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Sentido y Armonía Posts

¿Qué te sería útil llevarte?

Hola! Lo primero, decirte que este post no es cómo los habituales, pero ¿qué lo es en estos momentos? He tenido mucho tiempo para pensar últimamente (como es entendible). Y todo el tiempo que no he estado pensando en el tema del momento, he estado ocupando mi mente con otros temas: qué nuevas rutinas pueden ayudarme con mi nueva realidad; angustiándome por toda esa gente a la que quiero y a la que no puedo acompañar en estos momentos; he pensado en vosotros, en mi trabajo, en este blog…

Y me he dado cuenta de que, desde el principio, casi siempre he hablado de mí. Desde que empecé a escribir, asumí que todos sabíais a la perfección cómo vivir con GTD integrado en vuestra vida, que ibais a poder entender todas esas cosas que me pasan o todas esas reflexiones que se cruzaban por la cabeza de una niña que aprendió a decir papá, mamá y GTD casi al mismo tiempo. Y aunque estoy segura de que me entiendes me gustaría, sobre todo ahora, escribir más para ti que para mí.

No me malinterpretes, no me he quedado sin ideas, pero hace solo unos minutos he empezado a escribir un post distinto en el que relacionaba una frase de Nietzsche con una mala práctica de GTD, y me he tenido que decir a mi misma: “Marta, es momento de parar”. No te preocupes, ese post llegará, pero no ahora. Ahora es el momento de estar más unidos que nunca, y no puedo evitar sentirme extraña si intento seguir escribiendo como si nada hubiese pasado.

Así que esta semana, que estamos todos (o todos los que podemos) en casa, lo que quiero es preguntarte qué contenido quieres ver. ¿Quieres que explique cómo interioricé yo cada paso? ¿por qué después de casi 10 años utilizando la metodología me sigo cayendo de la tabla? ¿cómo es vivir en una casa en la que GTD es un miembro más de la familia?…

Siempre digo que este blog es tan mío como vuestro, pero siento que a veces no predico con el ejemplo.

Así que, todo dicho, ¿sobre qué quieres que escriba?

Mucho ánimo y cuídate mucho a ti y a los tuyos. Hasta la semana que viene 😊

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Y yo preocupada por el doctorado…

Vamos a ver. Soy muy consciente de que muchos de nosotros (por no decir todos) estamos un poco cansados del monotema. No estoy subestimando la gravedad del asunto, pero entiendo que todos llevamos con lo mismo en la cabeza muchos días y puede ser algo agotador (sobre todo, porque es una de esas cosas que, aunque las capturemos y aclaremos, poco podemos hacer). Aún así, no he podido evitar escribir una pequeña reflexión al respecto.

Si habéis estado leyendo mis últimos posts, sabéis que mi vida últimamente ha sido algo caótica, sobre todo a nivel de horarios. Y yo hacía todo lo que estaba en mi mano por tenerlo todo bajo control: hacer rutinas para ir con mi Sistema 1 por la vida; cambiar la herramienta de mi sistema para poder tenerlo todo controlado; pensar en mi propósito y mi futuro para tener claros mis horizontes de enfoque… Básicamente un montón de cosas que ahora sirven entre cero y nada.

Y en las últimas semanas, hemos visto una plaga de langostas en África, cómo las calles de Argentina se inundaban de sangre, luchas de monos en Tailandia y ahora estamos todos encerrados en casa por culpa de una pandemia mundial. Si a mí me cuentan esto en diciembre, no me lo creo.

Y pese a todo, el mundo ha respondido a estos sucesos de una manera tan humana que me emociona. Muchos cantantes están dando conciertos en streaming por Instagram, hay fisioterapeutas haciendo tablas de ejercicios gratuitas por la cuarentena, el MET ofrece una semana de Ópera gratuita por su web, museos como el Prado y el Thyssen están ofreciendo imágenes y visitas guiadas online a través de sus webs… Y cómo esto millones de cosas más.

Las prioridades de todo el mundo, las rutinas, la manera incluso de concebir su propio oficio, ha cambiado en cuestión de días. Y aún así, nos esforzamos muchas veces en controlarlo todo, en planificar cada minuto de cada día. ¿Para qué?

Nunca hemos podido controlar lo que nos pasa y ahora encima tenemos menos tiempo de reacción. Vivimos en un mundo que cambia a una velocidad vertiginosa y lo único que podemos hacer es ir adaptándonos a los cambios que van surgiendo.  Una cosa que no sabía —y que es grato descubrir— es que GTD está a prueba de pandemias. Si de verdad no te puedes sacar el tema de la cabeza, cápturalo. ¿Qué es? ¿Qué significa para ti? ¿Requiere acción? A lo mejor llamar a tus familiares un ratito todos los días hace que la ansiedad disminuya. Puede que si sacas algo de tus listas algún día/tal vez, la cuarentena se pasa de manera más amena. A lo mejor es el momento de empezar esa novela, de pintar ese cuadro, de aprender ese idioma por Duolingo.

