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Sentido y Armonía Posts

Cuando conseguí que mis amigos hablaran mi idioma

Durante mucho tiempo yo utilicé GTD en secreto. Cuando quería capturar algo, siempre usaba eufemismos; decía que me iba a apuntar algo para que no se me olvidara o —si en ese momento yo no podía— le pedía a un amigo mío que me enviara un Whatsapp con lo que me acababa de decir. 

Si hablaba de una siguiente acción, decía que tenía que dar un pasito hacia delante en un determinado tema. Si tenía muchas cosas en una bandeja de entrada, decía que tenía muchas cosas que no sabía lo que eran y tenía que detenerme a pensar sobre ellas. Además, mis amigos sabían que yo siempre tenía claro las fechas de entrega; las cosas que tenía abiertas y, sobre todo, odiaban el hecho de que no se me olvidara nunca las cosas que les pedía. 

Pero poco a poco, en los últimos años (debe de ser la edad 😉 ), me daba pereza decir más palabras para decir lo mismo. Cuando estaba pendiente de que una amiga mía hiciera algo, le decía «tía aún no te he tachado de a la espera». O cuando una amiga me pedía que hiciera algo le preguntaba «¿me lo capturas?»

Aunque al principio no entendieran a qué me refería, y tuviera que explicarles lo que significaba, poco a poco fueron interiorizando ese lenguaje que es particular de GTD. 

Los lunes por la tarde me preguntaban que si había hecho mi revisión semanal. Si les decía que no, me decían que ya nos veríamos cuando la hiciera, que si no el resto de la semana iba a estar insoportable. Y cuando yo sacaba el móvil y les empezaba a contar cosas, me preguntaban que cómo de larga era la agenda con ellos. 

Cada vez había más bromas con el tema. Si yo no hacía algo que me habían pedido, enseguida sacaban el «temita» de que me tenían a la espera, que no se les iba a olvidar. Si notaban que se me empezaban a olvidar las cosas y que estaba estresada por todo, me decían que me subiera a la tabla otra vez que estaba insoportable. Sin darme cuenta de ello, mis amigos hablaban mi idioma. Os imagináis el panorama. 

mis amigos hablan mi idioma

Entonces empecé mi formación como trainer en GTD y mis amigos —después de años aguantándome— accedieron a venir al primer curso que di de prueba. 

Pese a que no para todos fue fácil entender todos los pasos, sí que noté que no les extrañaban las cosas que suelen hacerse más difíciles. Más que aprender algo de cero, solo completaban un mapa que tenían a medio dibujar. 

Porque —al final— parte de la dificultad de GTD es enfrentarte al mundo con su nomenclatura. Una vez naturalizas y te apropias de los conceptos, y dejas de entenderlo como algo ajeno, el aprendizaje es más sencillo. 

Que un proyecto no tiene que ser un gran resultado y que no inventarte fechas suele ayudarte a bajar los niveles de estrés. Que un contexto no te limita, sino que te ayuda a decidir; y que no son demasiadas listas, sino las suficientes para no mezclar nada. 

Creo que a veces GTD «se hace bola» porque intentamos procesarlo todo de golpe. Si nos relajásemos y nos diésemos cuenta de que GTD al final es humano y nada de lo humano nos es ajeno, nos sería un poquito más fácil empezar con el primer paso. 

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#GTD4Students (IV): El contexto mochila

Ya sabéis que mi GTD siempre ha sido un «donde me pica me rasco». Cuando empecé a utilizar la metodología, reconozco que la idea de los contextos me pareció inútil para mi caso.

Tenía poco que hacer y con una simple lista era suficiente. Pero, poco a poco, la cantidad de cosas que tenía que hacer iba aumentando. Pero no sólo eso, sino que cada vez más, me causaba estrés ver cosas que tenía que hacer, pero no podía hacer en ese momento.

Por eso el contexto @Cole, el contexto @Casa y la agenda @Padres fueron apareciendo. Pero los deberes, las cosas que tenía que hacer para clase no entraban en ningún sitio. Si lo ponía en el contexto @Casa y un profesor faltaba y podía ponerme a hacer cosas tenía que mirar un contexto que no era. Si estaba en casa, pero me había dejado las cosas de clase en el coche, veía cosas que no podía hacer.

Así que le empecé a dar vueltas. Le pregunté a mi padre qué dónde ponía las cosas que podía hacer en varios sitios. Su respuesta era siempre la misma: «la circunstancia más limitante».

Después de una semana de comerme un poco la cabeza, di con la solución: contexto @mochila. Puede parecer simple, o puede parecer una obviedad, pero es cierto que no se te ocurre de primeras. Cuando mi hermana aprendió GTD, ese mismo consejo le ayudó muchísimo a la hora de aclararse.

Ahora que estoy en la facultad, también hace que todo sea mucho más simple. Dentro del propio contexto @mochila existen varias categorías: «leer», «hacer», «escribir». Ahí pongo todo lo que, independientemente de dónde esté, puedo hacer si tengo la mochila de clase. Además, con esto, me ayudo a mí misma a saber qué tipo de energía necesito para cada cosa y qué entorno me puede ayudar más.

