Skip to content

Sentido y Armonía Posts

Os voy a ser sincera, me he caido de la tabla

Os voy a ser sincera: me he caido de la tabla. Pero, además, es que no sólo me he caido de la tabla, sino que estoy nadando a la deriva con la tabla sin ningún sitio a la vista. Estas navidades yo pretendía empezar con este mismo blog en inglés ¿Sabéis quién no se ha traducido ninguno de sus posts? Yo. Para que os imaginéis el panorama, tengo a la espera un email de un cliente que realmente sigue a la espera, pero porque ha habido un par de emails intercambiados en este tiempo y ahora les toca contestar a ellos. Uno de mis proyectos sigue siendo comprar el regalo de navidad a mi hermana, a 19 de enero. Cada vez que abro mis listas me da ansiedad ver que no he hecho nada de lo que me gustaría haber hecho y muy pocas de las cosas que debía hacer. Creo que, si no fuera porque las crónicas de la semana pasada las escribí muy cercanas a estas, se me habría olvidado que tenía que publicarlas.

No sé si estáis familiarizados con los horarios de los universitarios, pero por si no lo estáis, rápidamente: las asignaturas son cuatrimestrales y luego hay un mes de exámenes. ¿Qué quiere decir eso? Que estoy de exámenes ☹.

Y, aunque no lo creáis, pese a no haber hecho nada de lo que había en mis listas, he estado todas las navidades haciendo cosas; de mi casa, a la biblioteca; de la biblioteca, al gimnasio; y del gimnasio, a casa a dormir.

¿Por qué os cuento todo esto? (aparte de por quejarme un poco, que es muy terapéutico). Porque yo, que llevo usando GTD casi 10 años, que he crecido mano a mano con la metodología, me caigo de la tabla, y ya de paso me doy de bruces con el agua. Eso de no mirar tus listas antes de ejecutar porque «ya sabes lo que tienes que hacer, no hace falta que lo mires»; no aclarar tus bandejas porque «no tienes tiempo para perderlo haciendo eso»; y miles de excusas más, las usamos todos.

Y ¿sabéis qué? Que no pasa absolutamente nada. En serio, de verdad, es humano. Admiro mucho a los usuarios de GTD que, después de unos años de usar la metodología, dejan de caerse. Pero para los que no tenéis tanta suerte, tampoco os torturéis.

Primero porque tampoco es tan horrible. Es decir, os he mentido un poco, me he vuelto a subir a la tabla antes de escribir este post. ¿Qué he hecho? Pues primero un barrido mental y luego una súper gran revisión semanal. He vaciado todas mis bandejas de entrada que no podían estar más hechas un caos y he aclarado; he reescrito siguientes acciones que eran una chapuza; he quitado proyectos que ya no tenían sentido y he añadido unos cuantos que faltaban. Vamos, que he tirado del hilo hasta encontrar la tabla y me he vuelto a subir.

Segundo, porque caerte te hace valorar un poquito más lo que te aporta GTD, es decir, he perdido la sensación de que me iba a explotar algo y no sabía el qué, aunque ahora sepa todas esas cosas que sí me van a explotar. Y lo que quiero decir es que, a veces, la vida se impone entre tú y tu sistema.

Yo intento plantearlo como si estuviera intentando ponerme en forma. Vale que has tomado tarta en el cumpleaños de tu amiga, pero sigues habiendo comido sano los otros seis días de la semana ¿no? Vale que tu sistema se te ha ido de las manos, pero ¿y todos esos meses que has estado surfeando en tu tabla, disfrutando del control y la perspectiva que te aporta GTD?

Así que eso, que nadie te exige que seas perfecto, y GTD —que está preparado anticaídas— menos.  Que haberte caído de la tabla no haga que abandones GTD. Puede que un día dejes de caerte o puede que, como yo, sea una cosa que hagas un par de veces todos los años. Da igual, no te desanimes, asume la caída y súbete en cuanto te veas capaz. ¡Mucha suerte!

6 Comments

XIV Jornadas OPTIMA LAB: Miedos y alegrías a partes iguales

Que no os asuste el título, lo digo con la mejor connotación posible.  Ya dije en mi post antes de Navidades que en el último año me he tenido que enfrentar a muchos dilemas distintos. Las Jornadas de septiembre me confirmaron que la decisión de formar parte de la red fue una decisión correcta. Pero aún quedaban muchas incógnitas.

Poco antes de las Jornadas, me senté con mi padre y revisamos mi compromiso con la red. Pese a que no fue una de mis conversaciones favoritas, por la posición en la que me ponía, tenía todo el sentido del mundo, como confirmé más tarde en las Jornadas. La Red crece, y crece bien. Y para que eso pase, hace falta un compromiso no solo de cantidad sino de calidad de trabajo que, siéndoos sincera, no sabía si estaba dispuesta a asumir.