Y pese a todo, son momentos complicados, estresantes y de incertidumbre. Cómo casi todo lo que nos pasa. Pero podemos aprovechar este tiempo de silencio, de aislamiento, para reflexionar sobre nuestra vida. ¿Qué echamos de menos? ¿A quién echamos de menos? El saber —y el saber sobre nosotros mismos y sobre nuestra vida— nunca ocupa lugar. Más que nunca, es el momento de escuchar lo que nos decimos.

Si me llevo algo positivo de esto, es que nunca sabemos qué va a pasar mañana. Que por mucho que intentemos planificar nuestro futuro al detalle, a lo mejor lo que está sucediendo —sin que nos enteremos— son las diez plagas de Egipto y mañana amanecemos con una plaga de ranas. Estas situaciones sacan lo mejor y lo peor de nosotros y, aunque parece que tenemos poco campo de actuación, siempre hay cosas que se pueden hacer. Al final, Newton cambió la historia de la física en una cuarentena y Shakespeare escribió muchas de sus obras durante un confinamiento por una pandemia de peste. También es cierto que quedarse en el sofá y ponerse al día con «Élite» es un plan igualmente válido. Y a todo esto, ¿tú que vas a hacer?

PD: Para todas las personas que puedan estar sintiendo que esta situación les supera, les mando todo mi apoyo y me ofrezco a ayudar de la única manera que sé. Hablad conmigo todo lo que queráis, por mis redes sociales, por este blog que es tan mío como vuestro, por el Telegram de Aprendiendo GTD… De lo que queráis, de productividad, de antropología, de música, de tarot, de deporte… Es un momento de estar juntos, aunque estemos separados :). Muchísimo ánimo y cuidaos mucho.

 

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Me han dado ganas de volver al papel

Ya comentaba la semana pasada que últimamente estoy más ocupada de lo que había estado anteriormente. Al igual que mi mundo cambia, la manera en la que interacciono con mi sistema lo hace también. Tras caerme de la tabla en navidades, cambié de herramienta, después de muchísimos años usando la misma. Y hace un par de semanas, me entraron unas ganas horribles de volver al papel —la primera herramienta que yo utilicé cuando aprendí GTD—.

No pude evitar que esto me recordara a una situación, que nada tiene que ver, pero sorprendentemente es muy similar a la que viví hace un año y medio. Yo acababa de terminar el instituto, estaba empezando la universidad y todo a mi alrededor estaba cambiando. Veía menos a mis amigos de toda la vida; algunas de las personas que más unidas habían estado a mí habían desaparecido de un día para otro; había pasado de profesores que se sabían toda mi vida a profesores que no se acordaban de mi cara si me veían por los pasillos. Al final, mi instituto era pequeño, los profesores nos conocían, mis compañeros habían sido los mismos desde primaria.Todo estaba dentro de mi zona de confort.

Un día, sin venir mucho a cuento, le envié un mensaje a mi mejor amiga: «tía, mañana acompáñame a la peluquería por favor». Al día siguiente nos presentamos allí y —con una sonrisa— le dije a la peluquera «quiero raparme al 2».

No os voy a dar muchos detalles de la situación, pero os podéis imaginar el poema que fue su cara en cuanto pronuncié esa frase. Y la cara de toda la gente de mi entorno cuando —de un día para otro— pasé de llevar una melena que me llegaba a la altura del pecho a tener el pelo del mismo largo que las cejas.  

Y es que al final yo (y creo que mucha más gente), cuando siento que toda mi vida se escapa de mi control, me centro en un solo aspecto que sí puedo controlar y lo cambio. Sólo por el hecho de que así reafirmo que, en el fondo, sí que tengo las cosas controladas.

Con la herramienta que usamos en nuestro GTD al final pasa un poco lo mismo. Adquirir los hábitos de GTD cuesta, y hay veces que nos es más fácil controlar la herramienta que a nosotros mismos.

Hasta hace poco, aunque tuviera más trabajo que tiempo para hacerlo, las cosas que se habían quedado sin hacer no tenían tanta importancia. Cuando le comenté esto a mi padre su respuesta fue clara «no puedes esperar que tu GTD funcione igual, si tu situación vital se ha vuelto mucho más compleja».

