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Hay tantas cosas por hacer que no son trabajar

Muchas veces, cuando pensamos en mejorar nuestra productividad personal, sólo se nos viene a la cabeza responsabilidades, cosas que debemos hacer y cómo podemos hacer más de esas cosas más rápido.

En mi opinión, por eso a mucha gente le echa para atrás el tema de la productividad, porque al final vivimos una vida ajetreada en la que no nos apetece dedicarle a las responsabilidades más tiempo del que ya le dedicamos. A lo mejor pensamos incluso que hacemos lo suficiente, que no tenemos por qué hacer más.

Pero a diferencia del trabajo manual, el trabajo del conocimiento funciona de manera diferente; no todo el trabajo que hacemos aporta el mismo valor. Y aunque se podría hablar durante horas de cómo afecta la efectividad a nuestros resultados profesionales, sin necesariamente tener que trabajar más o más tiempo, en lo que me quiero centrar en el post es que hay miles de cosas que hacer en esta vida que nos hacen más felices y nos ayudan a crecer que no tienen porqué ser responsabilidades.

Al mezclar todas esas cosas en el mismo sistema, al entender que ese viaje que quieres hacer con tu familia es igual de importante y requiere un espacio tan válido en tu cabeza como el viaje de empresa que vas a hacer el mes que viene, te estás haciendo un favor.

Mucha gente que empieza a usar GTD, lo entiende como una herramienta puramente profesional, sin darse cuenta de que tenemos los mismos o incluso más compromisos personales que profesionales (no solo con tu entorno, sino contigo mismo).

No tenemos dos vidas, no tenemos el cerebro profesional y el cerebro personal, tenemos un único mundo, y las cosas que nos pasan en uno de los aspectos de nuestra vida repercuten en el otro.

Por ello es importante capturarlo todo, decidir sobre todo e integrarlo todo. Durante años había querido ir a Londres a ver uno de mis musicales favoritos, era una idea que tenía de manera recurrente, pero no me parecía relevante capturarla; en mi cabeza, yo ya había decidido que no requería acción. Pero un día decidí capturarlo, ya no me aguantaba más.

Verla en mi sistema y obligarme a pensar cuál era la siguiente acción física y realizable que debía hacer para que el tema avanzara se me hizo hasta ajeno. Al hacerlo me di cuenta de que ese musical solo estaba en Broadway, pero me inscribí a la newsletter y ese tema dejó de estar en mi cabeza.

Un año más tarde, me llegó un email diciendo que estaba por fin en Londres. Como era un tema que ya estaba en movimiento, yo había ahorrado, había mirado sitios, había ido avanzando de manera paralela en el proyecto, y me pude ir.

Lo que quiero decir con esto es que es cierto que los beneficios profesionales de GTD son muchos y muy amplios, pero muchas veces se nos olvida que nuestra vida no son solo nuestras responsabilidades, y tener un sistema que nos ayude a integrarlo todo y a darle un espacio proporcional a los distintos aspectos de nuestra vida es de las mejores cosas que podemos hacer.

Porque hay mil cosas que hacer que no son trabajar, y saber que es tan importante o más dedicarle el tiempo que requieren puede hacer que levantarnos por la mañana no nos cueste tanto, y que el día a día se nos haga un poquito más ameno.