sólo he hablado de WhatsApp (también es aplicable a Telegram) y que la realidad del móvil es mucho más compleja. A lo mejor en un futuro me animo y escribo otros posts hablando de cómo gestiono el resto de las redes sociales. Pero os aviso de que no hay sólo una forma correcta de gestionar esto. Esta es la mía y os la comparto por si os puede ser útil o queréis copiarme aunque sea una sola cosa. Y tú, ¿cómo lo haces?

 

Categorías
Reflexiones

He vuelto a escribir poemas

El post de esta semana es un poquito distinto. Algo más alejado de lo que suelo escribir. Llevamos muchos días de cuarentena. No sé ni cuántos a estas alturas. Y hoy, después de muchísimo tiempo, he vuelto a acabar un poema.

Creo que en algún sitio he comentado ya que soy una poeta frustrada. Y digo frustrada porque no sé si lo que escribo podría considerarse poema. Pero yo lo vivo mucho cuando lo escribo. Y hay un par de versos que riman entre ellos. También digo frustrada porque nunca decido cuándo puedo ponerme a escribir. Simplemente una frase se me queda atascada en la cabeza y no se va hasta que no escribo un poema sobre ella.

Llevaba casi dos años sin escribir regularmente y muchos meses sin terminar un poema que me convenciera. Vivimos vidas tan caóticas que ser creativos a veces es complicado.

Pero el otro día encontré un viejo cuaderno. En él, había entradas estilo diario con pequeños poemas en los costados. Y sentí que me había olvidado de eso que tanto me gustaba hacer.

Esa idea se quedó ahí, dando vueltas. Pero una tarde, una frase se quedó atascada, como hacían antes, y abrí el bloc de notas y empecé a escribir.

¿Qué tiene que ver esto con la efectividad? Pues muy buena pregunta. Cada pequeña cosa de mi entorno ha dado lugar a este momento.

Aproveché la cuarentena para hacer «limpieza de primavera» con mi sistema. Me siento más en la tabla que nunca.

Como parte del “sé creativo” he añadido una pequeña acción en mi checklist semanal: ordenar un cajón, una balda, una estantería… de mi cuarto a la semana. Ahí fue cuando encontré el cuaderno. Hasta que no lo encontré, ni me acordaba de cuanto disfrutaba escribir.

Vi que las rutinas me funcionaban, y al igual que nos enfrentamos a la incertidumbre de puertas a fuera, de puertas a dentro vivimos en entornos bastante controlables. Así que no necesito mi Sistema 2 para funcionar a lo largo del día. Puede dedicarse a pensar de verdad.

Gracias al hábito de capturar, tengo un sitio donde apuntar (y escribir) un poema entero en cualquier sitio. Pero no es sólo la herramienta, también tengo el hábito de que esa frase me «salte», me llame la atención y sepa no perder el tiempo dándole más vueltas.

Me conozco bien. Sé qué me hace sentirme bien, estar a gusto y ser más productiva. Sé que el café que me tomo con mi hermana después de comer —mientras nos conocemos mejor de lo que habíamos hecho en toda nuestra vida—, hace que me den más ganas de seguir estudiando por las tardes. Sé que hacer yoga con mi madre, hace que la clase virtual que sale regular —porque la profesora no acaba de dominar las nuevas tecnologías— se haga más amena.

Son tiempos duros y sé que tengo mucha suerte de poder aprovechar este momento en vez de sufrirlo. Y lo estoy haciendo. He vuelto a escribir poemas. He revisado mis niveles de perspectiva. Y sé que no tengo claro quién quiero ser, pero estoy dando pasitos en la dirección correcta. Y me siento en control.

Este poema no estaba en mis listas. No pasó por el flujo de trabajo ni acabó en uno de mis contextos. Pero fui capaz de escribirlo porque mi sistema GTD existía. La persona que somos no tiene porqué ejecutar siempre a partir de nuestras listas. Y, cuando siempre haces con la confianza de que estás haciendo lo que más sentido tiene hacer en cada momento, hay momentos en los que puedes permitirte hacer cosas distintas.

Espero que os estéis cuidando mucho. Muchísimo ánimo 😊

Categorías
Metodologías

La herramienta GTD perfecta

Otra de las peticiones que surgieron en mi post de hace un par de semanas fue una pregunta sobre la herramienta que yo utilizaba. Es cierto que he hablado de cambios de herramientas, pero nunca he entrado en detalle. Esto ha sido por dos motivos. El primero es que hay grandes guías para implementar el sistema en distintas plataformas. La serie de mi compañero Jordi sobre Todoist o el post de David Torné sobre implementar el sistema en papel son dos grandes ejemplos. El segundo motivo —y el más importante— es que la herramienta da igual.

Creo que ya he comentado alguna vez que, pese a mis años de experiencia con la metodología, me he caido de la tabla un número récord de veces. Y muchas de esas veces he cambiado de herramienta por esa falsa sensación de que en una nueva herramienta evitarás cometer los errores que hicieron que te cayeras de la tabla la vez anterior.