Al final, por una serie de casualidades, la vida que tengo y que tendré hasta que acabe el año es algo más caótica frente a lo que estaba acostumbrada. Y no siempre es fácil acostumbrarse y recibir bien los cambios. Sí, he de confesar que he vuelto al papel. Igual que me rapé el año pasado. ¿Soluciona eso algo? Para nada, pero me hace sentir mejor 🙂

GTD es un camino y nadie te dice cómo tiene que ser el tuyo. Pero sí creo que es necesario hacer autoanálisis y ver por qué hacemos las cosas que hacemos. Cuando abandonamos GTD, ¿lo hacemos realmente porque no nos funciona o porque no estamos dispuestos a cambiar nuestros hábitos? Si cambiamos de herramienta ¿lo hacemos porque la herramienta que usábamos no funcionaba, o porque nos estábamos cayendo de la tabla sin saberlo? Cuando decimos que GTD nos aporta más estrés ¿es realmente así, o sólo nos está haciendo ver que ignoramos cosas de manera consciente en vez de qué nos exploten en la cara?

Para mí, la información nunca está de más, para bien o para mal. Y esto lo digo en un doble sentido. Usar bien GTD hace que tengamos más información y que ejecutemos, es decir, que elijamos qué hacer en cada momento sabiendo qué es lo que tiene más sentido hacer. Nos hace saber si hemos elegido bien a lo largo de la semana, cómo de alineados estamos con nuestros horizontes de enfoque… Y, por otro lado, el autoanálisis —escuchar lo que nuestras elecciones y nuestras decisiones nos dicen de quienes somos y de por qué hacemos las cosas que hacemos— también es útil, para no echar balones fuera, para saber nuestros puntos débiles, nuestros puntos fuertes…

Si te dan ganas de volver al papel, de separar tu GTD profesional del personal, o de teñirte el pelo de rubio, hazlo. Pero escucha lo que eso te dice, porque muy pocas elecciones, por irracionales que parezcan, las tomamos al azar. 

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Planificación adaptativa, también en tus rutinas

Desde que volví a empezar las clases mi vida ha sido un poco caótica. Mis horarios hacen que a veces pase 11-12h en la facultad, cada vez voy menos al gimnasio, y mi estantería se va llenando de libros a una velocidad que no concuerda con el tiempo que últimamente tengo para leer.

No me malinterpretéis, no me quejo. La vida de muchos compañeros míos de clase se parece mucho a lo que relato. Y la verdad es que tener un GTD sólido ayuda a mantenerse a flote. Pero me he visto en la necesidad últimamente de hacer algo que no había hecho nunca.

Yo siempre he sido una persona que ha huido de las rutinas. Exceptuando las clases y los compromisos con hora, tendía a ir aprovechando cada momento del día para hacer cosas distintas. Además tiene sentido, la planificación adaptativa parece contraria a hacer siempre lo mismo en el mismo orden.

Pero ahora, muchas de las cosas que tengo que hacer son compromisos con otras personas, y van con hora. Es decir, a las 8.25h mi hermana entra en el instituto, y si quiero verla un rato durante el día, tengo que acercarla en coche por las mañanas. Tengo clase a las 11h todos los días, por lo que tengo siempre dos horas muertas en las que puedo hacer cosas. Las reuniones de la red suelen ser a última hora de la tarde y casi siempre los mismos días. Imparto clases particulares de inglés dos días a la semana (los dos que no tengo clase por la tarde también). El gimnasio está abierto hasta las 22h y si quiero ver a mis padres, en mi casa se cena entre las 20.30 y las 21h.

Después de unas semanas con ese horario, me di cuenta de que los días más productivos solían ser los que estaban predefinidos previamente. Si yo cada vez que dejaba a mi hermana en el instituto, me preguntaba si volverme a casa o irme a la universidad, acababa procrastinando la decisión, dando vueltas y quitándome mucho rato de tiempo productivo.

Me pasaba lo mismo con los días que tengo clases por la tarde. Si cada día me paraba a pensar en si me compensaba irme a mi casa y volver, o quedarme, acababa no aprovechando ninguna de las dos opciones. Cuando un día me quitaban alguna clase, a lo mejor decidía quedarme durmiendo en vez de llevar a mi hermana y eso hacía que mis ciclos de sueño estuvieran manga por hombro una semana. Así que, empecé a tomar decisiones fijas.

Independientemente de que lleve a mi hermana o no, intento despertarme a la misma hora todos los días. Y estar en la universidad alrededor de las 9. Esas dos horas las aprovecho para trabajar o estudiar, igual que los días que me quedo en la universidad hasta tarde. También tengo horarios fijos de gimnasio que intento cumplir, si veo a mis amigos el fin de semana, intento no volver muy tarde y no despertarme más de una 1h-1.30h más tarde de lo habitual.