Son de esas decisiones que no sabes si tienes madurez suficiente para tomar (no sé si ese sentimiento se irá en algún momento). Tengo la suerte de estudiar una carrera que me apasiona, tener unos amigos a los que adoro y unos hobbies que me llenan. ¿Y si me estaba adelantando? ¿Y si estaba intentando hacerme mayor demasiado pronto? Entonces hice un ejercicio de autorreflexión, intenté tener en cuenta los valores que me mueven, mi propósito. Sí, es cierto que hace más de una década que me senté con mi madre para encontrar mi propósito, pero hay cosas que no cambian. No os sorprenderá saber que mi valor fundamental es la armonía y que dos cosas que están (o al menos creo que siguen estando) en mi propósito son el aprendizaje y rodearme de gente que me aporta.

Al final me decidí, cargada de dudas, llena de miedos, pero decidí. Uno de esos miedos siendo que, mi familia, mi vida personal y mi trabajo tienen líneas muy poco claras, por lo que, si algo iba mal en mi vida profesional, era muy probable que distorsionara la armonía del conjunto. Y luego llegó el ejercicio que hicimos en las Jornadas para reflexionar acerca de la Declaración de Consultoría Artesana. Una de las señas de identidad artesana en concreto me marcó: «nos gusta nuestro trabajo: nuestra materia prima es el conocimiento, algo que no se genera con horario fijo o en espacios concretos (…)».

Y es cierto que muchas de esas fronteras, muchas de esas líneas, son totalmente arbitrarias. Qué más da que yo este post lo escriba en la biblioteca entre tema y tema que me tengo que estudiar para el examen de la semana que viene, de madrugada una noche de insomnio o en la oficina en horario laboral. Qué más da que la discusión con mi padre sea porque he dejado algo desordenado o porque ha puesto una reunión el día de antes de un examen.

Porque, por segunda vez ya, las Jornadas me hacen confirmar que muchas de las decisiones que he tomado hasta ahora han sido las correctas. Estas han sido unas Jornadas duras, mucho más de lo que lo fueron las primeras. Conversaciones más intensas, más trabajo, más conciencia de lo que aún queda por hacer. Y aunque han sido tres días intensos, me hubiera quedado cinco, diez o los que hubieran hecho falta. Porque como ya he dicho, mi propósito tiene mucho que ver con el aprendizaje, y creedme cuando os digo que en tres meses en la red he aprendido una manera de trabajar y una manera hacer las cosas que ya hace que me merezca la pena mi paso por aquí.

Con respecto a rodearme de gente que me aporta, qué os voy a decir. Ver a mi padre desde otro prisma, intentar dejar atrás quién es mi padre como padre y ver quién es José Miguel como persona y como profesional me permite ver cosas de su carácter que no había visto, y que admiro tremendamente. David, que es capaz de ser el mayor profesional dentro de la sala de reuniones y salir y conseguir que todo se vuelva más ameno, recordarnos lo importante que es poner el freno de mano cuando nos bajamos del coche y que muchas veces para tocar el piano sobra todo lo demás. Sergio, el más «friki» en cuanto a tecnología y de las personas más humanas que conozco, alguien que trata con cariño cada cosa que hace y cada cosa que dice. Jordi, al que, si me permitís, le voy a dar las gracias. Aunque le estoy muy agradecida a cada nodo de la red, Jordi me ha permitido aprender mucho de él, ha tenido mucha paciencia conmigo y fue el único que consiguió pillar lo gracioso que era que #pasta fuera TT en Italia. Mi madre, de la que aprendo cada día, mi cómplice dentro y fuera de la red. Y Laura, nuestra nueva incorporación. Me parece que el papel que aporta Laura a la red es inmejorable, y aunque no llevo mucho aquí, creo que nos hacía muchísima falta. Una visión optimista, cercana y tremendamente profesional. Sé que la red ha cambiado mucho de protagonistas a lo largo de los años, pero creo que ahora mismo, no podría haber una mejor combinación de roles, de personalidades, de perspectivas. Porque, como le repitió mi padre a nuestra pobre fotógrafa Iris unas mil veces, esta red se basa en lo común y lo diverso (cómo se ve en el gran vídeo que montó Iris). Y creo que somos siete personas que nada tienen que ver entre ellas, pero con unos pilares que nos construyen muy similares.

No mentiré y diré que se me ha quitado del todo el miedo, pero vengo con mucho menos desde entonces. A lo mejor me estoy adelantando, a lo mejor no llego a lo que me piden, a lo mejor me arrepiento y a lo mejor un montón de cosas más. Pero a día de hoy, no podría estar más contenta de formar parte de este proyecto, más ilusionada por lo que viene y por haber conseguido todo lo que se ha conseguido ya. Y para qué mentiros, con muchísimas ganas de que lleguen las siguientes Jornadas.