Si estoy cansada al final del día, a lo mejor lo que más me conviene es ponerme a hacer físicamente cosas que no me requieran pensar mucho. Si tengo alta energía, pero estoy en un sitio con ruido, lo que más me conviene es ponerme a escribir y, si estoy en la biblioteca, con silencio y me acabo de tomar un café, a lo mejor es el momento de ponerme a leer esa monografía que tengo un poco olvidada.

Además, me ayuda tener separadas las cosas de ordenador de las que necesito la mochila para hacerlas. Al final, hay días que no me llevo el portátil a la universidad, y muchos otros en los que solo llevo mi ordenador conmigo. También las categorías dentro de ordenador como «online»/«offline». «leer»/«hacer» me ayudan a elegir.

No quiero decir con esto que lo que me funciona a mí y lo que me ayuda a mí tiene por qué ser lo que más os ayude a vosotros. Pero cuando aprendes GTD, nadie te da estos pequeños trucos para hacer que una cosa que parece enfocada a los profesionales, te funcione a ti también.

Por eso me encantaría que, si usáis otros contextos y me queréis compartir problemas con ellos —o hay cosas que no os encajan dentro de lo que he dicho yo— me lo dejarais en los comentarios. No sólo porque estaré más que encantada de ayudaros, sino también porque, a raíz de una conversación que tuve en los comentarios del post de los Checklists con Gonzalo, yo también me replanteé mi propio conocimiento de GTD y nunca está de más darle vueltas a las cosas de manera conjunta ; )

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A lo mejor quiero hacer un doctorado

Siendo sincera (casi siempre lo soy), este no era el post que pensaba escribir esta semana. A lo mejor ni siquiera debiera escribirlo; a lo mejor os interesa poco; o a lo mejor es un error compartir de una manera tan personal.

No sé si en algún momento he comentado lo que estudiaba. Estoy estudiando Antropología Social y Cultural. La elegí —aunque de primera opción después de selectividad— un poco de rebote. Había leído algún libro de Marvin Harris en mis años de instituto y algo había estudiado de antropología física en filosofía de bachillerato. Me estuve debatiendo mucho a lo largo de 2º de Bachillerato entre dos carreras (ninguna era Antropología) y en el último momento, en vez de escribir el Doble Grado de Filosofía y CCPP como primera opción, puse Antropología. Reconozco que no tenía muy claro de que iba. Por como funcionan las carreras en mi universidad, el primer año no me lo dejó tampoco muy claro. Pero empecé segundo, y me enamoré de lo que yo opino que es la disciplina más bonita del mundo.

Como parte del barrido mental que se hace en la Revisión Semanal, recomiendan hacerte una pregunta: ¿Hay algo que no te puedas sacar de la cabeza? ¿Hay algo que te quite el sueño? Y me di cuenta de que sí. Desde hacía unas semanas, había una palabra que no dejaba de aparecer y no dejaba de generarme ansiedad: Doctorado.

Yo siempre he sido una «ratita de biblioteca», cómo me gusta decir; una enamorada del conocimiento por el conocimiento, del conocimiento «inservible». No me malinterpretéis. La antropología (al igual que otras muchas disciplinas) te aporta herramientas tremendamente útiles y aplicables, tanto a tu vida profesional como a tu vida personal, pero creo que se entiende a lo que me refiero.

No paraba de imaginarme a mí misma cuatro años investigando una tesis inservible en todos los aspectos, excepto el hecho de todo lo que me aportaría a mí y al conocimiento en general. Una vida dedicada a la investigación y a la reproducción de conocimiento, dando clases en la universidad, leyendo todo lo que hay por leer…

Así que decidí capturarlo. Yo, que soy de pasitos pequeños, me puse un proyecto pequeñito: «Tengo información suficiente para poder plantearme el tema del doctorado». Y una siguiente acción pequeñita también: «hablar con una compañera de la carrera y preguntarle sobre el tema».

Esto ha ido desarrollándose a lo largo de esta semana; me he enterado de notas de corte, de parte de la burocracia —y digo parte porque es un proceso kafkiano del que debo conocer un cuarto solamente— y de otras muchas cosas que, ¡sorpresa!, no han calmado ni un poquito mi ansiedad.

No es un secreto que trabajo mientras estudio. Y a veces siento que eso me hace ser mediocre tanto en mi vida de estudiante como en mi vida profesional. Es complicado sentir que no le estás dedicando el tiempo que te gustaría a las cosas que son importantes para ti. Y aún más complicado no saber cómo solucionarlo o qué dejar. Siento que no le dedico el tiempo suficiente a escribir y reescribir, a leer y a releer a pensar y repensar.

Pero todo eso ha terminado convertido en una siguiente acción: «pensar y escribir posibilidades de siguientes pasos lógicos con respecto a mi vida académica y profesional». A lo mejor tengo que replantearme como estoy enfocando mi carrera. A lo mejor tengo menos prisa de la que pensaba. A lo mejor tienen sentido muchas cosas.

