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Mes: diciembre 2019

Gracias de una moñas muy feliz

Hoy hace justo tres meses que se publicó mi primer post en este blog. Reconozco que después de leer el post de Jordi, siento que el listón está muy alto y me da miedo que lo que diga quede pequeñito en comparación, pero haré todo lo posible por mantener el nivel, porque a mí también me gustaría, como último post de 2019, hacer un poquito de autoanálisis.

Recuerdo que, en las Jornadas de septiembre, cuando me dijeron que tenía que empezar a escribir semanalmente en un blog, solo sentí miedo. Sí, es cierto que siempre he escrito, pero sobre muchas cosas, y creedme que ninguna tenía nada que ver con la efectividad. Pensé que no iba a saber qué contar. No iba a conseguir que, en tan poquito espacio, salieran cosas decentes. Pero empecé las clases y mi profesor de Estructura Social nos mandó un trabajo un poco fuera de lo común. En una carrera en la que escribir siete páginas es lo mínimo que te piden por trabajo, nos pidió una pequeña reflexión acerca de unos datos del CIS que no tuviera más de 3000 caracteres con espacios. «Se pueden decir cosas inteligentes en 500 palabras o yo llevo haciendo el imbécil 20 años», nos dijo.

Y a lo mejor yo llevo haciendo el imbécil tres meses, aunque no lo creo. Seguro que me equivoco, un montón, y los que me acompañáis en este camino no tengáis ninguna vergüenza en decírmelo. Sé que llevo un estilo muy personal, puede que demasiado incluso. Sé que aún me quedan miles de cosas por aprender y que me quedan millones de piedras con las que tropezarme (pese a que me he caído ya mucho ;P no me malinterpretéis). Pero disfruto de lo que hago. He tenido que enfrentarme a muchos dilemas este año, sobre todo de septiembre a ahora, y seguro que por falta de madurez habré tomado decisiones erróneas, pero estoy contenta de estar donde estoy. De haber conocido gente maravillosa en el camino, de haber aprendido muchísimas cosas, de haberme sentado delante de la página en blanco cada semana y haber dicho ¿tengo algo que decir? Y sobre todo haber pensado ¿tengo algo que merezca la pena ser escuchado?

Por eso hay tantas referencias a mi vida, a la gente que conozco, porque movernos en el mundo de las ideas es fácil, pero creo que verle la utilidad y el uso real a lo que predicamos también es un buen ejercicio.

Sé que no llevo tantas horas de vuelo como mis compañeros, y confío en llegar a ser tan buena profesional un día como lo son ellos ahora (prometido que no es «peloteo» y que me pienso meter con ellos todo lo que pueda en mi siguiente post), pero sí son grandes ejemplos de los que aprender. Y me gustaría dar las gracias al azar por brindarme las oportunidades que han ido apareciendo en mi vida a lo largo de estos últimos años. De verdad que no quiero ponerme «moñas», pero poneos en mi piel. ¿Quién me iba a decir a mí que, con menos de 20 años, iba a tener a mi alcance tantas vías de aprendizaje, tantas oportunidades maravillosas y, sobre todo, alguien aparte de mi madre que quisiera leer lo que escribo y escuchar lo que digo? Por eso, quiero daros las gracias, a vosotros, los que me leéis, los que me compartís, los que habláis de mí en Telegram o Slack, los que me citáis en vuestros posts… Porque sé que todavía es un blog pequeñito, con poquita historia, de una chavala jovencilla, y eso hace que para mí tenga mucho más mérito que estéis ahí. 

Después de los 3000 caracteres, en los que espero haber dicho algo inteligente, quiero desearos a todos Felices Fiestas y Próspero Año, daros unas gracias muy grandes a todos los que me aguantais cada domingo y pediros que sigáis ahí conmigo,  porque aún me queda mucho por crecer y me gustaría hacerlo tan bien acompañada como hasta ahora.

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Cómo disfrutar de tu revisión semanal

Vale, ahora que os he engañado y habéis empezado a leer, voy a intentar ser lo más sincera posible con respecto a este hábito clave de GTD. La Revisión Semanal cuesta. Bueno no, me corrijo, la Revisión Semanal da pereza. Y no sé si a otros usuarios de GTD les pasará como a mí, pero da igual el tiempo que lleve usando esta metodología, sigue sin darme menos «palo» hacer una revisión completa. No me malinterpretéis, luego hacerla no es tan horrible, ni es para tanto, lo peor de todo es la antelación, el sentimiento justo antes de ponerte a revisar.

No obstante, después de muchos años de procrastinar y de caerme de la tabla por ser demasiado vaga, encontré una serie de tips que me ayudaron a no dejarla para el último momento, cuando la caída de la tabla era casi inminente. Hoy me gustaría compartir alguna de esas cosas que sigo utilizando actualmente para obligarme a hacer algo que, a fin de cuentas, tiene un impacto muy positivo en mi efectividad.