4 Comments

Gracias de una moñas muy feliz

Hoy hace justo tres meses que se publicó mi primer post en este blog. Reconozco que después de leer el post de Jordi, siento que el listón está muy alto y me da miedo que lo que diga quede pequeñito en comparación, pero haré todo lo posible por mantener el nivel, porque a mí también me gustaría, como último post de 2019, hacer un poquito de autoanálisis.

Recuerdo que, en las Jornadas de septiembre, cuando me dijeron que tenía que empezar a escribir semanalmente en un blog, solo sentí miedo. Sí, es cierto que siempre he escrito, pero sobre muchas cosas, y creedme que ninguna tenía nada que ver con la efectividad. Pensé que no iba a saber qué contar. No iba a conseguir que, en tan poquito espacio, salieran cosas decentes. Pero empecé las clases y mi profesor de Estructura Social nos mandó un trabajo un poco fuera de lo común. En una carrera en la que escribir siete páginas es lo mínimo que te piden por trabajo, nos pidió una pequeña reflexión acerca de unos datos del CIS que no tuviera más de 3000 caracteres con espacios. «Se pueden decir cosas inteligentes en 500 palabras o yo llevo haciendo el imbécil 20 años», nos dijo.

Y a lo mejor yo llevo haciendo el imbécil tres meses, aunque no lo creo. Seguro que me equivoco, un montón, y los que me acompañáis en este camino no tengáis ninguna vergüenza en decírmelo. Sé que llevo un estilo muy personal, puede que demasiado incluso. Sé que aún me quedan miles de cosas por aprender y que me quedan millones de piedras con las que tropezarme (pese a que me he caído ya mucho ;P no me malinterpretéis). Pero disfruto de lo que hago. He tenido que enfrentarme a muchos dilemas este año, sobre todo de septiembre a ahora, y seguro que por falta de madurez habré tomado decisiones erróneas, pero estoy contenta de estar donde estoy. De haber conocido gente maravillosa en el camino, de haber aprendido muchísimas cosas, de haberme sentado delante de la página en blanco cada semana y haber dicho ¿tengo algo que decir? Y sobre todo haber pensado ¿tengo algo que merezca la pena ser escuchado?

Por eso hay tantas referencias a mi vida, a la gente que conozco, porque movernos en el mundo de las ideas es fácil, pero creo que verle la utilidad y el uso real a lo que predicamos también es un buen ejercicio.

Sé que no llevo tantas horas de vuelo como mis compañeros, y confío en llegar a ser tan buena profesional un día como lo son ellos ahora (prometido que no es «peloteo» y que me pienso meter con ellos todo lo que pueda en mi siguiente post), pero sí son grandes ejemplos de los que aprender. Y me gustaría dar las gracias al azar por brindarme las oportunidades que han ido apareciendo en mi vida a lo largo de estos últimos años. De verdad que no quiero ponerme «moñas», pero poneos en mi piel. ¿Quién me iba a decir a mí que, con menos de 20 años, iba a tener a mi alcance tantas vías de aprendizaje, tantas oportunidades maravillosas y, sobre todo, alguien aparte de mi madre que quisiera leer lo que escribo y escuchar lo que digo? Por eso, quiero daros las gracias, a vosotros, los que me leéis, los que me compartís, los que habláis de mí en Telegram o Slack, los que me citáis en vuestros posts… Porque sé que todavía es un blog pequeñito, con poquita historia, de una chavala jovencilla, y eso hace que para mí tenga mucho más mérito que estéis ahí. 

Después de los 3000 caracteres, en los que espero haber dicho algo inteligente, quiero desearos a todos Felices Fiestas y Próspero Año, daros unas gracias muy grandes a todos los que me aguantais cada domingo y pediros que sigáis ahí conmigo,  porque aún me queda mucho por crecer y me gustaría hacerlo tan bien acompañada como hasta ahora.

8 Comments

Cómo disfrutar de tu revisión semanal

Vale, ahora que os he engañado y habéis empezado a leer, voy a intentar ser lo más sincera posible con respecto a este hábito clave de GTD. La Revisión Semanal cuesta. Bueno no, me corrijo, la Revisión Semanal da pereza. Y no sé si a otros usuarios de GTD les pasará como a mí, pero da igual el tiempo que lleve usando esta metodología, sigue sin darme menos «palo» hacer una revisión completa. No me malinterpretéis, luego hacerla no es tan horrible, ni es para tanto, lo peor de todo es la antelación, el sentimiento justo antes de ponerte a revisar.

No obstante, después de muchos años de procrastinar y de caerme de la tabla por ser demasiado vaga, encontré una serie de tips que me ayudaron a no dejarla para el último momento, cuando la caída de la tabla era casi inminente. Hoy me gustaría compartir alguna de esas cosas que sigo utilizando actualmente para obligarme a hacer algo que, a fin de cuentas, tiene un impacto muy positivo en mi efectividad.