El punto al que quiero llegar con esto es que muchas veces tenemos fe en que GTD nos quite la ansiedad y el estrés. El poder decidir si quieres o no quieres hacer algo con cada cosa que aparece en tu cabeza, muchas veces es tan positivo como negativo. Si yo no hubiera usado GTD —por cómo soy— no tendría ahora la ansiedad que tengo, pero probablemente hubiera acabado la carrera con algunas puertas cerradas, y le habría seguido dando vueltas al tema igual. Muchas veces el saber nos aporta intranquilidad, pero la realidad es como es, no como nos gustaría que fuera. Yo podría haber metido este tema en la incubadora, pero no lo hice porque para mí en este momento era un tema relevante, un tema que merecía estar en mis listas.

A lo mejor dentro de dos años (o los que sean) cuando acabe la carrera decido que no quiero ver Antropología ni en pintura, y la idea de querer hacer un doctorado ha desaparecido; pero de momento no es el caso. Gracias a GTD, toda esta realidad que es abrumadora la descubro a poquitos y con tiempo de maniobra. GTD no es milagroso ni hace que la realidad sea distinta, y en este tipo de casos me pregunto a mí misma si hubiera sido más feliz en la ignorancia. Pero después de esta semana, con todo lo que eso conlleva, creo que saber es una necesidad en mi caso (y en el de otras muchas personas), y GTD nos permite «saber a tiempo».

Comparto esta pequeña reflexión, para que se vea que, incluso después de años de uso, es normal replantearse el sistema. Para que veáis que en GTD tiene cabida todos los inputs o temas que queramos meter. Y que, aunque siempre lo pongamos por las nubes, saber y tener control y perspectiva acerca de nuestra vida puede crearnos ansiedad, inseguridad e intranquilidad, pero que —al menos en mi opinión— siempre merece la pena. 

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#GTD4Students (III): A leer se aprende dos veces

Desde pequeña me ha encantado leer. No sólo eso, sino que desde siempre he devorado los libros. Daba igual que fuera una novela que me había dejado una amiga que la antología que nos mandaban de deberes para casa. Era tener un libro entre manos y devorarlo. 

Y al igual que yo entendía esto como normal, entendía como normal que hubiese gente que odiara la lectura. Igual que cada vez que había que dibujar algo para clase yo me acordaba de todos los antepasados del profesor, había gente que temblaba cuando la simple idea de leer algo aparecía en su cabeza. 

Pero hace un par de años entré en la universidad. Cuando estudias una carrera de ciencias sociales (igual supongo con las de humanidades) el 50% de tu día se resume en leer. Ya sea leer a Malinowski, Bourdieu o a Scheper-Hughes, poco tiene que ver con leer a Galdós, J.K Rowling o cualquier otro novelista que se os ocurra.

Me encontré procrastinando leer, preguntándole a mis amigas de la uni si conseguían entender algo del texto que habíamos leído y tardando el doble o el triple en leer de lo que solía tardar yo. 

Pero ya hablábamos de la maravilla de los checklists la semana pasada, así que eso hice. Me gustara o no, me quisiera morir o no después de acabar de leer, me pusé una acción repetitiva de leer a antropólogos, politólogos y sociólogos un poquito todos los días. Si me quedaba sin lecturas obligatorias, empezaba con las opcionales. 

Y poco a poco, según fueron pasando los meses, le fui encontrando el truquillo. Empecé a conectar con los textos. Volvía a pasarme eso de no notar que el tiempo pasaba y a enfrascarme en lecturas que nunca pensé que fueran a gustarme tanto. Y me di cuenta de que a leer se aprende dos veces.

No quiero ponerme pesada y hablar de las maravillas de la lectura, pero es que es inevitable. No sólo nos aporta vocabulario, estructura, nos ayuda a comunicarnos mejor… Sino que muchas veces nos aporta conocimiento tácito. Poco a poco se va creando una red de conocimiento y de ideas, y cada vez lo que leemos nos es menos ajeno que la primera vez que leímos.

Lo que quiero decir es que da igual que nos guste leer de manera natural o no. A leer se aprende de pequeño, pero no se deja de aprender nunca, y esto es aplicable a muchísimas habilidades, ya sea aprender a conducir, a dibujar o incluso a usar GTD. Y como estudiante, ya seas de ciencias, letras, sociales e incluso de artes, leer te da ventaja; es innegable que nos ayuda a avanzar. 

Así que eso, si no te gusta leer, hazme caso. A mi tampoco me gustaba leer ensayo o monografías hace unos meses. Utiliza tu GTD a tu favor; ponte una acción repetitiva y empieza a avanzar en la dirección en la que quieras hacerlo, porque desarrollar cualquier hábito con GTD siempre es un poquito más fácil.

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#GTD4Students (II): Los checklists

Por fin he terminado exámenes y, después de un mes bastante complicado, he pensado que era el momento perfecto para retomar la serie que empecé hace un mes.