He probado todas, desde las más simples y de baja tecnología —como el propio papel o  Google Documents— a herramientas más sofisticadas —como Nirvana o Todoist—. ¿Y sabéis qué? Ninguna herramienta implementa GTD por ti.

Después de mi último gran tortazo contra el agua, decidí volver al papel, y estoy muy contenta. Pero no puedo evitar pensar que ese sentimiento y esa implementación casi perfecta de GTD que estoy llevando a cabo ahora tiene más que ver con que mi vida es casi del todo predecible que con la herramienta.

Ahora mismo, en la Red tenemos mucho trabajo desarrollando los cursos en virtual y aprovechando el parón para sacar trabajo adelante. Además, la universidad está intentando adaptarse a la situación que todos vivimos y los cambios son radicales —y de un día para otro— y, aún así, lo único caótico ahora mismo es lo que tengo que hacer.

Me explico. No tengo que gestionar los atascos yendo a la universidad, las reuniones que me coinciden con las clases, los cumpleaños de amigos míos, o los cursos que coinciden con una fecha de entrega. Cuando el agua está más calmada, es más complicado que llegue esa ola que te tire.

De todas formas, ya sabéis que mi sistema está en constante cambio. Tengo un par de posts pensados para #gtd4students a raíz de este cambio al papel (y aplicables a todas las herramientas). Pero a raíz de este tema, sí que me gustaría compartir con vosotros qué hace casi siempre que yo me caiga de la tabla.

Yo tengo casi todos (por no decir todos) los hábitos de GTD bastante interiorizados. Aunque me caiga de la tabla —y deje de confiar en mi sistema— sigo capturando, revisando y muchas veces incluso aclarando los inputs que entran en mi mundo. Pero cuando estoy estresada, las cosas que me preocupan no se van de mi cabeza. No por miedo a que se me olviden (al principio) sino porque me angustian; me da miedo no hacerlas bien; o siento que no tengo el tiempo que me gustaría para dedicarles.

Entonces cometo el terrible error de dejar de mirar mis listas para ejecutar. Tengo un sistema de listas completo, actualizado y accionable y, aún así, me siento delante de mis apuntes y me pongo a hacer eso que más quema – o lo que mi mente estresada cree que es lo más quema –. Eso al final consigue que me empiece a olvidar de hacer cosas y me sienta fuera de la tabla por completo.

Y estoy aún por encontrar la herramienta que me obligue a ejecutar correctamente quiera yo o no. A lo que quiero llegar es a que si tenéis dudas sobre cómo implementar GTD en alguna herramienta (y sobre todo en Google Documents o en papel) no dudéis en hacérmela; pero no os centréis en eso. La herramienta no es más que un medio para un fin, y quitándole algún que otro añadido, cualquier sistema de listas sirve de sobra.

Sé que me repito un poco, pero obsérvate y fíjate por dónde se te escapa la metodología. Luego céntrate en corregir eso. La herramienta llegará sola. Muchísima suerte y cuidaos mucho 😊

Categorías
Off-topic

¿Qué te sería útil llevarte?

Hola! Lo primero, decirte que este post no es cómo los habituales, pero ¿qué lo es en estos momentos? He tenido mucho tiempo para pensar últimamente (como es entendible). Y todo el tiempo que no he estado pensando en el tema del momento, he estado ocupando mi mente con otros temas: qué nuevas rutinas pueden ayudarme con mi nueva realidad; angustiándome por toda esa gente a la que quiero y a la que no puedo acompañar en estos momentos; he pensado en vosotros, en mi trabajo, en este blog…

Y me he dado cuenta de que, desde el principio, casi siempre he hablado de mí. Desde que empecé a escribir, asumí que todos sabíais a la perfección cómo vivir con GTD integrado en vuestra vida, que ibais a poder entender todas esas cosas que me pasan o todas esas reflexiones que se cruzaban por la cabeza de una niña que aprendió a decir papá, mamá y GTD casi al mismo tiempo. Y aunque estoy segura de que me entiendes me gustaría, sobre todo ahora, escribir más para ti que para mí.

No me malinterpretes, no me he quedado sin ideas, pero hace solo unos minutos he empezado a escribir un post distinto en el que relacionaba una frase de Nietzsche con una mala práctica de GTD, y me he tenido que decir a mi misma: “Marta, es momento de parar”. No te preocupes, ese post llegará, pero no ahora. Ahora es el momento de estar más unidos que nunca, y no puedo evitar sentirme extraña si intento seguir escribiendo como si nada hubiese pasado.

Así que esta semana, que estamos todos (o todos los que podemos) en casa, lo que quiero es preguntarte qué contenido quieres ver. ¿Quieres que explique cómo interioricé yo cada paso? ¿por qué después de casi 10 años utilizando la metodología me sigo cayendo de la tabla? ¿cómo es vivir en una casa en la que GTD es un miembro más de la familia?…

Siempre digo que este blog es tan mío como vuestro, pero siento que a veces no predico con el ejemplo.

Así que, todo dicho, ¿sobre qué quieres que escriba?

Mucho ánimo y cuídate mucho a ti y a los tuyos. Hasta la semana que viene 😊