  1.       Hazla offline

Cuando estamos conectados, la información es interminable y no para de llegar. Ya sean emails, notificaciones de las RRSS o llamadas que te interrumpen y que te hacen perder la concentración. Durante mucho tiempo, yo hice mis revisiones semanales en el autobús los lunes yendo a la universidad. Lo que conseguía con eso es que, al no tener conexión a Internet, de repente se hiciera mucho más fácil estar concentrada en algo que de otra forma me daba mucha pereza. Si eres alguien que viaja con regularidad, aprovecha el viaje en avión/tren para poner el contador a cero. Si no, siempre puedes imitar lo que es estar desconectado. Pon el móvil en modo avión, desconecta la wifi del ordenador y ponte a revisar tus listas.

  1.       Autoengáñate

Haz que tu Revisión Semanal no te parezca tan horrible. Vete a tu cafetería favorita y pídete el Frapuccino que más te guste y que no te sueles permitir. Hazte algo de comer que te apetezca mucho y no te lo comas hasta que no hayas hecho tu Revisión Semanal. Pon tu música favorita de fondo mientras la haces o enciende tu vela aromática preferida y resérvatela para ese momento de la semana. Al final, une la Revisión Semanal, que no te apetece, a algo que te apetezca mucho hacer para que la media salga algo más neutral.

  1.       Tampoco te autoengañes demasiado

Cualquier Revisión Semanal es mejor que ninguna Revisión Semanal. Si no te da tiempo a aclararlo todo o no revisas tu incubadora, o no llegas a darle una puesta a punto a todos tus contextos, tampoco te estreses. Es mejor hacer una Revisión Semanal incompleta que autoengañarse diciendo que no tienes tiempo suficiente como para empezar y terminar, e ir posponiéndola.

  1.       Escucha a tu sistema

Sé lo que acabáis de pensar: «menuda flipada». Pero no os adelantéis. No me refiero a nada del otro mundo. Lo que pasa es que muchas veces dejamos de hacer la Revisión Semanal cuando más la necesitamos. No sé a vosotros, pero cuando yo estoy más estresada, empiezo a Aclarar peor, lo que se traduce de manera automática en que mi sistema se hace menos accionable. Al pasar esto, dejo de Ejecutar (refiriéndome a elegir qué hacer con confianza, sabiendo que estoy haciendo lo que tengo que hacer en cada momento) y empiezo a hacer sin revisar mis listas y por lo que en mi cabeza es más «urgente». Cuando dejo de confiar en mi sistema, es un indicador claro de que necesito hacer una Revisión Semanal. Esto hace que una vez mi sistema está a punto vuelva a ser más efectiva y vuelva a ejecutar, y también hace que la próxima Revisión Semanal me dé menos pereza, porque veo su valor añadido de manera muy inmediata.

  1.       Sé fiel a tus necesidades

Esto va muy ligado al consejo anterior. A lo mejor hay temporadas en las que te puedes permitir hacer la revisión cada 10 días, y otras en las que no hay por dónde coger tu sistema después de solo 5 días. Yo me di cuenta de que, si dejaba las acciones tachadas en vez de borrarlas de mi sistema, era más probable que hiciera mi Revisión Semanal, porque me dejaba de ser cómodo revisar mis listas. Que, en temporadas de estrés, necesitaba hacer más Revisiones Semanales que en las temporadas en las que estaba más relajada. También es posible, que seas una persona de rutinas y que te ayude hacerla siempre el mismo día a la misma hora. Fíjate en tus niveles de energía. A lo mejor no es lo más fácil hacerla cuando tienes bajos niveles de energía, o al revés, te parece más útil no malgastar tus picos de energía en hacer una Revisión Semanal.

Al final la Revisión Semanal es una de esas cosas que compensa con creces la pereza que da, y de hecho se nota mucho cuando dejas de hacerla. Cada uno sabe qué le ayuda y qué le complica el ser constante con los hábitos.  Yo te doy algunas ideas, pero al final tú eres quien mejor se conoce y esto no es más que ensayo y error.

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#GTD4Students (I) : Lo que me hubiera gustado saber

Cómo ya he mencionado en ocasiones, yo aprendí GTD cuando era muy pequeña, por lo que, hasta hace poco, mi GTD no estaba enfocado a una vida profesional sino a una vida de estudiante.

Cuando yo empecé a utilizarlo, en una de esas caídas de tabla, me convencí a mí misma de que esto no funcionaba porque GTD con eso de ser estudiante no acababa de empastar, pero después de mucho pelearme con mi sistema, me di cuenta de que el problema era mío, no de GTD.

Por eso me gustaría abrir hoy una serie en el blog que vaya de eso mismo, de usar GTD mientras eres estudiante. No solo porque creo que es importante que la gente joven se familiarice con esto, que GTD empiece a sonar en las universidades, en los institutos; que esa gente que luego llegará lejos ya sepa cómo gestionar sus inputs de una manera más efectiva. Sino porque creo que, cada vez más, es necesario no dejar de ser estudiante nunca. En un ambiente de constante cambio, el estar en aprendizaje constante es cada vez más importante, y todos podemos volver a ser estudiantes en un determinado momento.