Como estudiante, o más bien como persona humana, hay cosas que «se me hacen bola». Hay siguientes acciones que están en nuestro sistema durante semanas, hasta que nos damos cuenta de que, o hacemos ya esa acción o la fecha de entrega se nos echará encima. Esto puede pasar por muchos motivos, pero hay uno en especial que creo que es más probable que te pase si eres estudiante.

Una siguiente acción por definición es tachable. ¿Qué quiere decir eso? Que una acción tiene que ser algo que empiezas y terminas de una sentada. Entender las tareas como sub-pasos es muy práctico; te hace dividir los grandes resultados en pequeños pasitos que te ayudan a avanzar casi sin que te des cuenta.

No obstante, hay veces que las siguientes acciones no se pueden hacer más pequeñas, que el siguiente paso ya es demasiado grande en sí mismo. Esto fue una de las cosas que más me costó interiorizar cuando yo empecé a usar GTD.

Cosas como estudiar para un examen, hacer un proyecto de investigación o escribir una revisión bibliográfica, a mí se me hacían «bolísima», hasta que incorporé los checklists a mi sistema GTD.

Así, de manera muy simple, para explicaros qué es un checklist, os escribo la frase de Allen que puso Jordi en su blog hace no mucho: «cualquier lista usada como recordatorio, o para evaluar pasos opcionales, procedimientos a seguir y/o componentes de una actividad».

Aunque los checklists tienen mucha miga —y pueden servir para un montón de cosas (las cosas que llevo en la maleta; lo que tengo que hacer cuando llego a un curso; etc.— hay dos tipos de checklist que a mí, personalmente, me hicieron la vida mucho más fácil.

El primero son los checklist diarios. Los siguientes pasos que no se pueden dar «de una zancada» —y que son intachables— se pueden dividir casi siempre en acciones recurrentes que puedes hacer un rato cada día. Leerte un libro para clase puede ser una siguiente acción ingestionable, pero una acción diaria que sea «leer media hora de La celestina y tomar notas» es algo que —aunque pueda dar pereza— es mucho más llevadero. Cuando estás haciendo un proyecto de investigación, buscar toda la bibliografía de golpe no es lo mismo que buscar tres artículos sobre el tema cada día y subrayarlos. Lo mismo para un examen, un ensayo…

El segundo tipo de checklist que a mí me encantó es el de las «recetas», es decir, listas de pasos a seguir para determinados resultados. Por ejemplo, en primero de carrera, mi profesora de Ciencias Políticas nos enseñó un procedimiento para hacer Revisiones Bibliográficas. En ese momento, hice un checklist sobre los pasos a seguir, para poder revisarlos cuando tuviera que hacer otra. Cómo y dónde buscar la bibliografía; hacer una bibliografía anotada primero (cómo y para qué hacerla); qué hacer para estructurar el ensayo… Y puedo decir que en el año que ha pasado, lo he usado por lo menos dos o tres veces desde entonces.

Los checklists son un signo de madurez en tu camino para dominar GTD, y no son obligatorios. De hecho, no se entra en profundidad con ellos hasta el Nivel 2 de la formación GTD oficial, pero yo personalmente puedo decir que significaron un antes y un después en mi vida de estudiante.

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Os voy a ser sincera, me he caido de la tabla

Os voy a ser sincera: me he caido de la tabla. Pero, además, es que no sólo me he caido de la tabla, sino que estoy nadando a la deriva con la tabla sin ningún sitio a la vista. Estas navidades yo pretendía empezar con este mismo blog en inglés ¿Sabéis quién no se ha traducido ninguno de sus posts? Yo. Para que os imaginéis el panorama, tengo a la espera un email de un cliente que realmente sigue a la espera, pero porque ha habido un par de emails intercambiados en este tiempo y ahora les toca contestar a ellos. Uno de mis proyectos sigue siendo comprar el regalo de navidad a mi hermana, a 19 de enero. Cada vez que abro mis listas me da ansiedad ver que no he hecho nada de lo que me gustaría haber hecho y muy pocas de las cosas que debía hacer. Creo que, si no fuera porque las crónicas de la semana pasada las escribí muy cercanas a estas, se me habría olvidado que tenía que publicarlas.

No sé si estáis familiarizados con los horarios de los universitarios, pero por si no lo estáis, rápidamente: las asignaturas son cuatrimestrales y luego hay un mes de exámenes. ¿Qué quiere decir eso? Que estoy de exámenes ☹.

Y, aunque no lo creáis, pese a no haber hecho nada de lo que había en mis listas, he estado todas las navidades haciendo cosas; de mi casa, a la biblioteca; de la biblioteca, al gimnasio; y del gimnasio, a casa a dormir.