Es verdad que me siento en la obligación de decir que no planifico. Abro mi sistema cada vez que voy a ponerme a hacer cosas y decido en función de lo que tiene más sentido hacer. Y mis rutinas no son inamovibles, si surgen imprevistos (que lo hacen) si que valoro si tiene sentido cambiar algo. Pero no es la norma.

Al final, la fatiga de decisión es algo que existe. Y cuando tus días se parecen mucho, por lo menos en mi caso, no tenía sentido no tener un plan predefinido. Si no tienes que usar toda tu energía mental en decidir qué hacer, puedes utilizarla en realmente ser creativo y eficiente cuando te pones a hacer las cosas que importan.

Es básicamente lo que predica GTD, si podemos elegir en vez de decidir cada vez que nos ponemos a ejecutar, podemos utilizar toda esa energía mental en lo que sea que hagamos, alcanzando mejores resultados. A más rutina, menos sistema 2.

Por eso es tan útil aplicar la planificación adaptativa, también en tus rutinas. Porque te permite (o al menos me lo permite a mí) ser tu yo más espontáneo cuando más le puedes sacar provecho. 

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Cuando conseguí que mis amigos hablaran mi idioma

Durante mucho tiempo yo utilicé GTD en secreto. Cuando quería capturar algo, siempre usaba eufemismos; decía que me iba a apuntar algo para que no se me olvidara o —si en ese momento yo no podía— le pedía a un amigo mío que me enviara un Whatsapp con lo que me acababa de decir. 

Si hablaba de una siguiente acción, decía que tenía que dar un pasito hacia delante en un determinado tema. Si tenía muchas cosas en una bandeja de entrada, decía que tenía muchas cosas que no sabía lo que eran y tenía que detenerme a pensar sobre ellas. Además, mis amigos sabían que yo siempre tenía claro las fechas de entrega; las cosas que tenía abiertas y, sobre todo, odiaban el hecho de que no se me olvidara nunca las cosas que les pedía. 

Pero poco a poco, en los últimos años (debe de ser la edad 😉 ), me daba pereza decir más palabras para decir lo mismo. Cuando estaba pendiente de que una amiga mía hiciera algo, le decía «tía aún no te he tachado de a la espera». O cuando una amiga me pedía que hiciera algo le preguntaba «¿me lo capturas?»

Aunque al principio no entendieran a qué me refería, y tuviera que explicarles lo que significaba, poco a poco fueron interiorizando ese lenguaje que es particular de GTD. 

Los lunes por la tarde me preguntaban que si había hecho mi revisión semanal. Si les decía que no, me decían que ya nos veríamos cuando la hiciera, que si no el resto de la semana iba a estar insoportable. Y cuando yo sacaba el móvil y les empezaba a contar cosas, me preguntaban que cómo de larga era la agenda con ellos. 

Cada vez había más bromas con el tema. Si yo no hacía algo que me habían pedido, enseguida sacaban el «temita» de que me tenían a la espera, que no se les iba a olvidar. Si notaban que se me empezaban a olvidar las cosas y que estaba estresada por todo, me decían que me subiera a la tabla otra vez que estaba insoportable. Sin darme cuenta de ello, mis amigos hablaban mi idioma. Os imagináis el panorama. 

mis amigos hablan mi idioma

Entonces empecé mi formación como trainer en GTD y mis amigos —después de años aguantándome— accedieron a venir al primer curso que di de prueba. 

Pese a que no para todos fue fácil entender todos los pasos, sí que noté que no les extrañaban las cosas que suelen hacerse más difíciles. Más que aprender algo de cero, solo completaban un mapa que tenían a medio dibujar. 

Porque —al final— parte de la dificultad de GTD es enfrentarte al mundo con su nomenclatura. Una vez naturalizas y te apropias de los conceptos, y dejas de entenderlo como algo ajeno, el aprendizaje es más sencillo. 

Que un proyecto no tiene que ser un gran resultado y que no inventarte fechas suele ayudarte a bajar los niveles de estrés. Que un contexto no te limita, sino que te ayuda a decidir; y que no son demasiadas listas, sino las suficientes para no mezclar nada. 

Creo que a veces GTD «se hace bola» porque intentamos procesarlo todo de golpe. Si nos relajásemos y nos diésemos cuenta de que GTD al final es humano y nada de lo humano nos es ajeno, nos sería un poquito más fácil empezar con el primer paso. 

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#GTD4Students (IV): El contexto mochila

Ya sabéis que mi GTD siempre ha sido un «donde me pica me rasco». Cuando empecé a utilizar la metodología, reconozco que la idea de los contextos me pareció inútil para mi caso.