  1.       Hazla offline

Cuando estamos conectados, la información es interminable y no para de llegar. Ya sean emails, notificaciones de las RRSS o llamadas que te interrumpen y que te hacen perder la concentración. Durante mucho tiempo, yo hice mis revisiones semanales en el autobús los lunes yendo a la universidad. Lo que conseguía con eso es que, al no tener conexión a Internet, de repente se hiciera mucho más fácil estar concentrada en algo que de otra forma me daba mucha pereza. Si eres alguien que viaja con regularidad, aprovecha el viaje en avión/tren para poner el contador a cero. Si no, siempre puedes imitar lo que es estar desconectado. Pon el móvil en modo avión, desconecta la wifi del ordenador y ponte a revisar tus listas.

  1.       Autoengáñate

Haz que tu Revisión Semanal no te parezca tan horrible. Vete a tu cafetería favorita y pídete el Frapuccino que más te guste y que no te sueles permitir. Hazte algo de comer que te apetezca mucho y no te lo comas hasta que no hayas hecho tu Revisión Semanal. Pon tu música favorita de fondo mientras la haces o enciende tu vela aromática preferida y resérvatela para ese momento de la semana. Al final, une la Revisión Semanal, que no te apetece, a algo que te apetezca mucho hacer para que la media salga algo más neutral.

  1.       Tampoco te autoengañes demasiado

Cualquier Revisión Semanal es mejor que ninguna Revisión Semanal. Si no te da tiempo a aclararlo todo o no revisas tu incubadora, o no llegas a darle una puesta a punto a todos tus contextos, tampoco te estreses. Es mejor hacer una Revisión Semanal incompleta que autoengañarse diciendo que no tienes tiempo suficiente como para empezar y terminar, e ir posponiéndola.

  1.       Escucha a tu sistema

Sé lo que acabáis de pensar: «menuda flipada». Pero no os adelantéis. No me refiero a nada del otro mundo. Lo que pasa es que muchas veces dejamos de hacer la Revisión Semanal cuando más la necesitamos. No sé a vosotros, pero cuando yo estoy más estresada, empiezo a Aclarar peor, lo que se traduce de manera automática en que mi sistema se hace menos accionable. Al pasar esto, dejo de Ejecutar (refiriéndome a elegir qué hacer con confianza, sabiendo que estoy haciendo lo que tengo que hacer en cada momento) y empiezo a hacer sin revisar mis listas y por lo que en mi cabeza es más «urgente». Cuando dejo de confiar en mi sistema, es un indicador claro de que necesito hacer una Revisión Semanal. Esto hace que una vez mi sistema está a punto vuelva a ser más efectiva y vuelva a ejecutar, y también hace que la próxima Revisión Semanal me dé menos pereza, porque veo su valor añadido de manera muy inmediata.

  1.       Sé fiel a tus necesidades

Esto va muy ligado al consejo anterior. A lo mejor hay temporadas en las que te puedes permitir hacer la revisión cada 10 días, y otras en las que no hay por dónde coger tu sistema después de solo 5 días. Yo me di cuenta de que, si dejaba las acciones tachadas en vez de borrarlas de mi sistema, era más probable que hiciera mi Revisión Semanal, porque me dejaba de ser cómodo revisar mis listas. Que, en temporadas de estrés, necesitaba hacer más Revisiones Semanales que en las temporadas en las que estaba más relajada. También es posible, que seas una persona de rutinas y que te ayude hacerla siempre el mismo día a la misma hora. Fíjate en tus niveles de energía. A lo mejor no es lo más fácil hacerla cuando tienes bajos niveles de energía, o al revés, te parece más útil no malgastar tus picos de energía en hacer una Revisión Semanal.

Al final la Revisión Semanal es una de esas cosas que compensa con creces la pereza que da, y de hecho se nota mucho cuando dejas de hacerla. Cada uno sabe qué le ayuda y qué le complica el ser constante con los hábitos.  Yo te doy algunas ideas, pero al final tú eres quien mejor se conoce y esto no es más que ensayo y error.

Leave a Comment

#GTD4Students (I) : Lo que me hubiera gustado saber

Cómo ya he mencionado en ocasiones, yo aprendí GTD cuando era muy pequeña, por lo que, hasta hace poco, mi GTD no estaba enfocado a una vida profesional sino a una vida de estudiante.

Cuando yo empecé a utilizarlo, en una de esas caídas de tabla, me convencí a mí misma de que esto no funcionaba porque GTD con eso de ser estudiante no acababa de empastar, pero después de mucho pelearme con mi sistema, me di cuenta de que el problema era mío, no de GTD.