¿Por qué os cuento todo esto? (aparte de por quejarme un poco, que es muy terapéutico). Porque yo, que llevo usando GTD casi 10 años, que he crecido mano a mano con la metodología, me caigo de la tabla, y ya de paso me doy de bruces con el agua. Eso de no mirar tus listas antes de ejecutar porque «ya sabes lo que tienes que hacer, no hace falta que lo mires»; no aclarar tus bandejas porque «no tienes tiempo para perderlo haciendo eso»; y miles de excusas más, las usamos todos.

Y ¿sabéis qué? Que no pasa absolutamente nada. En serio, de verdad, es humano. Admiro mucho a los usuarios de GTD que, después de unos años de usar la metodología, dejan de caerse. Pero para los que no tenéis tanta suerte, tampoco os torturéis.

Primero porque tampoco es tan horrible. Es decir, os he mentido un poco, me he vuelto a subir a la tabla antes de escribir este post. ¿Qué he hecho? Pues primero un barrido mental y luego una súper gran revisión semanal. He vaciado todas mis bandejas de entrada que no podían estar más hechas un caos y he aclarado; he reescrito siguientes acciones que eran una chapuza; he quitado proyectos que ya no tenían sentido y he añadido unos cuantos que faltaban. Vamos, que he tirado del hilo hasta encontrar la tabla y me he vuelto a subir.

Segundo, porque caerte te hace valorar un poquito más lo que te aporta GTD, es decir, he perdido la sensación de que me iba a explotar algo y no sabía el qué, aunque ahora sepa todas esas cosas que sí me van a explotar. Y lo que quiero decir es que, a veces, la vida se impone entre tú y tu sistema.

Yo intento plantearlo como si estuviera intentando ponerme en forma. Vale que has tomado tarta en el cumpleaños de tu amiga, pero sigues habiendo comido sano los otros seis días de la semana ¿no? Vale que tu sistema se te ha ido de las manos, pero ¿y todos esos meses que has estado surfeando en tu tabla, disfrutando del control y la perspectiva que te aporta GTD?

Así que eso, que nadie te exige que seas perfecto, y GTD —que está preparado anticaídas— menos.  Que haberte caído de la tabla no haga que abandones GTD. Puede que un día dejes de caerte o puede que, como yo, sea una cosa que hagas un par de veces todos los años. Da igual, no te desanimes, asume la caída y súbete en cuanto te veas capaz. ¡Mucha suerte!

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XIV Jornadas OPTIMA LAB: Miedos y alegrías a partes iguales

Que no os asuste el título, lo digo con la mejor connotación posible.  Ya dije en mi post antes de Navidades que en el último año me he tenido que enfrentar a muchos dilemas distintos. Las Jornadas de septiembre me confirmaron que la decisión de formar parte de la red fue una decisión correcta. Pero aún quedaban muchas incógnitas.

Poco antes de las Jornadas, me senté con mi padre y revisamos mi compromiso con la red. Pese a que no fue una de mis conversaciones favoritas, por la posición en la que me ponía, tenía todo el sentido del mundo, como confirmé más tarde en las Jornadas. La Red crece, y crece bien. Y para que eso pase, hace falta un compromiso no solo de cantidad sino de calidad de trabajo que, siéndoos sincera, no sabía si estaba dispuesta a asumir.

Son de esas decisiones que no sabes si tienes madurez suficiente para tomar (no sé si ese sentimiento se irá en algún momento). Tengo la suerte de estudiar una carrera que me apasiona, tener unos amigos a los que adoro y unos hobbies que me llenan. ¿Y si me estaba adelantando? ¿Y si estaba intentando hacerme mayor demasiado pronto? Entonces hice un ejercicio de autorreflexión, intenté tener en cuenta los valores que me mueven, mi propósito. Sí, es cierto que hace más de una década que me senté con mi madre para encontrar mi propósito, pero hay cosas que no cambian. No os sorprenderá saber que mi valor fundamental es la armonía y que dos cosas que están (o al menos creo que siguen estando) en mi propósito son el aprendizaje y rodearme de gente que me aporta.

Al final me decidí, cargada de dudas, llena de miedos, pero decidí. Uno de esos miedos siendo que, mi familia, mi vida personal y mi trabajo tienen líneas muy poco claras, por lo que, si algo iba mal en mi vida profesional, era muy probable que distorsionara la armonía del conjunto. Y luego llegó el ejercicio que hicimos en las Jornadas para reflexionar acerca de la Declaración de Consultoría Artesana. Una de las señas de identidad artesana en concreto me marcó: «nos gusta nuestro trabajo: nuestra materia prima es el conocimiento, algo que no se genera con horario fijo o en espacios concretos (…)».

Y es cierto que muchas de esas fronteras, muchas de esas líneas, son totalmente arbitrarias. Qué más da que yo este post lo escriba en la biblioteca entre tema y tema que me tengo que estudiar para el examen de la semana que viene, de madrugada una noche de insomnio o en la oficina en horario laboral. Qué más da que la discusión con mi padre sea porque he dejado algo desordenado o porque ha puesto una reunión el día de antes de un examen.

