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Mi GTD siempre ha sido «donde me pica, me rasco»

Yo empecé a usar GTD de una manera un poco cutre, para qué os voy a mentir. Debía tener unos 11 años cuando cogí un pequeño cuaderno y lo dividí en unas pocas secciones. Un par de contextos, una lista a la espera, un par de agendas, una incubadora y el Google calendar que tenía compartido con el resto de mi familia desde hacía unos años ya.

Según empecé a usarlo, a pesar de ser bastante simple desde un inicio, se hizo aún más simple. Lo que eran dos contextos: casa, cole; se convirtió en: mochila. Las dos agendas que tenía: mamá, papá; se convirtió en: padres. Acababa de empezar el instituto y es verdad que había empezado a usar GTD por lo que yo pensaba que era una necesidad, pero mi realidad no era compleja, por lo que no necesitaba un sistema complejo.

Según fui creciendo, aunque tenía menos horas del día ocupadas por cosas “de calendario” (las clases, las actividades extraescolares, los tiempos de tránsito…), seguía estando ocupada, y mi realidad se hacía menos simple. Las horas de natación no necesitaban capturarse, estaban puestas en mi calendario, y cuando me tocaba ir me subía al coche con mi madre y simplemente iba. Pero, de repente, empecé a trabajar de profe particular, y para llevar ejercicios que tuvieran que ver con lo que mi alumno estaba estudiando, llevar no solo mi calendario de exámenes sino el de mi alumno, necesitaba asegurarme de que tenía control acerca de todos los temas abiertos en mi mundo.

A la vez, mi vida académica también se hacía más compleja. De repente, los deberes que mandaban no eran tan obvios, no sabía qué tenía que hacer con ellos ni cuando los podía dar por terminados, algo que no me había pasado nunca.

Todo esto hizo que mi GTD fuera cambiando, fuera moldeándose para ser al menos tan enrevesado como lo era mi realidad. Cuando llegué a bachillerato, lo que había sido una revisión casi mensual pasó a ser una revisión semanal, con la posibilidad de repetir dos en la misma semana. Cuando empecé el instituto no sentía nunca mi vida fuera de control, en segundo de bachillerato muchas veces sentía que de lunes a viernes había perdido total control de mis proyectos, mis acciones, y las fechas límites que se acercaban.

Lo que era un pequeño cuaderno pasó a ser un documento de GDocs, porque me permitía llevarlo en el móvil y transportarlo a donde yo fuera, pero era lo más similar al papel, por lo que seguía siendo bastante simple y me sentía bastante cómoda usándolo. Hace poco que he empezado a capturar otro tipo de herramientas, porque estoy pensando en cambiarlo. Siento que ahora se me está quedando un poco corto, pero durante años, ha sido lo que mejor ha funcionado para mí.

Y lo que pretendo contaros con esto, es que para mí GTD siempre ha sido «donde me pica, me rasco». Cuando veía que tenía demasiados contextos, intentaba fusionar varios; si sentía que me faltaban, intentaba ver por dónde estaba cojeando; cuando la herramienta que usaba sentía que no cumplía mis necesidades, empezaba a buscar una que lo hiciera; si no me cuadraba, volvía a la anterior. Y me parece la mejor filosofía para empezar a usar GTD.

Cuando aprendemos GTD, queremos una herramienta súper sofisticada que cumpla todas las cosas que creemos que vamos a necesitar, pero la verdad es que eso es contraproducente. En mi opinión, debemos empezar lo más simple posible y rascarnos solo dónde nos pica.

 

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