Por eso me gustaría abrir hoy una serie en el blog que vaya de eso mismo, de usar GTD mientras eres estudiante. No solo porque creo que es importante que la gente joven se familiarice con esto, que GTD empiece a sonar en las universidades, en los institutos; que esa gente que luego llegará lejos ya sepa cómo gestionar sus inputs de una manera más efectiva. Sino porque creo que, cada vez más, es necesario no dejar de ser estudiante nunca. En un ambiente de constante cambio, el estar en aprendizaje constante es cada vez más importante, y todos podemos volver a ser estudiantes en un determinado momento.

Ya cuando estaba yo en la ESO nos empezaron a hablar de cómo había que organizarse si querías rendir bien académicamente. Lo primero de lo que hablaban es de que nos fuéramos olvidando de las actividades extraescolares. Que hiciéramos un planning de estudio y nos desglosaramos los temas que entraban en los exámenes para estudiar un poquito cada día. Que no dejaramos todo para el último momento. Que nos clasificáramos las tareas por importante y urgente…

Y yo veía a la gente de mi alrededor frustrada porque ese planning a diez días que había hecho para estudiarse los 10 temas de historia se iban pasando y ellos seguían atascados en el epígrafe 1.5 dos días antes del examen.

Pero ya hemos comprobado casi todos que los métodos de organización al uso no nos hacen procrastinar menos, ni cerrar los temas antes, ni tener mejores resultados. Por eso GTD debería sonar en los institutos, de manera correcta y no por lo que se ha oído en un programa de radio ni dos o tres pinceladas que va a hacer que la gente se vuelva escéptica con la metodología.

GTD es polifacético, y necesita ir cambiando según va cambiando tu vida, que vaya creciendo contigo, e igual que tu sistema no se mantiene idéntico según vas cambiando de puesto de trabajo, tampoco se mantiene idéntico cuando eres estudiante.

En esta serie hablaré de la importancia de los checklists, de la importancia de las listas y de cuales usar, de no tener herramientas que no te son útiles solo porque son super chulas, de no creerte más listo que tu sistema, de como transicionar de un sistema puramente académico a uno profesional y de varios problemas más a los que me he ido enfrentando a lo largo de mi camino con GTD.

Enfoco esta serie de esta manera porque es lo que conozco y con lo que me siento cómoda, pero nada de esto es exclusivo para estudiantes; cualquier persona necesita tener estos fundamentos claros en su implementación de GTD. Por ello, espero que os sea útil y que, aunque haga mucho que no pisáis un aula, os sirva de algo las peleas que mi yo rebelde de 13 años tuvo a la hora de implementar un sistema que a día de hoy forma parte de mi.

8 Comments

Más GTD del que crees, pero menos del que piensas

El otro día, estaba dando una clase de conducir con otro chico y, mientras él conducía, mi profe me hablaba de una peli que no me podía perder. Cuando la busqué en Google me dijo, «hazle un pantallazo y luego la ves; en serio, tienes que verla». 

Eso es un hábito de GTD. Mi profesor estaba pidiéndome que lo capturase sin siquiera saber que eso se podía hacer. No quería que se me olvidara y sabía perfectamente que si no hacía algo con ello, en ese preciso momento, cuando acabara la clase se me habría olvidado. Por eso me pidió que hiciera algo para evitarlo. 

En nuestro día a día usamos herramientas de GTD sin saberlo, sin darnos cuenta. Por eso cuando leemos el libro de David Allen, todo nos suena familiar. «Esto no es tan distinto de lo que hago yo ya». Y eso es muy bueno y muy malo

Es malo porque nos da una falsa confianza de que tampoco tenemos que cambiar tantas cosas. De que el impacto de GTD no va a ser tan grande. Malo porque nos hace pensar que ya lo hacemos bien, que solo hay que matizar lo que ya tenemos. Y eso no es cierto. 

GTD es una manera radicalmente distinta de trabajar. No estamos acostumbrados a muchas de las cosas que son la columna vertebral de la metodología. Está muy bien que yo haga ese pantallazo, pero, ¿y si se queda en la galería hasta que se «muera» el móvil? ¿Qué ganamos con eso? Lo que esperaba mi profesor es que yo me acordara de que me había recomendado una película y fuese a mirar cual a mi galería, no que tomase una decisión más adelante. 

Separar la captura del aclarado y sobre todo el aclarar del hacer es, en mi opinión, de lo que más te aporta GTD. Si no vamos con la mente abierta, y pensamos que GTD es muy parecido a lo que ya hacemos, nos perdemos muchísimos matices que son esenciales para que esto funcione. 

Por otro lado, tener todos estos hábitos ya interiorizados es una gran ventaja a la hora de aprender GTD. Tener una lista de tareas que revisamos con regularidad; apuntar las cosas cuando nos llaman la atención; usar un calendario en el que solo ponemos fechas reales… Todo eso, nos está allanando el camino.