Porque, por segunda vez ya, las Jornadas me hacen confirmar que muchas de las decisiones que he tomado hasta ahora han sido las correctas. Estas han sido unas Jornadas duras, mucho más de lo que lo fueron las primeras. Conversaciones más intensas, más trabajo, más conciencia de lo que aún queda por hacer. Y aunque han sido tres días intensos, me hubiera quedado cinco, diez o los que hubieran hecho falta. Porque como ya he dicho, mi propósito tiene mucho que ver con el aprendizaje, y creedme cuando os digo que en tres meses en la red he aprendido una manera de trabajar y una manera hacer las cosas que ya hace que me merezca la pena mi paso por aquí.

Con respecto a rodearme de gente que me aporta, qué os voy a decir. Ver a mi padre desde otro prisma, intentar dejar atrás quién es mi padre como padre y ver quién es José Miguel como persona y como profesional me permite ver cosas de su carácter que no había visto, y que admiro tremendamente. David, que es capaz de ser el mayor profesional dentro de la sala de reuniones y salir y conseguir que todo se vuelva más ameno, recordarnos lo importante que es poner el freno de mano cuando nos bajamos del coche y que muchas veces para tocar el piano sobra todo lo demás. Sergio, el más «friki» en cuanto a tecnología y de las personas más humanas que conozco, alguien que trata con cariño cada cosa que hace y cada cosa que dice. Jordi, al que, si me permitís, le voy a dar las gracias. Aunque le estoy muy agradecida a cada nodo de la red, Jordi me ha permitido aprender mucho de él, ha tenido mucha paciencia conmigo y fue el único que consiguió pillar lo gracioso que era que #pasta fuera TT en Italia. Mi madre, de la que aprendo cada día, mi cómplice dentro y fuera de la red. Y Laura, nuestra nueva incorporación. Me parece que el papel que aporta Laura a la red es inmejorable, y aunque no llevo mucho aquí, creo que nos hacía muchísima falta. Una visión optimista, cercana y tremendamente profesional. Sé que la red ha cambiado mucho de protagonistas a lo largo de los años, pero creo que ahora mismo, no podría haber una mejor combinación de roles, de personalidades, de perspectivas. Porque, como le repitió mi padre a nuestra pobre fotógrafa Iris unas mil veces, esta red se basa en lo común y lo diverso (cómo se ve en el gran vídeo que montó Iris). Y creo que somos siete personas que nada tienen que ver entre ellas, pero con unos pilares que nos construyen muy similares.

No mentiré y diré que se me ha quitado del todo el miedo, pero vengo con mucho menos desde entonces. A lo mejor me estoy adelantando, a lo mejor no llego a lo que me piden, a lo mejor me arrepiento y a lo mejor un montón de cosas más. Pero a día de hoy, no podría estar más contenta de formar parte de este proyecto, más ilusionada por lo que viene y por haber conseguido todo lo que se ha conseguido ya. Y para qué mentiros, con muchísimas ganas de que lleguen las siguientes Jornadas.

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Gracias de una moñas muy feliz

Hoy hace justo tres meses que se publicó mi primer post en este blog. Reconozco que después de leer el post de Jordi, siento que el listón está muy alto y me da miedo que lo que diga quede pequeñito en comparación, pero haré todo lo posible por mantener el nivel, porque a mí también me gustaría, como último post de 2019, hacer un poquito de autoanálisis.

Recuerdo que, en las Jornadas de septiembre, cuando me dijeron que tenía que empezar a escribir semanalmente en un blog, solo sentí miedo. Sí, es cierto que siempre he escrito, pero sobre muchas cosas, y creedme que ninguna tenía nada que ver con la efectividad. Pensé que no iba a saber qué contar. No iba a conseguir que, en tan poquito espacio, salieran cosas decentes. Pero empecé las clases y mi profesor de Estructura Social nos mandó un trabajo un poco fuera de lo común. En una carrera en la que escribir siete páginas es lo mínimo que te piden por trabajo, nos pidió una pequeña reflexión acerca de unos datos del CIS que no tuviera más de 3000 caracteres con espacios. «Se pueden decir cosas inteligentes en 500 palabras o yo llevo haciendo el imbécil 20 años», nos dijo.

Y a lo mejor yo llevo haciendo el imbécil tres meses, aunque no lo creo. Seguro que me equivoco, un montón, y los que me acompañáis en este camino no tengáis ninguna vergüenza en decírmelo. Sé que llevo un estilo muy personal, puede que demasiado incluso. Sé que aún me quedan miles de cosas por aprender y que me quedan millones de piedras con las que tropezarme (pese a que me he caído ya mucho ;P no me malinterpretéis). Pero disfruto de lo que hago. He tenido que enfrentarme a muchos dilemas este año, sobre todo de septiembre a ahora, y seguro que por falta de madurez habré tomado decisiones erróneas, pero estoy contenta de estar donde estoy. De haber conocido gente maravillosa en el camino, de haber aprendido muchísimas cosas, de haberme sentado delante de la página en blanco cada semana y haber dicho ¿tengo algo que decir? Y sobre todo haber pensado ¿tengo algo que merezca la pena ser escuchado?

