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Mes: marzo 2020

¿Qué te sería útil llevarte?

Hola! Lo primero, decirte que este post no es cómo los habituales, pero ¿qué lo es en estos momentos? He tenido mucho tiempo para pensar últimamente (como es entendible). Y todo el tiempo que no he estado pensando en el tema del momento, he estado ocupando mi mente con otros temas: qué nuevas rutinas pueden ayudarme con mi nueva realidad; angustiándome por toda esa gente a la que quiero y a la que no puedo acompañar en estos momentos; he pensado en vosotros, en mi trabajo, en este blog…

Y me he dado cuenta de que, desde el principio, casi siempre he hablado de mí. Desde que empecé a escribir, asumí que todos sabíais a la perfección cómo vivir con GTD integrado en vuestra vida, que ibais a poder entender todas esas cosas que me pasan o todas esas reflexiones que se cruzaban por la cabeza de una niña que aprendió a decir papá, mamá y GTD casi al mismo tiempo. Y aunque estoy segura de que me entiendes me gustaría, sobre todo ahora, escribir más para ti que para mí.

No me malinterpretes, no me he quedado sin ideas, pero hace solo unos minutos he empezado a escribir un post distinto en el que relacionaba una frase de Nietzsche con una mala práctica de GTD, y me he tenido que decir a mi misma: “Marta, es momento de parar”. No te preocupes, ese post llegará, pero no ahora. Ahora es el momento de estar más unidos que nunca, y no puedo evitar sentirme extraña si intento seguir escribiendo como si nada hubiese pasado.

Así que esta semana, que estamos todos (o todos los que podemos) en casa, lo que quiero es preguntarte qué contenido quieres ver. ¿Quieres que explique cómo interioricé yo cada paso? ¿por qué después de casi 10 años utilizando la metodología me sigo cayendo de la tabla? ¿cómo es vivir en una casa en la que GTD es un miembro más de la familia?…

Siempre digo que este blog es tan mío como vuestro, pero siento que a veces no predico con el ejemplo.

Así que, todo dicho, ¿sobre qué quieres que escriba?

Mucho ánimo y cuídate mucho a ti y a los tuyos. Hasta la semana que viene 😊

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Y yo preocupada por el doctorado…

Vamos a ver. Soy muy consciente de que muchos de nosotros (por no decir todos) estamos un poco cansados del monotema. No estoy subestimando la gravedad del asunto, pero entiendo que todos llevamos con lo mismo en la cabeza muchos días y puede ser algo agotador (sobre todo, porque es una de esas cosas que, aunque las capturemos y aclaremos, poco podemos hacer). Aún así, no he podido evitar escribir una pequeña reflexión al respecto.

Si habéis estado leyendo mis últimos posts, sabéis que mi vida últimamente ha sido algo caótica, sobre todo a nivel de horarios. Y yo hacía todo lo que estaba en mi mano por tenerlo todo bajo control: hacer rutinas para ir con mi Sistema 1 por la vida; cambiar la herramienta de mi sistema para poder tenerlo todo controlado; pensar en mi propósito y mi futuro para tener claros mis horizontes de enfoque… Básicamente un montón de cosas que ahora sirven entre cero y nada.

Y en las últimas semanas, hemos visto una plaga de langostas en África, cómo las calles de Argentina se inundaban de sangre, luchas de monos en Tailandia y ahora estamos todos encerrados en casa por culpa de una pandemia mundial. Si a mí me cuentan esto en diciembre, no me lo creo.

Y pese a todo, el mundo ha respondido a estos sucesos de una manera tan humana que me emociona. Muchos cantantes están dando conciertos en streaming por Instagram, hay fisioterapeutas haciendo tablas de ejercicios gratuitas por la cuarentena, el MET ofrece una semana de Ópera gratuita por su web, museos como el Prado y el Thyssen están ofreciendo imágenes y visitas guiadas online a través de sus webs… Y cómo esto millones de cosas más.

Las prioridades de todo el mundo, las rutinas, la manera incluso de concebir su propio oficio, ha cambiado en cuestión de días. Y aún así, nos esforzamos muchas veces en controlarlo todo, en planificar cada minuto de cada día. ¿Para qué?

Nunca hemos podido controlar lo que nos pasa y ahora encima tenemos menos tiempo de reacción. Vivimos en un mundo que cambia a una velocidad vertiginosa y lo único que podemos hacer es ir adaptándonos a los cambios que van surgiendo.  Una cosa que no sabía —y que es grato descubrir— es que GTD está a prueba de pandemias. Si de verdad no te puedes sacar el tema de la cabeza, cápturalo. ¿Qué es? ¿Qué significa para ti? ¿Requiere acción? A lo mejor llamar a tus familiares un ratito todos los días hace que la ansiedad disminuya. Puede que si sacas algo de tus listas algún día/tal vez, la cuarentena se pasa de manera más amena. A lo mejor es el momento de empezar esa novela, de pintar ese cuadro, de aprender ese idioma por Duolingo.