Pero GTD no sería lo que es si no conllevara una ruptura con lo que conocemos, con lo que nos sentimos cómodos. Cuando aprendas GTD, haz autoanálisis. ¿Qué llevas en tu mochila? ¿Qué de eso te sirve y qué deberías tirar? Es un proceso incómodo, porque hay que poner en cuestión determinados hábitos y creencias y eso no nos gusta, pero si te rindes porque te parece demasiado cercano, o demasiado lejano, te estás perdiendo algo que podría marcar una gran diferencia en tu vida. 

Ni subestimes ni sobreestimes GTD, pruébalo como es, y verás que ni es tan distinto, ni tan familiar como parece en un inicio.

Leave a Comment

Tu GTD es solo tuyo

En línea con el post de la semana pasada, no le tienes que dar explicaciones a nadie sobre lo que está en tu sistema. Me explico, porque es relativamente fácil malinterpretar la frase que acabo de decir.

Cuando empiezas a usar GTD y eres inexperto, es fácil que un cambio en la metodología, que a ti te parece inocuo, te lleve directo al «infierno de GTD», pero tener un sistema que sea «tuyo» te puede hacer mucho más fácil su implementación.

Cuando digo que tu GTD es solo tuyo, lo hago teniendo muy en cuenta una anécdota que nos contó Todd en el curso de certificación que hice en Londres a principios de año. Contaba que una vez le estaba haciendo un programa de Coaching GTD a una actriz y que, cuando llegaron al tema de los contextos, ella le preguntó que si podía cambiarle el nombre a éstos por algo que le pareciera más familiar.

Mientras «montaban» su sistema, sustituyó el nombre típico del contexto por nombres de películas. El contexto «@oficina» se convirtió en el contexto «@Nine to Five» y «@casa» pasó a ser «@ET».

Muchas veces aprender GTD nos es ajeno, y se nos hace frustrante. Porque es necesario interiorizar muchos hábitos nuevos que nos resultan extraños. Hacer pequeños cambios que nos hagan sentir más seguros o familiares con nuestro sistema no sólo no es algo negativo, sino que nos puede ayudar a no «caernos de la tabla» cuando estamos empezando.

Yo nunca he sido especialmente creativa con el nombre de mis contextos, pero sí lo he sido mucho con las siguientes acciones o con los recordatorios de mi calendario. Sacado tal cual de mi sistema (bueno no tal cual, he censurado las «palabrotas») yo tengo una acción en el calendario todos los lunes llamada: «REVISIÓN SEMANAL NO TE LA SALTES». Una lista «Algún día / Tal vez» llamada «Cuando tenga coche voy a ser la *****» y otra «Compritas que ambas sabemos que queremos hacer».

En cuanto a las acciones, o a los nombres de proyectos, es más de lo mismo. Puede ser desde un proyecto llamado «He conseguido que el c**** de mi profesor me ponga el 10 que merezco» o una siguiente acción que se llame «encontrar y comprar una novela que llene el vacío que x libro ha dejado en mi vida».

Si os fijáis, pese a que dicen mucho sobre lo poco en serio que me tomo determinadas cosas, sigo usando el formato GTD. La acción de calendario sigue siendo una cosa que necesita hacerse en un día en concreto; el nombre del proyecto sigue expresando un resultado deseado y mi siguiente acción es física, visible e imposible de procrastinar.

GTD es artesano y, aunque es muy importante respetar la metodología, puede ser todo lo tuyo que quieras hacerlo

Leave a Comment

Que no te dé vergüenza capturar

Cualquiera que haya tratado conmigo de cerca sabe que soy una gran fan de Almodóvar. Raro es que no acabe citando una de las frases de sus películas cuando algo me recuerda a ello. Viendo «Dolor y Gloria», una frase me llamó especialmente la atención: «Lo escribí para olvidarme de su contenido, pero no quiero hablar de ello». Aparte de que es un «peliculón» y de que todo el mundo debería verla, esa frase me recordó uno de los grandes problemas a los que me enfrenté yo cuando empecé a usar GTD.

Ya lo he dicho antes, en algún que otro post, pero yo soy una persona que se mueve mucho en el mundo de las ideas. Eso quiere decir que, de manera constante, hay miles de cosas que me llaman la atención y se me ocurren millones de cosas que quiero hacer, que me gustaría probar o que tengo el sueño de experimentar. Supongo que es algo que le pasará a mucha gente.

Al principio, ese tipo de ideas no las capturaba. Uno de los grandes obstáculos que me he puesto a mí misma en el camino para dominar GTD, y probablemente haya más de un post sobre este tema, es la culpabilidad. La culpabilidad a la hora de capturar hacía que cosas que claramente eran imposibles, inalcanzables, no fueran «dignas» de sacarlas de mi cabeza.