Por eso hay tantas referencias a mi vida, a la gente que conozco, porque movernos en el mundo de las ideas es fácil, pero creo que verle la utilidad y el uso real a lo que predicamos también es un buen ejercicio.

Sé que no llevo tantas horas de vuelo como mis compañeros, y confío en llegar a ser tan buena profesional un día como lo son ellos ahora (prometido que no es «peloteo» y que me pienso meter con ellos todo lo que pueda en mi siguiente post), pero sí son grandes ejemplos de los que aprender. Y me gustaría dar las gracias al azar por brindarme las oportunidades que han ido apareciendo en mi vida a lo largo de estos últimos años. De verdad que no quiero ponerme «moñas», pero poneos en mi piel. ¿Quién me iba a decir a mí que, con menos de 20 años, iba a tener a mi alcance tantas vías de aprendizaje, tantas oportunidades maravillosas y, sobre todo, alguien aparte de mi madre que quisiera leer lo que escribo y escuchar lo que digo? Por eso, quiero daros las gracias, a vosotros, los que me leéis, los que me compartís, los que habláis de mí en Telegram o Slack, los que me citáis en vuestros posts… Porque sé que todavía es un blog pequeñito, con poquita historia, de una chavala jovencilla, y eso hace que para mí tenga mucho más mérito que estéis ahí. 

Después de los 3000 caracteres, en los que espero haber dicho algo inteligente, quiero desearos a todos Felices Fiestas y Próspero Año, daros unas gracias muy grandes a todos los que me aguantais cada domingo y pediros que sigáis ahí conmigo,  porque aún me queda mucho por crecer y me gustaría hacerlo tan bien acompañada como hasta ahora.

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Cómo disfrutar de tu revisión semanal

Vale, ahora que os he engañado y habéis empezado a leer, voy a intentar ser lo más sincera posible con respecto a este hábito clave de GTD. La Revisión Semanal cuesta. Bueno no, me corrijo, la Revisión Semanal da pereza. Y no sé si a otros usuarios de GTD les pasará como a mí, pero da igual el tiempo que lleve usando esta metodología, sigue sin darme menos «palo» hacer una revisión completa. No me malinterpretéis, luego hacerla no es tan horrible, ni es para tanto, lo peor de todo es la antelación, el sentimiento justo antes de ponerte a revisar.

No obstante, después de muchos años de procrastinar y de caerme de la tabla por ser demasiado vaga, encontré una serie de tips que me ayudaron a no dejarla para el último momento, cuando la caída de la tabla era casi inminente. Hoy me gustaría compartir alguna de esas cosas que sigo utilizando actualmente para obligarme a hacer algo que, a fin de cuentas, tiene un impacto muy positivo en mi efectividad.

  1.       Hazla offline

Cuando estamos conectados, la información es interminable y no para de llegar. Ya sean emails, notificaciones de las RRSS o llamadas que te interrumpen y que te hacen perder la concentración. Durante mucho tiempo, yo hice mis revisiones semanales en el autobús los lunes yendo a la universidad. Lo que conseguía con eso es que, al no tener conexión a Internet, de repente se hiciera mucho más fácil estar concentrada en algo que de otra forma me daba mucha pereza. Si eres alguien que viaja con regularidad, aprovecha el viaje en avión/tren para poner el contador a cero. Si no, siempre puedes imitar lo que es estar desconectado. Pon el móvil en modo avión, desconecta la wifi del ordenador y ponte a revisar tus listas.

  1.       Autoengáñate

Haz que tu Revisión Semanal no te parezca tan horrible. Vete a tu cafetería favorita y pídete el Frapuccino que más te guste y que no te sueles permitir. Hazte algo de comer que te apetezca mucho y no te lo comas hasta que no hayas hecho tu Revisión Semanal. Pon tu música favorita de fondo mientras la haces o enciende tu vela aromática preferida y resérvatela para ese momento de la semana. Al final, une la Revisión Semanal, que no te apetece, a algo que te apetezca mucho hacer para que la media salga algo más neutral.

  1.       Tampoco te autoengañes demasiado

Cualquier Revisión Semanal es mejor que ninguna Revisión Semanal. Si no te da tiempo a aclararlo todo o no revisas tu incubadora, o no llegas a darle una puesta a punto a todos tus contextos, tampoco te estreses. Es mejor hacer una Revisión Semanal incompleta que autoengañarse diciendo que no tienes tiempo suficiente como para empezar y terminar, e ir posponiéndola.

