Sentido y Armonía

El Blog de Marta Bolívar

Optima infinito

GTD no hace milagros, pero sí nos quita la chinita

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GTD no hace milagros, pero sí nos quita la chinita

Hace algunos meses le preguntaba a un amigo mío si había conseguido hacerme ese favor que hacía tanto le había pedido (era algo tan relevante que ya ni me acuerdo) y cuando me contestó que se le había olvidado (por decimoquinta vez) le dije que por favor, por su bien, viniera a mi curso de prueba de GTD, porque lo necesitaba como el comer.

Mi amigo en cuestión acababa de empezar un proyecto de empresa con su padre y un par de socios más, a la vez que intentaba tener vida social, sacarse una carrera universitaria e ir al gimnasio con regularidad. Cuando yo podía verle, lucía unas ojeras kilométricas y no podía estar más de quince minutos atento a aquello que estuviera haciendo sin: a) quedarse dormido o b) salir de la habitación porque le había llegado un email que le avisaba de un fuego inminente, una llamada de uno de sus socios, o algo que como mínimo, le hacía llevarse un buen susto.

Mi favor era lo de menos, y ambos lo sabíamos, así que cuando yo le mencioné, como tantas otras veces, «el maldito GTD», dijo con una sonrisa triste que él usaba TTGTD, Trying To Get Things Done.

En su momento me hizo gracia, y sabía a lo que se refería. Él intentaba llegar a todo y, más o menos, conseguía que todos los temas que tenía abiertos consiguieran seguir a flote, pero no podía evitar sentir que su vida era una constante sucesión de decisiones en las que se preguntaba «está semana qué parece que se va a hundir, y qué puedo hacer para evitarlo». Es verdad que se puede llevar una vida así, hasta puede que mucha gente te admire por aguantar tanto, pero en mi opinión la vida es demasiado corta como para vivirla a medias.

Es cierto que está muy normalizado que el sufrimiento y el estrés son sinónimos de éxito, pero para mí, que he estado rodeada de GTD desde muy pequeña, he visto que se puede ser exitoso y vivir sin estrés (o con el mínimo). Sufrir no da puntos, hacer las cosas con la sensación constante de que te estás ahogando no solo hace que tus resultados sean peores, sino que seas mucho más infeliz.

También opino que vivir bien es de valientes. Observar tu vida con un grado de distanciamiento y preguntarte si verdaderamente eres feliz así, si de verdad le estás dedicando tiempo a lo que te gusta, es algo duro y, sobre todo, que da mucho miedo, porque la respuesta que nos damos a nosotros mismos puede no gustarnos.

Mi madre siempre habla de que no hay que vivir con la chinita en los zapatos, y estoy de acuerdo. Es cierto que se avanza, y puede que no te retrase tanto ni te haga tanto daño, pero el camino es demasiado largo como para notar que algo te va pinchando cada vez que das un paso hacia delante. Vale, puede que tengas que detener la marcha un rato, descalzarte, buscar la chinita, volver a ponerte el zapato y acostumbrarte a andar sin algo que te llevaba acompañando tanto tiempo. Puede hasta que tus compañeros que han decidido no quitársela te hayan adelantado un poco, pero a largo plazo, merece la pena.

Empezar a usar GTD es hacer ese cambio, intentar que no vuelva a pasar y cómo tardar lo menos posible en solucionarlo si vuelves a sentir que no tienes nada bajo control. GTD no hace milagros, pero sí nos quita la chinita.

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