Y el problema es que, cuando algo no sale de tu cabeza, sigue haciendo ruido.

Muchas veces se nos ocurren ideas absurdas o tenemos ganas de hacer cosas que nos parece obvio que no vamos a hacer. A lo mejor tiene que ver con que sigo siendo una niña grande, pero cada dos por tres se me ocurre un nuevo idioma que quiero aprender, la idea para una novela que quiero escribir o un nuevo deporte que quiero perfeccionar.

Y es importante tener claro que capturar algo, no nos obliga a hacer algo con ello. Ni siquiera nos obliga a decidir sobre si vamos o no vamos a hacer algo si no queremos. Siempre se pueden meter las cosas a la incubadora. No hay nada más personal ni más privado que una lista «Algún día/Tal vez». No tienes que querer hacer todo lo que capturas. Pero permítete ser un poco creativo. Salir un poco de tu zona de confort, al menos a la hora de capturar.

Siendo realistas, el noventa por ciento de las cosas que tengo yo en mi incubadora no se harán realidad nunca, pero ¿qué daño hace saber que están ahí, que ese sueño que tuve hace cuatro años de hacer una ruta por el Amazonas sigue en mi sistema, que no lo he perdido de vista y que, si algún día tengo los recursos (y la valentía) de hacerlo, no se me va a pasar por alto?

La mayoría de la gente de mi entorno (y me incluyo) tiene el foco muy puesto en el hoy, o en el futuro cercano, pero es imposible saber lo que va a pasar en un futuro. No tienes por qué querer hacer todo lo que está en tu incubadora, ni tienes que darle explicaciones a nadie sobre lo que está en tu sistema.

Si hay dos conclusiones en este post es que todo lo que está en tu cabeza y no en tu sistema molesta, y hace ruido. Y que no nos dé vergüenza ser un poco infantiles, un poco utópicos y un poco idealistas a la hora de capturar, que no hace daño a nadie. 

Leave a Comment

Dale importancia a lo que ya te dices

Pese a riesgo de sonar intensa, creo que nuestro cuerpo y nuestra mente están lanzándonos mensajes de manera continua, alertándonos de lo que pasa con nosotros y a nuestro alrededor. ¿A qué me refiero con esto? A que cuando estamos más irritables, dormimos peor, tenemos taquicardia, se nos olvidan las cosas… A lo mejor estamos pasando por una temporada de estrés. Y al revés, cuando te levantas de la cama en cuanto suena la primera alarma, tarareas por los pasillos de tu casa y tienes más paciencia con tu entorno, puede que estés haciendo algo bien.

Muchos pensaréis que esto es obvio, que no hace falta ser un genio para atar cabos. Pero por ejemplo en mi caso, desde que soy pequeña mis padres se han reído porque decían que yo era una mente a la que le había tocado ser acompañada de un cuerpo contra su voluntad. Eso qué causa; que yo me vaya dando golpes con las cosas y no me dé cuenta; que me tiemblen las manos, me cueste coger aire y no sepa qué me pasa. El no escuchar hace que lo que mi cuerpo me dice, la información que está intentando transmitir, se quede por el camino.

Y eso pasa factura, ya no digo a nivel de salud, de ánimo o en nuestras relaciones interpersonales. También pasa factura a la hora de hacer nuestro trabajo.  Cuando estamos trabajando y no estamos teniendo una experiencia productiva, es mejor dejarlo. Si estás en un hoyo, deja de cavar. Mira qué estás haciendo e intenta no repetirlo la próxima vez. El no escucharnos cuando sí estamos teniendo una experiencia productiva también es negativo, porque nos será más difícil saber qué estamos haciendo bien y cómo repetir esa experiencia en un futuro.

Es muy fácil caer en la desconexión con nuestro cuerpo, hasta es más cómodo muchas veces, pero dejar de escuchar no quiere decir que nuestro cuerpo nos deje de hablar. En el curso de GTD hay una dinámica a la que, por este mismo motivo, yo nunca le había dado mucha importancia, siempre me había parecido bastante irrelevante. Consiste en identificar qué mensajes nos mandamos a nosotros mismos, nos está mandando nuestro cuerpo o nuestro entorno cuando estamos teniendo una experiencia productiva y cuando no la estamos teniendo. Pero el otro día, hablando con Jordi sobre esto mismo, dijo una frase que me llamó mucho la atención y, por fin, después de mucho tiempo, le vi el valor a la dinámica. «En esta dinámica lo que intentas es darle valor a lo que ya te dices».