  1.       Escucha a tu sistema

Sé lo que acabáis de pensar: «menuda flipada». Pero no os adelantéis. No me refiero a nada del otro mundo. Lo que pasa es que muchas veces dejamos de hacer la Revisión Semanal cuando más la necesitamos. No sé a vosotros, pero cuando yo estoy más estresada, empiezo a Aclarar peor, lo que se traduce de manera automática en que mi sistema se hace menos accionable. Al pasar esto, dejo de Ejecutar (refiriéndome a elegir qué hacer con confianza, sabiendo que estoy haciendo lo que tengo que hacer en cada momento) y empiezo a hacer sin revisar mis listas y por lo que en mi cabeza es más «urgente». Cuando dejo de confiar en mi sistema, es un indicador claro de que necesito hacer una Revisión Semanal. Esto hace que una vez mi sistema está a punto vuelva a ser más efectiva y vuelva a ejecutar, y también hace que la próxima Revisión Semanal me dé menos pereza, porque veo su valor añadido de manera muy inmediata.

  1.       Sé fiel a tus necesidades

Esto va muy ligado al consejo anterior. A lo mejor hay temporadas en las que te puedes permitir hacer la revisión cada 10 días, y otras en las que no hay por dónde coger tu sistema después de solo 5 días. Yo me di cuenta de que, si dejaba las acciones tachadas en vez de borrarlas de mi sistema, era más probable que hiciera mi Revisión Semanal, porque me dejaba de ser cómodo revisar mis listas. Que, en temporadas de estrés, necesitaba hacer más Revisiones Semanales que en las temporadas en las que estaba más relajada. También es posible, que seas una persona de rutinas y que te ayude hacerla siempre el mismo día a la misma hora. Fíjate en tus niveles de energía. A lo mejor no es lo más fácil hacerla cuando tienes bajos niveles de energía, o al revés, te parece más útil no malgastar tus picos de energía en hacer una Revisión Semanal.

Al final la Revisión Semanal es una de esas cosas que compensa con creces la pereza que da, y de hecho se nota mucho cuando dejas de hacerla. Cada uno sabe qué le ayuda y qué le complica el ser constante con los hábitos.  Yo te doy algunas ideas, pero al final tú eres quien mejor se conoce y esto no es más que ensayo y error.

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#GTD4Students (I) : Lo que me hubiera gustado saber

Cómo ya he mencionado en ocasiones, yo aprendí GTD cuando era muy pequeña, por lo que, hasta hace poco, mi GTD no estaba enfocado a una vida profesional sino a una vida de estudiante.

Cuando yo empecé a utilizarlo, en una de esas caídas de tabla, me convencí a mí misma de que esto no funcionaba porque GTD con eso de ser estudiante no acababa de empastar, pero después de mucho pelearme con mi sistema, me di cuenta de que el problema era mío, no de GTD.

Por eso me gustaría abrir hoy una serie en el blog que vaya de eso mismo, de usar GTD mientras eres estudiante. No solo porque creo que es importante que la gente joven se familiarice con esto, que GTD empiece a sonar en las universidades, en los institutos; que esa gente que luego llegará lejos ya sepa cómo gestionar sus inputs de una manera más efectiva. Sino porque creo que, cada vez más, es necesario no dejar de ser estudiante nunca. En un ambiente de constante cambio, el estar en aprendizaje constante es cada vez más importante, y todos podemos volver a ser estudiantes en un determinado momento.

Ya cuando estaba yo en la ESO nos empezaron a hablar de cómo había que organizarse si querías rendir bien académicamente. Lo primero de lo que hablaban es de que nos fuéramos olvidando de las actividades extraescolares. Que hiciéramos un planning de estudio y nos desglosaramos los temas que entraban en los exámenes para estudiar un poquito cada día. Que no dejaramos todo para el último momento. Que nos clasificáramos las tareas por importante y urgente…

Y yo veía a la gente de mi alrededor frustrada porque ese planning a diez días que había hecho para estudiarse los 10 temas de historia se iban pasando y ellos seguían atascados en el epígrafe 1.5 dos días antes del examen.

Pero ya hemos comprobado casi todos que los métodos de organización al uso no nos hacen procrastinar menos, ni cerrar los temas antes, ni tener mejores resultados. Por eso GTD debería sonar en los institutos, de manera correcta y no por lo que se ha oído en un programa de radio ni dos o tres pinceladas que va a hacer que la gente se vuelva escéptica con la metodología.

GTD es polifacético, y necesita ir cambiando según va cambiando tu vida, que vaya creciendo contigo, e igual que tu sistema no se mantiene idéntico según vas cambiando de puesto de trabajo, tampoco se mantiene idéntico cuando eres estudiante.

En esta serie hablaré de la importancia de los checklists, de la importancia de las listas y de cuales usar, de no tener herramientas que no te son útiles solo porque son super chulas, de no creerte más listo que tu sistema, de como transicionar de un sistema puramente académico a uno profesional y de varios problemas más a los que me he ido enfrentando a lo largo de mi camino con GTD.

Enfoco esta serie de esta manera porque es lo que conozco y con lo que me siento cómoda, pero nada de esto es exclusivo para estudiantes; cualquier persona necesita tener estos fundamentos claros en su implementación de GTD. Por ello, espero que os sea útil y que, aunque haga mucho que no pisáis un aula, os sirva de algo las peleas que mi yo rebelde de 13 años tuvo a la hora de implementar un sistema que a día de hoy forma parte de mi.

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