Y pese a todo, son momentos complicados, estresantes y de incertidumbre. Cómo casi todo lo que nos pasa. Pero podemos aprovechar este tiempo de silencio, de aislamiento, para reflexionar sobre nuestra vida. ¿Qué echamos de menos? ¿A quién echamos de menos? El saber —y el saber sobre nosotros mismos y sobre nuestra vida— nunca ocupa lugar. Más que nunca, es el momento de escuchar lo que nos decimos.

Si me llevo algo positivo de esto, es que nunca sabemos qué va a pasar mañana. Que por mucho que intentemos planificar nuestro futuro al detalle, a lo mejor lo que está sucediendo —sin que nos enteremos— son las diez plagas de Egipto y mañana amanecemos con una plaga de ranas. Estas situaciones sacan lo mejor y lo peor de nosotros y, aunque parece que tenemos poco campo de actuación, siempre hay cosas que se pueden hacer. Al final, Newton cambió la historia de la física en una cuarentena y Shakespeare escribió muchas de sus obras durante un confinamiento por una pandemia de peste. También es cierto que quedarse en el sofá y ponerse al día con «Élite» es un plan igualmente válido. Y a todo esto, ¿tú que vas a hacer?

PD: Para todas las personas que puedan estar sintiendo que esta situación les supera, les mando todo mi apoyo y me ofrezco a ayudar de la única manera que sé. Hablad conmigo todo lo que queráis, por mis redes sociales, por este blog que es tan mío como vuestro, por el Telegram de Aprendiendo GTD… De lo que queráis, de productividad, de antropología, de música, de tarot, de deporte… Es un momento de estar juntos, aunque estemos separados :). Muchísimo ánimo y cuidaos mucho.

 

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Me han dado ganas de volver al papel

Ya comentaba la semana pasada que últimamente estoy más ocupada de lo que había estado anteriormente. Al igual que mi mundo cambia, la manera en la que interacciono con mi sistema lo hace también. Tras caerme de la tabla en navidades, cambié de herramienta, después de muchísimos años usando la misma. Y hace un par de semanas, me entraron unas ganas horribles de volver al papel —la primera herramienta que yo utilicé cuando aprendí GTD—.

No pude evitar que esto me recordara a una situación, que nada tiene que ver, pero sorprendentemente es muy similar a la que viví hace un año y medio. Yo acababa de terminar el instituto, estaba empezando la universidad y todo a mi alrededor estaba cambiando. Veía menos a mis amigos de toda la vida; algunas de las personas que más unidas habían estado a mí habían desaparecido de un día para otro; había pasado de profesores que se sabían toda mi vida a profesores que no se acordaban de mi cara si me veían por los pasillos. Al final, mi instituto era pequeño, los profesores nos conocían, mis compañeros habían sido los mismos desde primaria.Todo estaba dentro de mi zona de confort.

Un día, sin venir mucho a cuento, le envié un mensaje a mi mejor amiga: «tía, mañana acompáñame a la peluquería por favor». Al día siguiente nos presentamos allí y —con una sonrisa— le dije a la peluquera «quiero raparme al 2».

No os voy a dar muchos detalles de la situación, pero os podéis imaginar el poema que fue su cara en cuanto pronuncié esa frase. Y la cara de toda la gente de mi entorno cuando —de un día para otro— pasé de llevar una melena que me llegaba a la altura del pecho a tener el pelo del mismo largo que las cejas.  

Y es que al final yo (y creo que mucha más gente), cuando siento que toda mi vida se escapa de mi control, me centro en un solo aspecto que sí puedo controlar y lo cambio. Sólo por el hecho de que así reafirmo que, en el fondo, sí que tengo las cosas controladas.

Con la herramienta que usamos en nuestro GTD al final pasa un poco lo mismo. Adquirir los hábitos de GTD cuesta, y hay veces que nos es más fácil controlar la herramienta que a nosotros mismos.

Hasta hace poco, aunque tuviera más trabajo que tiempo para hacerlo, las cosas que se habían quedado sin hacer no tenían tanta importancia. Cuando le comenté esto a mi padre su respuesta fue clara «no puedes esperar que tu GTD funcione igual, si tu situación vital se ha vuelto mucho más compleja».

Al final, por una serie de casualidades, la vida que tengo y que tendré hasta que acabe el año es algo más caótica frente a lo que estaba acostumbrada. Y no siempre es fácil acostumbrarse y recibir bien los cambios. Sí, he de confesar que he vuelto al papel. Igual que me rapé el año pasado. ¿Soluciona eso algo? Para nada, pero me hace sentir mejor 🙂

GTD es un camino y nadie te dice cómo tiene que ser el tuyo. Pero sí creo que es necesario hacer autoanálisis y ver por qué hacemos las cosas que hacemos. Cuando abandonamos GTD, ¿lo hacemos realmente porque no nos funciona o porque no estamos dispuestos a cambiar nuestros hábitos? Si cambiamos de herramienta ¿lo hacemos porque la herramienta que usábamos no funcionaba, o porque nos estábamos cayendo de la tabla sin saberlo? Cuando decimos que GTD nos aporta más estrés ¿es realmente así, o sólo nos está haciendo ver que ignoramos cosas de manera consciente en vez de qué nos exploten en la cara?