Ya cuando estaba yo en la ESO nos empezaron a hablar de cómo había que organizarse si querías rendir bien académicamente. Lo primero de lo que hablaban es de que nos fuéramos olvidando de las actividades extraescolares. Que hiciéramos un planning de estudio y nos desglosaramos los temas que entraban en los exámenes para estudiar un poquito cada día. Que no dejaramos todo para el último momento. Que nos clasificáramos las tareas por importante y urgente…

Y yo veía a la gente de mi alrededor frustrada porque ese planning a diez días que había hecho para estudiarse los 10 temas de historia se iban pasando y ellos seguían atascados en el epígrafe 1.5 dos días antes del examen.

Pero ya hemos comprobado casi todos que los métodos de organización al uso no nos hacen procrastinar menos, ni cerrar los temas antes, ni tener mejores resultados. Por eso GTD debería sonar en los institutos, de manera correcta y no por lo que se ha oído en un programa de radio ni dos o tres pinceladas que va a hacer que la gente se vuelva escéptica con la metodología.

GTD es polifacético, y necesita ir cambiando según va cambiando tu vida, que vaya creciendo contigo, e igual que tu sistema no se mantiene idéntico según vas cambiando de puesto de trabajo, tampoco se mantiene idéntico cuando eres estudiante.

En esta serie hablaré de la importancia de los checklists, de la importancia de las listas y de cuales usar, de no tener herramientas que no te son útiles solo porque son super chulas, de no creerte más listo que tu sistema, de como transicionar de un sistema puramente académico a uno profesional y de varios problemas más a los que me he ido enfrentando a lo largo de mi camino con GTD.

Enfoco esta serie de esta manera porque es lo que conozco y con lo que me siento cómoda, pero nada de esto es exclusivo para estudiantes; cualquier persona necesita tener estos fundamentos claros en su implementación de GTD. Por ello, espero que os sea útil y que, aunque haga mucho que no pisáis un aula, os sirva de algo las peleas que mi yo rebelde de 13 años tuvo a la hora de implementar un sistema que a día de hoy forma parte de mi.

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Más GTD del que crees, pero menos del que piensas

El otro día, estaba dando una clase de conducir con otro chico y, mientras él conducía, mi profe me hablaba de una peli que no me podía perder. Cuando la busqué en Google me dijo, «hazle un pantallazo y luego la ves; en serio, tienes que verla». 

Eso es un hábito de GTD. Mi profesor estaba pidiéndome que lo capturase sin siquiera saber que eso se podía hacer. No quería que se me olvidara y sabía perfectamente que si no hacía algo con ello, en ese preciso momento, cuando acabara la clase se me habría olvidado. Por eso me pidió que hiciera algo para evitarlo. 

En nuestro día a día usamos herramientas de GTD sin saberlo, sin darnos cuenta. Por eso cuando leemos el libro de David Allen, todo nos suena familiar. «Esto no es tan distinto de lo que hago yo ya». Y eso es muy bueno y muy malo

Es malo porque nos da una falsa confianza de que tampoco tenemos que cambiar tantas cosas. De que el impacto de GTD no va a ser tan grande. Malo porque nos hace pensar que ya lo hacemos bien, que solo hay que matizar lo que ya tenemos. Y eso no es cierto. 

GTD es una manera radicalmente distinta de trabajar. No estamos acostumbrados a muchas de las cosas que son la columna vertebral de la metodología. Está muy bien que yo haga ese pantallazo, pero, ¿y si se queda en la galería hasta que se «muera» el móvil? ¿Qué ganamos con eso? Lo que esperaba mi profesor es que yo me acordara de que me había recomendado una película y fuese a mirar cual a mi galería, no que tomase una decisión más adelante. 

Separar la captura del aclarado y sobre todo el aclarar del hacer es, en mi opinión, de lo que más te aporta GTD. Si no vamos con la mente abierta, y pensamos que GTD es muy parecido a lo que ya hacemos, nos perdemos muchísimos matices que son esenciales para que esto funcione. 

Por otro lado, tener todos estos hábitos ya interiorizados es una gran ventaja a la hora de aprender GTD. Tener una lista de tareas que revisamos con regularidad; apuntar las cosas cuando nos llaman la atención; usar un calendario en el que solo ponemos fechas reales… Todo eso, nos está allanando el camino.

Pero GTD no sería lo que es si no conllevara una ruptura con lo que conocemos, con lo que nos sentimos cómodos. Cuando aprendas GTD, haz autoanálisis. ¿Qué llevas en tu mochila? ¿Qué de eso te sirve y qué deberías tirar? Es un proceso incómodo, porque hay que poner en cuestión determinados hábitos y creencias y eso no nos gusta, pero si te rindes porque te parece demasiado cercano, o demasiado lejano, te estás perdiendo algo que podría marcar una gran diferencia en tu vida. 

Ni subestimes ni sobreestimes GTD, pruébalo como es, y verás que ni es tan distinto, ni tan familiar como parece en un inicio.

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