Para una persona como yo, que no solo no le da importancia, sino que ignora de la manera más absoluta lo que me dice el cuerpo, esto choca. Pero si le das vueltas, si te empiezas a fijar, te das cuenta de que las señales están ahí. Cuando llevas semanas con insomnio y de repente consigues tomar esa decisión que estabas procrastinando, duermes bien. Cuando tienes por fin claro cual es el siguiente paso en ese gran proyecto, dejas de tener taquicardia. Cuando haces deporte, contestas con más benevolencia a ese chaval que se ha chocado contigo por la calle. La productividad personal tiene una parte enorme de conocerse a uno mismo. Saber cuáles son tus puntos débiles y tus puntos fuertes. A qué hora tenemos más energía. Qué cosas hacen que nos volvamos totalmente inútiles a la hora de trabajar. Qué nos hace más productivos. Cuántos temas podemos llevar encima sin derrumbarnos…

Si no te escuchas, no te conoces. Si no te conoces, avanzar en tu camino con GTD, en tu productividad personal e incluso en tu vida en general se hace mucho más cuesta arriba, no sólo porque no tienes ninguna estrategia para dejar de tropezarte con la misma piedra sino porque no sabes cuando algo particular que has hecho ha supuesto un gran cambio a mejor en tu rendimiento. 

Leave a Comment

Siempre hay cosas que se pueden hacer

Hay días en los que tenemos la cabeza en otra parte, nuestro Sistema 1 ha tomado el control de la situación. Ya sea porque estamos demasiado agobiados con nuestras responsabilidades o por temas en nuestra vida personal que no nos dejan pensar en otra cosa, simplemente hay días en los que enfrentarse a un inbox lleno o hacer esa tarea que lleva meses en nuestras listas se nos hace demasiado cuesta arriba.

Pero si usamos GTD, en nuestros contextos siempre hay cosas aclaradas, cosas en las que no necesitamos tener nuestro Sistema 2 en su mejor momento para hacerlas bien. Es una conversación que se repite de manera muy habitual. Con mis amigos universitarios si no tengo esta conversación tres veces por semana, no la tengo ninguna.

«Jo, tengo mazo cosas que hacer y no me he puesto a hacer nada, siento que no tengo claro por dónde empezar en ningún sitio, llevo todo el día mareando cosas». Tenemos derecho a tener días grises, días en los que forzarnos a pensar en ese ensayo que nos han pedido o esa presentación que tenemos que hacer es simplemente imposible.

Si tienes uno de esos días, abre tus listas. A lo mejor leer esa monografía de Bourdieu que has empezado siete veces y sigues sin entender deberías dejarla para otro día, pero sí que puedes pasar esos apuntes con música de fondo y un café calentito. Puedes empezar a buscar bibliografía útil para esa presentación que tienes que hacer el mes que viene, puedes hacer tareas chiquititas, que ya están pensadas con antelación y elegir de tus listas.

Puedes ir a tus contextos y buscar tareas de baja energía. En mi contexto «mochila» yo tengo dos sublistas definidas «leer» y «hacer». A lo mejor el día que he dormido peor o tengo la cabeza en otra parte, prefiero ir a la lista de «hacer» e ir tachando cosas.

Y eso es lo bueno de tachar, que una vez vas tachando, una vez te vas sintiendo más productivo, tu Sistema 2 va ganándole terreno a tu Sistema 1, que pensaba que iba a estar mandando lo que quedaba de día. Según tu energía sube, te puedes ir enfrentando a tareas más complejas, a cosas que te abruman más, sin sentir que has perdido el día no haciendo nada. Lo importante es empezar, es superar esa pereza o ese miedo de ver todo lo que tienes que hacer y no te sientes preparado para hacerlo

Hay veces que incluso hacer una revisión semanal, a poquitos, en tu cafetería preferida, con el murmullo de fondo, es de lo único de lo que te sientes capaz. Vale, no estás en tu mejor momento, pero procrastinar absolutamente todas tus tareas y sentir que ha sido un día inútil solo va a hacer que esa bola de estrés o de desánimo se haga más grande.

Es cierto que todos necesitamos días de descanso, y eso no está mal, pero hay veces que la vida sigue y dejarte un día de descanso es simplemente algo que no se contempla. En esos días, abre tus listas, no hace falta ni que aclares si no te ves capaz de aclarar bien, pero empieza con la tarea más pequeña, ponte a trabajar y el resto de las cosas irán saliendo.

Puede que por las circunstancias, lo que te toque hacer, sea leerte esa revista sobre ese tema que tanto te interesa y que llevas posponiendo semanas porque no es algo que te parezca importante, o buscar el regalo de aniversario de tu pareja que lleva en tu contexto más de dos meses. Los pasitos, aunque sean pequeños, son pasitos y nos dejan avanzar, y esa sensación de que estamos avanzando va haciendo más pequeñita esa nube gris que tenemos en la cabeza y al final del día puedes apagar el ordenador y decirte a ti mismo «hoy no ha sido un día perdido».

Leave a Comment