Para mí, la información nunca está de más, para bien o para mal. Y esto lo digo en un doble sentido. Usar bien GTD hace que tengamos más información y que ejecutemos, es decir, que elijamos qué hacer en cada momento sabiendo qué es lo que tiene más sentido hacer. Nos hace saber si hemos elegido bien a lo largo de la semana, cómo de alineados estamos con nuestros horizontes de enfoque… Y, por otro lado, el autoanálisis —escuchar lo que nuestras elecciones y nuestras decisiones nos dicen de quienes somos y de por qué hacemos las cosas que hacemos— también es útil, para no echar balones fuera, para saber nuestros puntos débiles, nuestros puntos fuertes…

Si te dan ganas de volver al papel, de separar tu GTD profesional del personal, o de teñirte el pelo de rubio, hazlo. Pero escucha lo que eso te dice, porque muy pocas elecciones, por irracionales que parezcan, las tomamos al azar. 

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Planificación adaptativa, también en tus rutinas

Desde que volví a empezar las clases mi vida ha sido un poco caótica. Mis horarios hacen que a veces pase 11-12h en la facultad, cada vez voy menos al gimnasio, y mi estantería se va llenando de libros a una velocidad que no concuerda con el tiempo que últimamente tengo para leer.

No me malinterpretéis, no me quejo. La vida de muchos compañeros míos de clase se parece mucho a lo que relato. Y la verdad es que tener un GTD sólido ayuda a mantenerse a flote. Pero me he visto en la necesidad últimamente de hacer algo que no había hecho nunca.

Yo siempre he sido una persona que ha huido de las rutinas. Exceptuando las clases y los compromisos con hora, tendía a ir aprovechando cada momento del día para hacer cosas distintas. Además tiene sentido, la planificación adaptativa parece contraria a hacer siempre lo mismo en el mismo orden.

Pero ahora, muchas de las cosas que tengo que hacer son compromisos con otras personas, y van con hora. Es decir, a las 8.25h mi hermana entra en el instituto, y si quiero verla un rato durante el día, tengo que acercarla en coche por las mañanas. Tengo clase a las 11h todos los días, por lo que tengo siempre dos horas muertas en las que puedo hacer cosas. Las reuniones de la red suelen ser a última hora de la tarde y casi siempre los mismos días. Imparto clases particulares de inglés dos días a la semana (los dos que no tengo clase por la tarde también). El gimnasio está abierto hasta las 22h y si quiero ver a mis padres, en mi casa se cena entre las 20.30 y las 21h.

Después de unas semanas con ese horario, me di cuenta de que los días más productivos solían ser los que estaban predefinidos previamente. Si yo cada vez que dejaba a mi hermana en el instituto, me preguntaba si volverme a casa o irme a la universidad, acababa procrastinando la decisión, dando vueltas y quitándome mucho rato de tiempo productivo.

Me pasaba lo mismo con los días que tengo clases por la tarde. Si cada día me paraba a pensar en si me compensaba irme a mi casa y volver, o quedarme, acababa no aprovechando ninguna de las dos opciones. Cuando un día me quitaban alguna clase, a lo mejor decidía quedarme durmiendo en vez de llevar a mi hermana y eso hacía que mis ciclos de sueño estuvieran manga por hombro una semana. Así que, empecé a tomar decisiones fijas.

Independientemente de que lleve a mi hermana o no, intento despertarme a la misma hora todos los días. Y estar en la universidad alrededor de las 9. Esas dos horas las aprovecho para trabajar o estudiar, igual que los días que me quedo en la universidad hasta tarde. También tengo horarios fijos de gimnasio que intento cumplir, si veo a mis amigos el fin de semana, intento no volver muy tarde y no despertarme más de una 1h-1.30h más tarde de lo habitual.

Es verdad que me siento en la obligación de decir que no planifico. Abro mi sistema cada vez que voy a ponerme a hacer cosas y decido en función de lo que tiene más sentido hacer. Y mis rutinas no son inamovibles, si surgen imprevistos (que lo hacen) si que valoro si tiene sentido cambiar algo. Pero no es la norma.

Al final, la fatiga de decisión es algo que existe. Y cuando tus días se parecen mucho, por lo menos en mi caso, no tenía sentido no tener un plan predefinido. Si no tienes que usar toda tu energía mental en decidir qué hacer, puedes utilizarla en realmente ser creativo y eficiente cuando te pones a hacer las cosas que importan.

Es básicamente lo que predica GTD, si podemos elegir en vez de decidir cada vez que nos ponemos a ejecutar, podemos utilizar toda esa energía mental en lo que sea que hagamos, alcanzando mejores resultados. A más rutina, menos sistema 2.

Por eso es tan útil aplicar la planificación adaptativa, también en tus rutinas. Porque te permite (o al menos me lo permite a mí) ser tu yo más espontáneo cuando más le puedes sacar provecho. 

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