Tenía poco que hacer y con una simple lista era suficiente. Pero, poco a poco, la cantidad de cosas que tenía que hacer iba aumentando. Pero no sólo eso, sino que cada vez más, me causaba estrés ver cosas que tenía que hacer, pero no podía hacer en ese momento.

Por eso el contexto @Cole, el contexto @Casa y la agenda @Padres fueron apareciendo. Pero los deberes, las cosas que tenía que hacer para clase no entraban en ningún sitio. Si lo ponía en el contexto @Casa y un profesor faltaba y podía ponerme a hacer cosas tenía que mirar un contexto que no era. Si estaba en casa, pero me había dejado las cosas de clase en el coche, veía cosas que no podía hacer.

Así que le empecé a dar vueltas. Le pregunté a mi padre qué dónde ponía las cosas que podía hacer en varios sitios. Su respuesta era siempre la misma: «la circunstancia más limitante».

Después de una semana de comerme un poco la cabeza, di con la solución: contexto @mochila. Puede parecer simple, o puede parecer una obviedad, pero es cierto que no se te ocurre de primeras. Cuando mi hermana aprendió GTD, ese mismo consejo le ayudó muchísimo a la hora de aclararse.

Ahora que estoy en la facultad, también hace que todo sea mucho más simple. Dentro del propio contexto @mochila existen varias categorías: «leer», «hacer», «escribir». Ahí pongo todo lo que, independientemente de dónde esté, puedo hacer si tengo la mochila de clase. Además, con esto, me ayudo a mí misma a saber qué tipo de energía necesito para cada cosa y qué entorno me puede ayudar más.

Si estoy cansada al final del día, a lo mejor lo que más me conviene es ponerme a hacer físicamente cosas que no me requieran pensar mucho. Si tengo alta energía, pero estoy en un sitio con ruido, lo que más me conviene es ponerme a escribir y, si estoy en la biblioteca, con silencio y me acabo de tomar un café, a lo mejor es el momento de ponerme a leer esa monografía que tengo un poco olvidada.

Además, me ayuda tener separadas las cosas de ordenador de las que necesito la mochila para hacerlas. Al final, hay días que no me llevo el portátil a la universidad, y muchos otros en los que solo llevo mi ordenador conmigo. También las categorías dentro de ordenador como «online»/«offline». «leer»/«hacer» me ayudan a elegir.

No quiero decir con esto que lo que me funciona a mí y lo que me ayuda a mí tiene por qué ser lo que más os ayude a vosotros. Pero cuando aprendes GTD, nadie te da estos pequeños trucos para hacer que una cosa que parece enfocada a los profesionales, te funcione a ti también.

Por eso me encantaría que, si usáis otros contextos y me queréis compartir problemas con ellos —o hay cosas que no os encajan dentro de lo que he dicho yo— me lo dejarais en los comentarios. No sólo porque estaré más que encantada de ayudaros, sino también porque, a raíz de una conversación que tuve en los comentarios del post de los Checklists con Gonzalo, yo también me replanteé mi propio conocimiento de GTD y nunca está de más darle vueltas a las cosas de manera conjunta ; )

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A lo mejor quiero hacer un doctorado

Siendo sincera (casi siempre lo soy), este no era el post que pensaba escribir esta semana. A lo mejor ni siquiera debiera escribirlo; a lo mejor os interesa poco; o a lo mejor es un error compartir de una manera tan personal.

No sé si en algún momento he comentado lo que estudiaba. Estoy estudiando Antropología Social y Cultural. La elegí —aunque de primera opción después de selectividad— un poco de rebote. Había leído algún libro de Marvin Harris en mis años de instituto y algo había estudiado de antropología física en filosofía de bachillerato. Me estuve debatiendo mucho a lo largo de 2º de Bachillerato entre dos carreras (ninguna era Antropología) y en el último momento, en vez de escribir el Doble Grado de Filosofía y CCPP como primera opción, puse Antropología. Reconozco que no tenía muy claro de que iba. Por como funcionan las carreras en mi universidad, el primer año no me lo dejó tampoco muy claro. Pero empecé segundo, y me enamoré de lo que yo opino que es la disciplina más bonita del mundo.

Como parte del barrido mental que se hace en la Revisión Semanal, recomiendan hacerte una pregunta: ¿Hay algo que no te puedas sacar de la cabeza? ¿Hay algo que te quite el sueño? Y me di cuenta de que sí. Desde hacía unas semanas, había una palabra que no dejaba de aparecer y no dejaba de generarme ansiedad: Doctorado.

