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Me han dado ganas de volver al papel

Ya comentaba la semana pasada que últimamente estoy más ocupada de lo que había estado anteriormente. Al igual que mi mundo cambia, la manera en la que interacciono con mi sistema lo hace también. Tras caerme de la tabla en navidades, cambié de herramienta, después de muchísimos años usando la misma. Y hace un par de semanas, me entraron unas ganas horribles de volver al papel —la primera herramienta que yo utilicé cuando aprendí GTD—.

No pude evitar que esto me recordara a una situación, que nada tiene que ver, pero sorprendentemente es muy similar a la que viví hace un año y medio. Yo acababa de terminar el instituto, estaba empezando la universidad y todo a mi alrededor estaba cambiando. Veía menos a mis amigos de toda la vida; algunas de las personas que más unidas habían estado a mí habían desaparecido de un día para otro; había pasado de profesores que se sabían toda mi vida a profesores que no se acordaban de mi cara si me veían por los pasillos. Al final, mi instituto era pequeño, los profesores nos conocían, mis compañeros habían sido los mismos desde primaria.Todo estaba dentro de mi zona de confort.

Un día, sin venir mucho a cuento, le envié un mensaje a mi mejor amiga: «tía, mañana acompáñame a la peluquería por favor». Al día siguiente nos presentamos allí y —con una sonrisa— le dije a la peluquera «quiero raparme al 2».

No os voy a dar muchos detalles de la situación, pero os podéis imaginar el poema que fue su cara en cuanto pronuncié esa frase. Y la cara de toda la gente de mi entorno cuando —de un día para otro— pasé de llevar una melena que me llegaba a la altura del pecho a tener el pelo del mismo largo que las cejas.  

Y es que al final yo (y creo que mucha más gente), cuando siento que toda mi vida se escapa de mi control, me centro en un solo aspecto que sí puedo controlar y lo cambio. Sólo por el hecho de que así reafirmo que, en el fondo, sí que tengo las cosas controladas.

Con la herramienta que usamos en nuestro GTD al final pasa un poco lo mismo. Adquirir los hábitos de GTD cuesta, y hay veces que nos es más fácil controlar la herramienta que a nosotros mismos.

Hasta hace poco, aunque tuviera más trabajo que tiempo para hacerlo, las cosas que se habían quedado sin hacer no tenían tanta importancia. Cuando le comenté esto a mi padre su respuesta fue clara «no puedes esperar que tu GTD funcione igual, si tu situación vital se ha vuelto mucho más compleja».

Al final, por una serie de casualidades, la vida que tengo y que tendré hasta que acabe el año es algo más caótica frente a lo que estaba acostumbrada. Y no siempre es fácil acostumbrarse y recibir bien los cambios. Sí, he de confesar que he vuelto al papel. Igual que me rapé el año pasado. ¿Soluciona eso algo? Para nada, pero me hace sentir mejor 🙂

GTD es un camino y nadie te dice cómo tiene que ser el tuyo. Pero sí creo que es necesario hacer autoanálisis y ver por qué hacemos las cosas que hacemos. Cuando abandonamos GTD, ¿lo hacemos realmente porque no nos funciona o porque no estamos dispuestos a cambiar nuestros hábitos? Si cambiamos de herramienta ¿lo hacemos porque la herramienta que usábamos no funcionaba, o porque nos estábamos cayendo de la tabla sin saberlo? Cuando decimos que GTD nos aporta más estrés ¿es realmente así, o sólo nos está haciendo ver que ignoramos cosas de manera consciente en vez de qué nos exploten en la cara?

Para mí, la información nunca está de más, para bien o para mal. Y esto lo digo en un doble sentido. Usar bien GTD hace que tengamos más información y que ejecutemos, es decir, que elijamos qué hacer en cada momento sabiendo qué es lo que tiene más sentido hacer. Nos hace saber si hemos elegido bien a lo largo de la semana, cómo de alineados estamos con nuestros horizontes de enfoque… Y, por otro lado, el autoanálisis —escuchar lo que nuestras elecciones y nuestras decisiones nos dicen de quienes somos y de por qué hacemos las cosas que hacemos— también es útil, para no echar balones fuera, para saber nuestros puntos débiles, nuestros puntos fuertes…

Si te dan ganas de volver al papel, de separar tu GTD profesional del personal, o de teñirte el pelo de rubio, hazlo. Pero escucha lo que eso te dice, porque muy pocas elecciones, por irracionales que parezcan, las tomamos al azar. 

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