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Mes: septiembre 2019

Tengo una memoria estupenda, lo olvido absolutamente todo

Hace unos meses tuve la suerte de asistir a la presentación del poemario “Las hormigas no madrugan”, de Bolo. No conocía al poeta y sólo fui porque unos amigos míos habían sido invitados para tocar con su grupo. Pero entre toda la parafernalia de la presentación, Bolo dijo una frase que me pareció brillante: “Tengo una memoria estupenda, lo olvido absolutamente todo”. Después de las risas, continuó diciendo: “la manera de olvidar es apuntarlo todo”. 

Y así, sin más, cuando yo pensaba que había huido del universo GTD que es mi vida, estaba ahí, en un pequeño local de Malasaña, un hombre que ni conocía, poniendo en palabras la filosofía de GTD. 

Como es obvio, lo capturé en el momento, para olvidarlo. Y es que yo me he pasado muchos años peleándome con GTD. Lo usaba, y cuando me caía de la tabla, me convencía a mí  misma de que tenía buena memoria, que yo eso no lo necesitaba. Siempre he acabado volviendo y ahora no lo dejaría de usar por nada. 

Parece que lo bueno de GTD es que no sé te olvide nada, pero para mi es lo contrario, es poder olvidarlo todo. 

Da igual que tengas buena memoria, que sientas que no necesitas un método de organización porque total, para lo que tienes que hacer, no te compensa el esfuerzo que requiere cambiar tus hábitos. 

Vivimos en un mundo ajetreado y muchas veces se nos olvida que también tenemos que hacer esfuerzos por nosotros mismos. A lo mejor tienes a la gente de tu entorno contenta porque te acuerdas de todo, pero merece la pena hacer un esfuerzo, cambiar un par de hábitos, y hacer algo para ti. 

Para poder ir en el coche, que suene una canción en la radio y no te acuerdes de golpe de que no le has comprado ese disco a tu amiga para su cumpleaños. Ir en el autobús y no sentirte estúpida cuando pasas por delante de una cafetería y acordarte de que aún no has comprado el termo que necesitas. 

Por eso GTD es contagioso, por eso las personas que rodean al usuario de GTD acaban usándolo, porque da mucha envidia ver a alguien que sabe desconectar y disfrutar el momento presente. A fin de cuentas, alguien que sabe olvidarse de todo. 

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XIII Jornadas OPTIMA LAB: Se hace tangible

Hace unos días tuve la oportunidad de participar en mis primeras Jornadas como miembro de OPTIMA LAB. Tanto GTD como OPTIMA LAB son dos cosas que han estado presentes en mi vida desde antes de lo que puedo recordar, pero como me pasó hace tiempo con GTD, y como me está pasando ahora con OPTIMA LAB, no se acerca ni de lejos la idea que tenía de ellas al ser ajena a estas que la que tengo ahora que me siento parte de ellas.

Cuando mis padres volvían de las jornadas yo notaba un ambiente distinto en casa, sentía que volvían con más fuelle, con más ganas si cabe de hacer que este proyecto saliera lo mejor posible, y ya entiendo la razón. Pese a saber bastante bien de qué iba esto y en dónde me estaba metiendo, entré un poco a ciegas. Mi padre hablaba en casa de que tenía que rechazar peticiones de clientes pidiéndole formación en inglés, y para mí fue obvio: yo sé GTD y sé inglés, puedo hacerlo yo, no tuve que darle muchas vueltas.

Empecé con pequeñas reuniones con algunos nodos de OPTIMA LAB, a traducir algunos documentos, pero para mí seguía siendo algo bastante ajeno, bastante lejano a lo que era yo. Poco a poco fui entendiendo en qué consistía, qué conllevaba, por qué era algo que movía tanto a mis padres, pero nada me ha ayudado tanto en este proceso como formar parte de estas Jornadas.

Siempre me ha costado aterrizar las ideas abstractas, en el plano de las ideas me muevo fácilmente, pero cuando tengo que hacer las cosas tangibles se me hace un poco bola, y a raíz de esta experiencia, OPTIMA LAB es tangible. No solo por los proyectos que se están llevando a cabo y tienen un nuevo impulso, o las que, gracias a estos tres días juntos, van a empezar a crecer, sino porque la gente, mis compañeros, se han hecho tangibles.

Parece una tontería, pero, ya que mis compañeros tienen mucha más experiencia que yo a nivel laboral, prefiero hablar de lo que me llevo de esto a nivel personal, porque mis compañeros son artesanos, y se nota. Me explico, he tenido la suerte de compartir tres días con otras cinco personas, a muchas de las cuales aún no conocía en persona. Vale, sí, a mis padres les tengo muy vistos, pero incluso ahora los veo de manera diferente. A todos ellos les mueve algo dentro que hace que quieran ayudar a la gente, y todos (me incluyo) creemos que a través de GTD se puede. También tuvimos la suerte de compartir con Julen y Venan una tarde en la que aprendimos qué era 5S y ver que también ellos, mediante otros medios, saben que mucha de la infelicidad que vivimos a diario, viene del caos que es nuestra vida.

Aparte de las ganas que tengo de formar parte de esto, me quedo con el paseo con David después de nuestro primer día de jornadas por la preciosidad de montaña que teníamos al lado, en el que yo iba un poco ahogada y los dos íbamos pensando en nuestras cosas, pero juntos. Me quedo con los ratitos en los que me salía a fumar un cigarro con Sergio y aprendía cosas de quién era él como persona, datos sobre su familia, o como le había ido a él en su inicio en OPTIMA LAB. Me quedo con las risas que se le escapaban a Jordi cada vez que alguien mencionaba al gerente y pensaba «piensa en pesetas». Me quedo con los susurros de Julen que solo podía escuchar yo en la cena (porque la voz no le daba para más) en las que me preguntaba por la carrera o me hablaba de sus rutas con la bici, y con las ideas de Venan pensando fuera de la caja para organizar el gallinero que es mi Google Photos.

Me quedo con que OPTIMA LAB es una red de personas, todas movidas por lo mismo, pero de distintos sitios, con distintos valores y con distintos objetivos, que no pueden ser más distintas, pero gracias a las ganas que tenemos todos (y a nuestro excelente cohesionador David) hacemos que las cosas funcionen.

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