Yo siempre he sido una «ratita de biblioteca», cómo me gusta decir; una enamorada del conocimiento por el conocimiento, del conocimiento «inservible». No me malinterpretéis. La antropología (al igual que otras muchas disciplinas) te aporta herramientas tremendamente útiles y aplicables, tanto a tu vida profesional como a tu vida personal, pero creo que se entiende a lo que me refiero.

No paraba de imaginarme a mí misma cuatro años investigando una tesis inservible en todos los aspectos, excepto el hecho de todo lo que me aportaría a mí y al conocimiento en general. Una vida dedicada a la investigación y a la reproducción de conocimiento, dando clases en la universidad, leyendo todo lo que hay por leer…

Así que decidí capturarlo. Yo, que soy de pasitos pequeños, me puse un proyecto pequeñito: «Tengo información suficiente para poder plantearme el tema del doctorado». Y una siguiente acción pequeñita también: «hablar con una compañera de la carrera y preguntarle sobre el tema».

Esto ha ido desarrollándose a lo largo de esta semana; me he enterado de notas de corte, de parte de la burocracia —y digo parte porque es un proceso kafkiano del que debo conocer un cuarto solamente— y de otras muchas cosas que, ¡sorpresa!, no han calmado ni un poquito mi ansiedad.

No es un secreto que trabajo mientras estudio. Y a veces siento que eso me hace ser mediocre tanto en mi vida de estudiante como en mi vida profesional. Es complicado sentir que no le estás dedicando el tiempo que te gustaría a las cosas que son importantes para ti. Y aún más complicado no saber cómo solucionarlo o qué dejar. Siento que no le dedico el tiempo suficiente a escribir y reescribir, a leer y a releer a pensar y repensar.

Pero todo eso ha terminado convertido en una siguiente acción: «pensar y escribir posibilidades de siguientes pasos lógicos con respecto a mi vida académica y profesional». A lo mejor tengo que replantearme como estoy enfocando mi carrera. A lo mejor tengo menos prisa de la que pensaba. A lo mejor tienen sentido muchas cosas.

El punto al que quiero llegar con esto es que muchas veces tenemos fe en que GTD nos quite la ansiedad y el estrés. El poder decidir si quieres o no quieres hacer algo con cada cosa que aparece en tu cabeza, muchas veces es tan positivo como negativo. Si yo no hubiera usado GTD —por cómo soy— no tendría ahora la ansiedad que tengo, pero probablemente hubiera acabado la carrera con algunas puertas cerradas, y le habría seguido dando vueltas al tema igual. Muchas veces el saber nos aporta intranquilidad, pero la realidad es como es, no como nos gustaría que fuera. Yo podría haber metido este tema en la incubadora, pero no lo hice porque para mí en este momento era un tema relevante, un tema que merecía estar en mis listas.

A lo mejor dentro de dos años (o los que sean) cuando acabe la carrera decido que no quiero ver Antropología ni en pintura, y la idea de querer hacer un doctorado ha desaparecido; pero de momento no es el caso. Gracias a GTD, toda esta realidad que es abrumadora la descubro a poquitos y con tiempo de maniobra. GTD no es milagroso ni hace que la realidad sea distinta, y en este tipo de casos me pregunto a mí misma si hubiera sido más feliz en la ignorancia. Pero después de esta semana, con todo lo que eso conlleva, creo que saber es una necesidad en mi caso (y en el de otras muchas personas), y GTD nos permite «saber a tiempo».

Comparto esta pequeña reflexión, para que se vea que, incluso después de años de uso, es normal replantearse el sistema. Para que veáis que en GTD tiene cabida todos los inputs o temas que queramos meter. Y que, aunque siempre lo pongamos por las nubes, saber y tener control y perspectiva acerca de nuestra vida puede crearnos ansiedad, inseguridad e intranquilidad, pero que —al menos en mi opinión— siempre merece la pena. 

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#GTD4Students (III): A leer se aprende dos veces

Desde pequeña me ha encantado leer. No sólo eso, sino que desde siempre he devorado los libros. Daba igual que fuera una novela que me había dejado una amiga que la antología que nos mandaban de deberes para casa. Era tener un libro entre manos y devorarlo. 

Y al igual que yo entendía esto como normal, entendía como normal que hubiese gente que odiara la lectura. Igual que cada vez que había que dibujar algo para clase yo me acordaba de todos los antepasados del profesor, había gente que temblaba cuando la simple idea de leer algo aparecía en su cabeza. 

Pero hace un par de años entré en la universidad. Cuando estudias una carrera de ciencias sociales (igual supongo con las de humanidades) el 50% de tu día se resume en leer. Ya sea leer a Malinowski, Bourdieu o a Scheper-Hughes, poco tiene que ver con leer a Galdós, J.K Rowling o cualquier otro novelista que se os ocurra.

Me encontré procrastinando leer, preguntándole a mis amigas de la uni si conseguían entender algo del texto que habíamos leído y tardando el doble o el triple en leer de lo que solía tardar yo. 

Pero ya hablábamos de la maravilla de los checklists la semana pasada, así que eso hice. Me gustara o no, me quisiera morir o no después de acabar de leer, me pusé una acción repetitiva de leer a antropólogos, politólogos y sociólogos un poquito todos los días. Si me quedaba sin lecturas obligatorias, empezaba con las opcionales. 

Y poco a poco, según fueron pasando los meses, le fui encontrando el truquillo. Empecé a conectar con los textos. Volvía a pasarme eso de no notar que el tiempo pasaba y a enfrascarme en lecturas que nunca pensé que fueran a gustarme tanto. Y me di cuenta de que a leer se aprende dos veces.

No quiero ponerme pesada y hablar de las maravillas de la lectura, pero es que es inevitable. No sólo nos aporta vocabulario, estructura, nos ayuda a comunicarnos mejor… Sino que muchas veces nos aporta conocimiento tácito. Poco a poco se va creando una red de conocimiento y de ideas, y cada vez lo que leemos nos es menos ajeno que la primera vez que leímos.

Lo que quiero decir es que da igual que nos guste leer de manera natural o no. A leer se aprende de pequeño, pero no se deja de aprender nunca, y esto es aplicable a muchísimas habilidades, ya sea aprender a conducir, a dibujar o incluso a usar GTD. Y como estudiante, ya seas de ciencias, letras, sociales e incluso de artes, leer te da ventaja; es innegable que nos ayuda a avanzar. 

Así que eso, si no te gusta leer, hazme caso. A mi tampoco me gustaba leer ensayo o monografías hace unos meses. Utiliza tu GTD a tu favor; ponte una acción repetitiva y empieza a avanzar en la dirección en la que quieras hacerlo, porque desarrollar cualquier hábito con GTD siempre es un poquito más fácil.

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#GTD4Students (II): Los checklists

Por fin he terminado exámenes y, después de un mes bastante complicado, he pensado que era el momento perfecto para retomar la serie que empecé hace un mes.

Como estudiante, o más bien como persona humana, hay cosas que «se me hacen bola». Hay siguientes acciones que están en nuestro sistema durante semanas, hasta que nos damos cuenta de que, o hacemos ya esa acción o la fecha de entrega se nos echará encima. Esto puede pasar por muchos motivos, pero hay uno en especial que creo que es más probable que te pase si eres estudiante.

Una siguiente acción por definición es tachable. ¿Qué quiere decir eso? Que una acción tiene que ser algo que empiezas y terminas de una sentada. Entender las tareas como sub-pasos es muy práctico; te hace dividir los grandes resultados en pequeños pasitos que te ayudan a avanzar casi sin que te des cuenta.

No obstante, hay veces que las siguientes acciones no se pueden hacer más pequeñas, que el siguiente paso ya es demasiado grande en sí mismo. Esto fue una de las cosas que más me costó interiorizar cuando yo empecé a usar GTD.

Cosas como estudiar para un examen, hacer un proyecto de investigación o escribir una revisión bibliográfica, a mí se me hacían «bolísima», hasta que incorporé los checklists a mi sistema GTD.

Así, de manera muy simple, para explicaros qué es un checklist, os escribo la frase de Allen que puso Jordi en su blog hace no mucho: «cualquier lista usada como recordatorio, o para evaluar pasos opcionales, procedimientos a seguir y/o componentes de una actividad».

Aunque los checklists tienen mucha miga —y pueden servir para un montón de cosas (las cosas que llevo en la maleta; lo que tengo que hacer cuando llego a un curso; etc.— hay dos tipos de checklist que a mí, personalmente, me hicieron la vida mucho más fácil.

El primero son los checklist diarios. Los siguientes pasos que no se pueden dar «de una zancada» —y que son intachables— se pueden dividir casi siempre en acciones recurrentes que puedes hacer un rato cada día. Leerte un libro para clase puede ser una siguiente acción ingestionable, pero una acción diaria que sea «leer media hora de La celestina y tomar notas» es algo que —aunque pueda dar pereza— es mucho más llevadero. Cuando estás haciendo un proyecto de investigación, buscar toda la bibliografía de golpe no es lo mismo que buscar tres artículos sobre el tema cada día y subrayarlos. Lo mismo para un examen, un ensayo…

El segundo tipo de checklist que a mí me encantó es el de las «recetas», es decir, listas de pasos a seguir para determinados resultados. Por ejemplo, en primero de carrera, mi profesora de Ciencias Políticas nos enseñó un procedimiento para hacer Revisiones Bibliográficas. En ese momento, hice un checklist sobre los pasos a seguir, para poder revisarlos cuando tuviera que hacer otra. Cómo y dónde buscar la bibliografía; hacer una bibliografía anotada primero (cómo y para qué hacerla); qué hacer para estructurar el ensayo… Y puedo decir que en el año que ha pasado, lo he usado por lo menos dos o tres veces desde entonces.

Los checklists son un signo de madurez en tu camino para dominar GTD, y no son obligatorios. De hecho, no se entra en profundidad con ellos hasta el Nivel 2 de la formación GTD oficial, pero yo personalmente puedo decir que significaron un antes y un después en mi vida de estudiante.

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Os voy a ser sincera, me he caido de la tabla

Os voy a ser sincera: me he caido de la tabla. Pero, además, es que no sólo me he caido de la tabla, sino que estoy nadando a la deriva con la tabla sin ningún sitio a la vista. Estas navidades yo pretendía empezar con este mismo blog en inglés ¿Sabéis quién no se ha traducido ninguno de sus posts? Yo. Para que os imaginéis el panorama, tengo a la espera un email de un cliente que realmente sigue a la espera, pero porque ha habido un par de emails intercambiados en este tiempo y ahora les toca contestar a ellos. Uno de mis proyectos sigue siendo comprar el regalo de navidad a mi hermana, a 19 de enero. Cada vez que abro mis listas me da ansiedad ver que no he hecho nada de lo que me gustaría haber hecho y muy pocas de las cosas que debía hacer. Creo que, si no fuera porque las crónicas de la semana pasada las escribí muy cercanas a estas, se me habría olvidado que tenía que publicarlas.

No sé si estáis familiarizados con los horarios de los universitarios, pero por si no lo estáis, rápidamente: las asignaturas son cuatrimestrales y luego hay un mes de exámenes. ¿Qué quiere decir eso? Que estoy de exámenes ☹.

Y, aunque no lo creáis, pese a no haber hecho nada de lo que había en mis listas, he estado todas las navidades haciendo cosas; de mi casa, a la biblioteca; de la biblioteca, al gimnasio; y del gimnasio, a casa a dormir.

¿Por qué os cuento todo esto? (aparte de por quejarme un poco, que es muy terapéutico). Porque yo, que llevo usando GTD casi 10 años, que he crecido mano a mano con la metodología, me caigo de la tabla, y ya de paso me doy de bruces con el agua. Eso de no mirar tus listas antes de ejecutar porque «ya sabes lo que tienes que hacer, no hace falta que lo mires»; no aclarar tus bandejas porque «no tienes tiempo para perderlo haciendo eso»; y miles de excusas más, las usamos todos.

Y ¿sabéis qué? Que no pasa absolutamente nada. En serio, de verdad, es humano. Admiro mucho a los usuarios de GTD que, después de unos años de usar la metodología, dejan de caerse. Pero para los que no tenéis tanta suerte, tampoco os torturéis.

Primero porque tampoco es tan horrible. Es decir, os he mentido un poco, me he vuelto a subir a la tabla antes de escribir este post. ¿Qué he hecho? Pues primero un barrido mental y luego una súper gran revisión semanal. He vaciado todas mis bandejas de entrada que no podían estar más hechas un caos y he aclarado; he reescrito siguientes acciones que eran una chapuza; he quitado proyectos que ya no tenían sentido y he añadido unos cuantos que faltaban. Vamos, que he tirado del hilo hasta encontrar la tabla y me he vuelto a subir.

Segundo, porque caerte te hace valorar un poquito más lo que te aporta GTD, es decir, he perdido la sensación de que me iba a explotar algo y no sabía el qué, aunque ahora sepa todas esas cosas que sí me van a explotar. Y lo que quiero decir es que, a veces, la vida se impone entre tú y tu sistema.

Yo intento plantearlo como si estuviera intentando ponerme en forma. Vale que has tomado tarta en el cumpleaños de tu amiga, pero sigues habiendo comido sano los otros seis días de la semana ¿no? Vale que tu sistema se te ha ido de las manos, pero ¿y todos esos meses que has estado surfeando en tu tabla, disfrutando del control y la perspectiva que te aporta GTD?

Así que eso, que nadie te exige que seas perfecto, y GTD —que está preparado anticaídas— menos.  Que haberte caído de la tabla no haga que abandones GTD. Puede que un día dejes de caerte o puede que, como yo, sea una cosa que hagas un par de veces todos los años. Da igual, no te desanimes, asume la caída y súbete en cuanto te veas capaz. ¡Mucha suerte!

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